(Viedma) Daniel Schávelzon y Ana Igareta, dos reconocidos arqueólogos argentinos, participarán en los próximos meses en un trascendente proyecto de investigación que se propone echar luz sobre la historia, a través de la recuperación de elementos que pudieran encontrarse en la zona costera entre El Cóndor y esta capital y, también, sumergidos en el río Negro.
(Viedma) Daniel Schávelzon y Ana Igareta, dos reconocidos arqueólogos argentinos, participarán en los próximos meses en un trascendente proyecto de investigación que se propone echar luz sobre la historia, a través de la recuperación de elementos que pudieran encontrarse en la zona costera entre El Cóndor y esta capital y, también, sumergidos en el río Negro.
Días atrás, dieron una charla en esta ciudad y luego, en diálogo con Río Negro, explicaron sus propósitos, junto a otro de los integrantes del proyecto que impulsa la Universidad del Comahue, el buzo sanantoniense, Tony Brochado.
–¿Por qué eligieron Viedma?
–La elección del lugar tiene que ver con que exista interés en la comunidad y además, para que la comunidad se entusiasme, generalmente hay indicios de que algo históricamente significativo hay en ese lugar.
–¿Qué generó inquietud en ustedes para interesarse por esta zona?
–Empezamos a estudiar la historia local. Hay una larguísima historia, un proceso extraordinario y un mundo que no está estudiado, hay un agujero en la arqueología histórica argentina. Al tomar conciencia de que más al sur está estudiado y más al norte está estudiado, tenemos un área que se engancha con todos los trabajos de fines del siglo XVIII y principios del XIX, en la misma región y que no está estudiado, entonces es doblemente valioso.
–¿Qué quiere decir que algo sea históricamente significativo?
–Quiere decir que el estudio de esos elementos contribuya a la construcción de la historia y la identidad. Algo que a la gente le permita entrar en contacto con su historia. Lo arqueológicamente significativo no tiene que ver con el valor intrínseco de las piezas, si es de oro o de plata, sino con el valor que se pueda construir históricamente sobre esas piezas y cuánto te permiten entender mejor qué pasó en un determinado lugar. Por ejemplo, el enfrentamiento con Brasil, tiene un peso para la historia tremendo, entonces no importa si la maderita está rota o no.
–¿Es posible que se produzcan hallazgos que refuten la historia documentada?
–Lo lindo de lo arqueología es que a veces lo que se encuentra no coincide con la historia contada hasta ese momento. Y no es lo mismo pelear o discutir una interpretación que pelear con hechos materiales. Si a uno le dicen, eran dos barcos y encontrás tres o uno, la discusión toma otro cariz. Igual la función de la arqueología histórica no es discutir la historia, es enriquecerla, que discutamos es ocasional y pasa muy a menudo.
–¿Qué les llamó la atención en esta primera incursión en la zona que van a investigar?
–Lo que más llama la atención es la virginidad arqueológica de la zona, pese al valor histórico que tiene. Cuando una zona es interesante siempre ha sido investigada. Que nunca se haya hecho nada, llama mucho la atención.
–¿Cómo es la relación entre arqueología y turismo?
–Es buena pero a veces es difícil. La arqueología encuentra sitios que van a ser una fuente, un atractivo. El problema es que el turismo no termine destruyendo el sitio. Hay veces que es difícil mostrar ciertas cosas.
12/08/10
RÍO NEGRO
