El drama del “Kursk” persigue a Putin (Rusia)

La versión oficial del hundimiento del submarino hace una década no convence.

La versión oficial del hundimiento del submarino hace una década no convence.

El submarino nuclear cazaportaviones K-141 «Kursk», orgullo de la Armada rusa desde su botadura en 1994 y uno de los navíos de guerra más sofisticados de su tiempo, acabó sus días bajo el gélido mar de Barents el 12 de agosto de 2000. Iba armado con 24 misiles de crucero «Granit» y una decena de torpedos. Estaba bajo el mando del capitán Guennadi Liachin y arrastró en su naufragio a los 118 miembros de la tripulación, algunos de los cuales tuvieron una agonía lenta y angustiosa.

El trágico accidente puso de manifiesto que, pese a contar con un poderoso armamento, las Fuerzas Armadas se encontraban en un estado lamentable por la falta de presupuesto. Hoy sigue habiendo mandos de la Marina rusa que creen que el «Kursk» fue hundido por el sumergible norteamericano «Memphis».

Estiman que aquello fue una «advertencia» de EE.UU. para que Rusia no vendiera a China torpedos «Shkval», los más rápidos que existían entonces. Dicen también que aquel día el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear. Todo eso está en el libro del historiador y capitán de la Marina rusa, Vitali Dotsenko, titulado “¿Quién mató al Kursk?”. Putin extrajo dos conclusiones: que tenía que modernizar sus ejércitos, todavía pendiente, y que la libertad de prensa es un temible enemigo para los estados opacos.

Las maniobras de la Flota del Norte en el mar de Barents era el mayor operativo naval desplegado por Rusia desde la desintegración de la URSS. El objetivo era probar los «Shkval», tras su última mejora, engatusar a la Marina china para que lo comprara y, de paso, mostrar una vez más los dientes a EE.UU.

Pero, a las 11.28, fue percibida una explosión en las profundidades. Dos minutos y medio después hubo otra más fuerte. Se perdió el contacto por radio con el «Kursk».

No se emitió ningún comunicado y, ese día, Putin comenzó sus vacaciones en el balneario de Sochi (mar Negro). Las primeras informaciones aparecieron el lunes 14 y se mintió al decir que el hundimiento tuvo lugar el domingo. Hubo también engaño cuando se dijo que no había armas atómicas. Tras desguazar el submarino, año y medio más tarde, se reconoció que algunos misiles «Granit» llevaban carga nuclear.

Alguien había quedado con vida porque se escuchaban golpes en el casco del submarino en la zona de popa, en donde se encuentra una de las escotillas de salvamento. La Marina rusa llevó a cabo siete intentos fallidos con sus batiscafos de abrir la escotilla y extraer a los supervivientes. Pero sí vieron que el «Kursk» tenía completamente destrozada la proa, en donde se alojan los torpedos, y una gran grieta longitudinal.

Los desperfectos convencieron a la cúpula de la Marina rusa de que el «Kursk» colisionó con otro submarino sin descartar incluso que hubiera podido ser atacado.

Dotsenko sostiene que fue alcanzado por un torpedo norteamericano Mark-48. La versión oficial final fue que la inflamación fortuita del combustible de un torpedo provocó una reacción en cadena e hizo que estallaran los demás torpedos en la proa.

Putin, que seguía de vacaciones, se rindió a la evidencia y aceptó la ayuda internacional cinco días después, cuando habían cesado ya los golpes en el casco.

Llegaron los dos navíos noruegos de salvamento, el «Normand Pioneer» y el «Seaway Eagle», con el batiscafo británico «LR5» y un equipo de buceadores. Ellos sí pudieron abrir la escotilla, pero para constatar la triste noticia de que no había quedado nadie con vida. Putin acudió a Vidiáyevo y mantuvo una tormentosa reunión con los familiares de la tripulación, que puso al descubierto sus precarias condiciones de vida.

En octubre de 2000 pudieron recuperarse los primeros doce cadáveres. En dos de ellos fueron encontradas notas escritas a ciegas antes de morir. Uno de los autores, el teniente de navío Dmitri Kolésnikov, contaba que el personal de los compartimientos 6,7 y 8 se reunió en el 9, el último de popa. En total 23 personas. Un año después se reflotó el navío, salvo la proa que fue aserrada y volada con explosivos. Se sacaron todos los cuerpos, las bombas nucleares y los dos reactores. El resto fue desguazado.
Por Rafael M. Mañueco

15/08/10
ABC.ES

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