El Poder Legislativo Nacional recobró protagonismo después del 28 de junio, mientras el gobierno busca imponer sus iniciativas antes de que cambie la composición de las cámaras.
El Poder Legislativo Nacional recobró protagonismo después del 28 de junio, mientras el gobierno busca imponer sus iniciativas antes de que cambie la composición de las cámaras.
Encendidos debates sobre la delegación de facultades al Ejecutivo. La cuestión impositiva y de retenciones domina la escena.
Si bien pareciera que en la agenda política sólo aparece el campo como eje productivo del país, cabe señalar que el Congreso Nacional tiene la llave para recomponer la situación del sector pesquero. Varias de las medidas que permitirían recuperar la competitividad a la pesca argentina forman parte hoy de proyectos que duermen en ambas cámaras.
La excesiva presión fiscal que actualmente pesa sobre la industria pesquera ha provocado que las empresas no puedan ser competitivas en el cada vez más exigente mercado internacional.
Mientras solamente se habla de las retenciones al campo, la pesca sigue pagando altísimos derechos de exportación que hoy no tienen razón de ser, ya que fueron creados para mejorar la recaudación de la caja nacional tras la crisis del 2001, y ya se han superado largamente los costos en dólares después de la devaluación.
Las retenciones a las exportaciones han tenido como objetivo principal gravar las rentas extraordinarias derivadas de la explotación de recursos naturales, y sobre la base de esa lógica recaudatoria, hoy resulta poco entendible que se mantengan para el sector pesquero que muestra balances en rojo, empresas concursadas y otras que ya han bajado sus persianas.
No es menos cierto que la pesca como sector ha sido incapaz de instalar este tema en el debate público, las empresas están atomizadas en numerosas cámaras, cada una mirándose el ombligo y con espasmódicas reacciones, pero sin signos de madurez que las lleve a cimentar un sólido planteo ante la Nación. Si bien todas estas entidades empresarias coinciden en la necesidad de derogar, o al menos suspender los derechos de exportación nunca han podido sumar posiciones, mostrarse juntas y con un discurso unificado.
La debilidad es tal, que hoy, la eliminación de las retenciones a las exportaciones pesqueras está lejísimo de tan siquiera formar parte de la agenda política.
Desequilibrios
En tanto, desde la Patagonia se sigue reclamando por la reinstauración del régimen de reembolsos a las exportaciones, o un sistema de compensaciones por asimetrías regionales. Proyectos abundan, al punto casi del ridículo: por Chubut hay dos senadores del oficialismo, y ambos han presentado sus iniciativas pero por separado.
En el sur argentino se paga un 20 por ciento por zona desfavorable en los salarios, lo que ya significa un costo adicional respecto de las pesqueras radicadas en Mar del Plata. Despachar un contenedor desde aquí cuesta el doble que desde Buenos Aires.
Estos beneficios reclamados apenas servirían para equilibrar los mayores costos que significa producir en la región patagónica, y no para aumentar la rentabilidad de las empresas.
Desde los discursos se sigue promoviendo el mayor valor agregado a los productos, pero eso se logra con incentivos y medidas que pongan a las pesqueras en condiciones de poder competir.
En poco tiempo se abrirá el debate sobre el Presupuesto Nacional 2010, y la posibilidad de implementar un sistema de aliento a las exportaciones pesqueras deberá necesariamente ser previsto en la “ley de leyes”. Entonces, los próximos meses serán claves para ver la evolución de estas iniciativas y el poder de negociación que tengan los representantes provinciales en el Congreso.
Inversiones en peligro
Con todo, a nadie escapa el actual escenario político, y las cada vez más ásperas fricciones que se observan entre el gobierno de Chubut y el kirchnerismo, lo que hace visualizar fuertes nubarrones en el pronóstico de que estas medidas puedan ver la luz.
Todas estas situaciones configuran un panorama difícil para la pesca, y las medidas que podrían poner un bálsamo a la crisis no parecen estar muy cercanas.
Cabe tener en cuenta que las inversiones que se desarrollaron en la industria pesquera de la Patagonia no han sido sólo por la disponibilidad del recurso, sino también por las medidas de fomento que permitían que estando desde un lugar periférico se pudiera competir, lo cual ha dejado de ocurrir.
Así las cosas, la continuidad de estas inversiones ha entrado en zona de peligro. Resultaría ocioso recordar en detalle las empresas que ya han cerrado sus puertas y las que día tras día siguen expulsando mano de obra. El Congreso tiene una de las llaves para mejorar la situación del sector pesquero, pero esa llave, por ahora, está bien guardada.
Por Nelson Saldivia
21/08/09
REVISTA PUERTO
