Pasaron las PASO y ahora vienen las elecciones legislativas de octubre. Sin embargo, nada ha cambiado para el medioambiente, que estuvo prácticamente ausente de la agenda política.
Pasaron las PASO y ahora vienen las elecciones legislativas de octubre. Sin embargo, nada ha cambiado para el medioambiente, que estuvo prácticamente ausente de la agenda política.
De acuerdo a Medio y Medio, un solo elemento rompió la monotonía del silencio ambiental a la que estamos acostumbrados: la aparición de un precandidato a diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires, Enrique Viale, que se autodefinió como eco-diputado y expuso un discurso que ubicó la política ambiental –o más bien su ausencia- en el nudo de los conflictos sociales.
Viale, presidente de la Asociación de Abogados Ambientalistas, demostró con su sola presencia que los temas sobre los que se habla permanentemente (minería, sojización, shale gas, Vaca Muerta, boom inmobiliario, Riachuelo, basura) desaparecen en el momento de una campaña electoral.
Curiosamente, ni siquiera Sergio Massa, quien había logrado una interesante postura distante del Ceamse en relación al conflicto de la basura entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires, tuvo el tino de postular ese tema como un elemento que lo diferenciara de sus adversarios.
Más aún, en medio de la campaña, el candidato oficialista porteño Juan Cabandié pretendió usar arteramente un informe antiguo y escasamente académico para vincular la aparición de peces con la supuesta marcha exitosa del saneamiento del Riachuelo a cargo del gobierno nacional. Debió retractarse, pero salvo las ONGs y los diarios parados en la vereda de enfrente al kirchnerismo, ninguna fuerza política pudo confrontar con solvencia y exponer un plan de saneamiento que no sea el mamarracho que ejecuta Juan José Mussi.
Tan poco nodular resulta la cuestión ambiental electoralmente hablando que así como se puso énfasis en demoler la figura controvertida del secretario de Comercio Guillermo Moreno, se obvió la sencilla tarea de pedir la cabeza de Mussi, factótum contemporáneo del aplazo más grande que se lleva el kirchnerismo tras su década al frente del gobierno nacional.
El país, desde el punto de vista ambiental, está mucho peor que hace diez años. La mayor parte de las decisiones adoptadas en materia de rumbo productivo y de infraestructura contemplaron lo ambiental apenas como un escollo a saltear y un certificado a presentar.
La clase dirigente no estuvo a la altura de ningún debate profundo y de mediano plazo, como pudiera ser respecto de la matriz energética (se sigue endiosando al petróleo como combustible del desarrollo) o la diversificación de la producción agraria.
Era previsible que semejante orfandad, que demuestra que se integra lo ambiental al discurso únicamente porque la era lo impone y la sociedad lo considera políticamente correcto, se verificara en una campaña electoral. Y que no desentonara con la pobreza conceptual previa.
12/08/13
ECO2SITE
