Las ballenas jorobadas, una vez casi extintas en las aguas de Alaska, aparecen hoy en la mira de científicos que buscan explicaciones a la desaparición de los cardúmenes de aranque en las costas de ese estado norteamericano.
Las ballenas jorobadas, una vez casi extintas en las aguas de Alaska, aparecen hoy en la mira de científicos que buscan explicaciones a la desaparición de los cardúmenes de aranque en las costas de ese estado norteamericano.
Especialistas en biología marina aseguran que los grandes mamíferos impiden la repro-ducción de dichos peces en el Estrecho Príncipe William, una región afectada hace más de dos décadas por el peor derrame de petróleo de la historia estadounidense.
De acuerdo con los análisis, la población de arenques se resintió con el desastre medioambiental, pero debía haber aumentado en los últimos años, algo que impide el apetito de las ballenas jorobadas, asegura el diario The Washington Post.
El biólogo Jan Straley, profesor de la Universidad del Sudeste de Alaska, explica que cada vez llegan más jorobadas al área en la estación de invierno, cuando ejercen una fuerte presión sobre los bancos de peces.
Aunque los naturalistas ven esa noticia como un éxito, para los aranques significa la multiplicación de depredadores que le impiden reponerse del desastre del Exxon Valdes de 1989, año en que cayeron al mar casi 11 millones de galones de petróleo.
Para la fecha del derrame, 23 de marzo, la especie estaba en la etapa de desove, por lo que el golpe fue aún más fuerte, y las autoridades debieron decretar una veda en 1993 para favorecer su reproducción.
El espécimen es vital en la cadena alimenticia de las aguas heladas de Alaska, pues además de ser plato de ballenas, es devorado por aves marinas, bacalaos y cinco variedades de salmones del Pacífico, así como otros peces.
23/02/10
PRENSA LATINA

