Cada vez son más los organismos meteorológicos que advierten que el fenómeno climático, que ya está en marcha y se caracteriza por enfriar las aguas del Océano Pacífico, será más intenso de lo que inicialmente se esperaba.
Cada vez son más los organismos meteorológicos que advierten que el fenómeno climático, que ya está en marcha y se caracteriza por enfriar las aguas del Océano Pacífico, será más intenso de lo que inicialmente se esperaba.
Esto podría redundar en una primavera fría y con menos lluvias y en un verano particularmente cálido, aunque seco. Con todo, la principal preocupación en torno al tema se vincula con la producción agropecuaria y con la posibilidad de que se registren sequías. Mientras tanto, una pregunta se instala en ámbitos científicos: ¿el cambio climático está convirtiendo a estos fenómenos en más frecuentes e intensos?
Pasó la corriente de El Niño, dejando a su paso un año de altas temperaturas, el incremento de las lluvias y un aumento de la intensidad general de todos los eventos meteorológicos, incluidas las tormentas. Pero el final de este fenómeno climatológico, en junio de este año, dio paso a su opuesto, la corriente de La Niña, que promete generar una primavera más fría y seca y un verano igualmente seco, aunque con altas temperaturas. Lo peor del caso es que La Niña se asocia a una merma en las precipitaciones que amenaza con repercutir en la actividad agropecuaria de la región. Y mientras al principio se pensaba que se trataría esta vez de un episodio de La Niña de baja intensidad, los últimos informes hablan de un fenómeno vigoroso, que ya provoca preocupación en ámbitos agropecuarios.
Lo que todavía no está claro ni aún para los especialistas es el vínculo entre la frecuencia e intensidad de estos fenómenos y el cambio climático. Para unos, se trata de fenómenos independientes, que no se relacionan. Para otros, el calentamiento global ya está incidiendo en los episodios de El Niño y de La Niña, incrementando su intensidad y también su frecuencia.
En lo que hay acuerdo es que la región tendrá un final del invierno y una primavera con tendencia a registrar temperaturas más bajas que las habituales y también una disminución de las precipitaciones.
"Se sabe que al fenómeno de El Niño, que permaneció hasta junio, lo sigue éste de La Niña, que ya comenzó. Pero los modelos meteorológicos que se manejan hasta el momento difieren en la intensidad que puede llegar a registrar", explicó a este diario el platense Juan Manuel Horler, presidente del Centro Argentino de Meteorólogos.
Con todo, la tendencia parece orientarse hacia un episodio de La Niña particularmente intenso y la preocupación crece a medida que nuevos pronósticos revelan esta posibilidad.
Así, en los últimos días, organismos como la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano de Estados Unidos, el Centro Europeo de Pronósticos a Mediano Plazo y el Servicio Meteorológico Australiano coincidieron en anunciar un episodio de La Niña de vigor elevado y cuya duración podría extenderse hasta el otoño del 2011.
Mientras tanto, un informe reciente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires advirtió sobre estas previsiones y destacó que los efectos de La Niña podrían notarse en las próximas dos campañas.
En tanto, desde el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, castigado por una sequía que se prolonga desde hace seis años, la preocupación crece entre los productores.
Temen que una caída de las precipitaciones por debajo de los 200 milímetros o una mala distribución en el tiempo de las mismas represente un punto de inflexión difícil de superar para la región.
Cara y contracara
El fenómeno de la corriente de "El Niño" fue descubierto a comienzos del siglo pasado por pescadores peruanos al percatarse de la subida de la temperatura de las aguas y que, cada cierto número de años, esa corriente de agua anormalmente cálida se desplazaba de norte a sur, paralela a la costa sudamericana.
Los pescadores advirtieron que este episodio provocaba una gran alteración en la fauna marina y, como consecuencia, una importante pérdida en la producción pesquera.
En la atmósfera, El Niño hace que los vientos alisios que soplan normalmente en la región intertropical desde América hacia Oceanía se debiliten, pudiendo llegar a cambiar de sentido, lo que facilita el transporte de aguas calientes que caracterizan al sector de Indonesia hacia las costas intertropicales sudamericanas y, posteriormente, hacia el istmo de Panamá y las costas norte de Chile.
