Cuando en 2003 iniciamos la aventura de tener un museo submarino, el puerto se veía lejano, los escollos eran múltiples y, desgraciadamente, muchos de ellos provenían del mismo Estado, de la falta de confianza de parte de algunos sectores puntuales de la ciudadanía, y de la incredulidad de otros tantos que no nos creían capaces de semejante empresa.
Cuando en 2003 iniciamos la aventura de tener un museo submarino, el puerto se veía lejano, los escollos eran múltiples y, desgraciadamente, muchos de ellos provenían del mismo Estado, de la falta de confianza de parte de algunos sectores puntuales de la ciudadanía, y de la incredulidad de otros tantos que no nos creían capaces de semejante empresa.
Y es que experiencias de museos submarinos en el mundo son pocas. En el agua dulce, contables con menos de los dedos de una sola mano.
Aún así, y venciendo enormes dificultades técnicas, hoy el navío, uno de los pocos aún a flote de la clase Oberon, descansa en nuestra Avenida Costanera, para el deleite de la familia valdiviana y de los turistas que, de forma creciente, quieren conocer esta pieza de nuestra historia naval y de la ingeniería contemporánea.
Pero la tarea está aún lejos de concluir. El terremoto del 27 de febrero nos obligó a aminorar la marcha para atender otros requerimientos más urgentes, entre ellos la recuperación de la Avenida Costanera y del Muelle Schuster.
Por eso, ahora que estamos iniciando obras en ambos casos, es también el momento de retomar, con más brío que antes, nuestro inédito proyecto museológico, al alero de nuestra Corporación Cultural Municipal (CCM), en quien ha recaído su gestión en lo sucesivo.
Hemos reabierto también las escotillas, para que la comunidad conozca esta joya de la ingeniería de posguerra, y a través de la experiencia reponer el valor de nuestra relación con la vida de mar.
Será tarea urgente en los próximos meses cerrar el proyecto de intervención sobre tierra, aprovechando la oportunidad de prolongar nuestro paseo aguas abajo.
También, de seguir encantando nuevos aliados dispuestos a completar el financiamiento necesario que nos permita no sólo tener otro de los pocos museos submarinos en el mundo, sino para elaborar el mejor proyecto de entre todos ellos.
Sólo así, con trabajo, constancia, perseverancia, con voluntades y una cuota sana de ambición, seguimos atrayendo a Valdivia lo mejor de lo mejor para el beneficio de la familia valdiviana, y para el desarrollo cultural, patrimonial y turístico de la ciudad más linda y única navegable de Chile. Los esperamos a bordo.
Bernardo Berger Fett, Alcalde de Valdivia.
13/09/10
LA NACION – CHILE
