(FNM) Los pescadores comerciales de camarones informaron que la captura en el primer día de actividades desde el desastre de BP, fue abundante y libre de petróleo, a pesar de un informe científico que indica que buena parte del crudo permanece debajo de la superficie del Golfo.
(FNM) Los pescadores comerciales de camarones informaron que la captura en el primer día de actividades desde el desastre de BP, fue abundante y libre de petróleo, a pesar de un informe científico que indica que buena parte del crudo permanece debajo de la superficie del Golfo.
Los pescadores pasaron buena parte del verano limpiando petróleo, pero volvieron a sus actividades de captura luego de que se abriera el lunes, la temporada de otoño frente a las costas de Luisiana. Lo hicieron llenos de ansiedad por los posibles efectos del crudo sobre el recurso, y ante la posibilidad de no poder venderlo aunque saliera limpio.
“No vemos nada de petróleo en donde estamos. Ni bolas de alquitrán, ni nada”, dijo Brian Amos, un pescador de 53 años que arrastró con su embarcación de 28 pies, el “ROLLING THUNDER”, en una bahía cercana a Empire.
Se trata de un paso hacia la normalización para muchas ciudades costeras que han estado en el limbo durante casi cuatro meses desde que el derrame clausuró las actividades de pesca, el eje de la economía de propietarios de muelles, restaurantes y muchos otros negocios a lo largo de las costas de Luisiana. Este Estado figura en primer lugar en el ránking nacional de producción de camarones, cangrejo azul, cangrejo de río y ostras. La industria de frutos de mar, le genera ingresos cercanos a los USD 2.400 millones anuales.
El lunes, cinco científicos de Georgia que revisaron los datos gubernamentales, objetaron las estimaciones dadas a conocer por un informe federal, que sostuvo que solo el 26% del petróleo derramado permanece todavía en el Golfo. Para estos científicos, este porcentaje se eleva a casi el 80%.
“¿Dónde fue a parar todo el petróleo? No fue a ningún lado. Está todavía al acecho en la profundidad”, afirmó Chuck Hopkinson, investigador marino de la Universidad de Georgia. El científico encabezó una rápida revisión independiente encargada por el programa Georgia Sea Grant, sobre las estimaciones dadas a conocer por la Casa Blanca.
La asesora de energía de la Casa Blanca, Carol Browner, había dicho en un programa de noticias emitido a principios de agosto que “más de las tres cuartas partes del petróleo se ha ido. La gran mayoría del petróleo desapareció”.
El equipo de investigadores de Georgia sostiene que es erróneo interpretar los datos para sostener que el petróleo disuelto o dispersado se ha ido.
“El tema de fondo es que la mayor parte del petróleo está todavía allí”, afirmó Hopkinson a The Associated Press. “No hay nada en el informe que fundamente el 26 por ciento”.
Amos y sus colegas camaroneros trabajaron en las aguas controladas por el estado de Luisiana, que se extienden hasta tres millas de la costa. Los pescadores que explotan esas aguas perdieron la mayor parte de la temporada de primavera –que rige desde mediados de mayo hasta fines de julio-, a causa del derrame. La temporada de otoño corre desde mediados de agosto hasta diciembre.
La captura de camarones ya se ha abierto también en las costas provinciales frente a Mississippi, Alabama, Florida y Texas. Las aguas nacionales, que suelen estar habilitadas casi todo el año para la pesca de camarones de mayor tamaño, permanecen cerradas frente a Luisiana, Mississippi y Alabama, aunque algunos sectores podrían abrirse en pocos días más, dependiendo de los resultados de extensas pruebas en curso.
Los exámenes de laboratorio sobre frutos de mar provenientes del Golfo han mostrado poco riesgo por petróleo, y se están desarrollando análisis centrados en los químicos utilizados como dispersantes del crudo, aunque no existen evidencias de que tales sustancias se acumulen en los productos de mar. Así y todo, los camaroneros tiene temor de que el público no quiera consumir lo que ellos pesquen.
“Siento que hemos sufrido un mal golpe en la percepción pública hacia nuestros productos”, dijo Andrew Blanchard, quien esperaba el lunes el arribo de los barcos a su planta de procesamiento en Chauvin. Llegaron menos barcos que lo habitual – cinco contra los 20 que arriban en una jornada normal de trabajo-, pero explicó que ello se debió a que la mayor parte de las embarcaciones todavía están haciendo tareas de limpieza para BP, y no porque existan problemas con el camarón.
Otras novedades del lunes:
• El almirante de Guardacostas (R) Thad Allen, designado por el gobierno para supervisar la crisis, dijo que tomará por lo menos dos semana cerrar el pozo con barro y cemento, una vez que se imparta la orden de proceder con la tarea de sellado definitivo. Aclaró que no está clara aún la fecha de inicio de la labor, dado que los científicos todavía están diseñando las formas de proceder con el cierre sin producir daños adicionales al pozo.
• La administración Obama anunció que está requiriendo revisiones ambientales para todas las nuevas perforaciones en aguas profundas, dando fin al tipo de exenciones que permitieron que BP perforara su malogrado pozo con escaso control.
• BP anunció la entrega de USD 52 millones a organizaciones de salud federales y estatales, para ayudar a personas que han sufrido stress y ansiedad por el derrame, que se originó a causa de la explosión de la plataforma “DEEPWATER HORIZON” el 20 de abril, y que produjo la muerte de once trabajadores. El petróleo dejó de fluir finalmente a mediados de julio, luego de que BP instalara un tapón transitorio en el pozo dañado.
Los precios del camarón treparon enseguida de la explosión de la plataforma, empujados por el temor de una pronta escasez del producto. Pero luego, y a pesar de las garantías federales y provinciales de que los frutos de mar que llegaban al mercado eran seguros, la demanda se precipitó y con ella los precios cayeron abruptamente hace un mes.
El negocio estaba pasando por dificultades aun antes del derrame. Durante la última década, los camaroneros de la costa del Golfo han tenido que lidiar con los huracanes, los altos precios del combustible y una invasión de camarones importados.
La zafra de camarón en Luisiana, estaba valuada en USD 240 millones en el año 2000, pero cayó a alrededor de 133 millones el año pasado. El número de licencias de pesca otorgadas por este Estado para la especie se derrumbó también, desde un número cercano a 44.000 en 1986, hasta unas 14.000 el año último.
Por Cain Burdeau y Mary Foster (AP)
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuentes: Yahoo News y Maritime News; 17/08/10
18/08/10
NUESTROMAR