El fenómeno de "La Niña" viene a ser precisamente el contrario. Aunque se trata de la misma manera de un fenómeno natural de interacción océano-atmósfera, que ocurre en la región del Pacífico ecuatorial cada cierto número de años, se caracteriza por presentar temperaturas más frías de lo normal en una extensa área, entre las costas de Sudamérica y Oceanía.
Los vientos alisios que soplan normalmente en la región intertropical del océano Pacífico, desde las costas americanas hacia el sector asiático se intensifican, lo que favorece el arrastre de aguas superficiales más frías que se encuentran en la región oriental del Pacífico hacia la parte occidental. Como consecuencia y bajo estas condiciones frías, aparece una intensificación de la circulación de las masas de aire que descienden desde la alta atmósfera hasta la superficie.
Estas condiciones oceánicas frías se presentan en el Pacífico ecuatorial y costas del norte de Chile, Perú, Ecuador y Colombia.
Para Ernesto Rodríguez Camino, miembro del Consejo Asesor Científico (Scientific Advisory Comite) "este es un patrón que tiene repercusión en el resto del globo. La fase de "El Niño" terminó en mayo de este año, después hubo un período de condiciones neutrales hasta mediados de junio, y ahora entramos en una fase de "La Niña"".
Según explica el meteorólogo platense Juan Manuel Horler, "para nuestra zona, el fenómeno de La Niña se asocia a un déficit de precipitaciones: al haber menos humedad se registra menos nubosidad en el aire y por consiguiente menos lluvias. Y la preocupación fundamental es para la agricultura".
Un fenómeno de múltiples manifestaciones
Rodríguez Camino explica que estos dos fenómenos diseñan cada cierto tiempo la meteorología de gran parte del continente americano y que, además, afecta de forma global al planeta, aunque no de la misma manera: "Los fenómenos de "El Niño" y "La Niña" tiene repercusiones en todo el globo, pero no de la misma forma. En Europa se nota poco o prácticamente nada, en otras zonas hay mucha afectación, como las próximas a esta lengua de agua cálida o fría en Sudamérica, sobre todo en las costas de Ecuador, Perú y Colombia, donde "El Niño" se manifiesta con un clima húmedo y cálido".
"Cuando se produce "La Niña" aparecen condiciones de sequía y de bajas temperaturas. Sin embargo, en el norte de Brasil, "El Niño" lleva condiciones de sequía y "La Niña" de precipitaciones superiores a lo normal. Depende, no sólo del lugar geográfico, sino también de la estación del año en la que se encuentre el país", explica el experto meteorólogo.
Además, "este fenómeno no solo afecta a los países próximos al ecuador. Estos cambios en las temperaturas y en las precipitaciones pueden afectar a las cosechas de grandes zonas del mundo. En países como Estados Unidos, donde tienen capacidad tecnológica de predicción, al conocer estos cambios con meses de antelación, se especula con ventaja en los mercados de futuro, mientras que para otros países estos fenómenos tienen una repercusión económica muy fuerte", añade Rodríguez Camino.
Su relación con el cambio climático
El calentamiento global y los cambios climáticos que se están sucediendo de forma tan acelerada también pueden dar lugar a cambios en estos dos fenómenos, con lo que el campo de la predicción meteorológica se antoja muy dificultoso.
"Debido al cambio climático estos fenómenos han cambiado y se prevé que cambiarán aún más. "El Niño" no siempre ha tenido la misma intensidad ni la misma frecuencia. Ahora mismo tenemos estas dos fases, pero podría ser que nos quedásemos anclados en las condiciones de "El Niño", que son más cálidas. En realidad no se puede predecir la evolución de estos fenómenos", concluye Rodríguez Camino.
Para el platense Juan Manuel Horler, ambos fenómenos se conocen desde no hace demasiado tiempo y se sabe que responden a ciclos. Pero, a criterio del especialista, no guardan ninguna relación con el cambio climático.
15/08/10
EL DÍA



