Pese a que en 2009 fue habilitada la reconversión de estas embarcaciones para que pudieran ampliar su capacidad de pesca, el proceso está demorado por diversos escollos.
Pese a que en 2009 fue habilitada la reconversión de estas embarcaciones para que pudieran ampliar su capacidad de pesca, el proceso está demorado por diversos escollos.
Ahora se le sumó la incertidumbre económica. No hay definido ningún plan para establecer un cambio de función de las que permanecerán en la banquina.
Hace tres años, cuando iba a comenzar a aplicarse el sistema de cuotas individuales transferibles, la Sociedad de Patrones Pescadores pidió a gritos que se salvara a las lanchas amarillas de la banquina del puerto de la “privatización del mar”. El reclamo generó tanto apoyo político que se diagramó un proyecto para que las tradicionales embarcaciones fueran reconvertidas en otras más grandes y así sus propietarios pudieran subsistir. A la vez, se pensó en un plan para que las que no fueran modificadas permanecieran en el puerto con otras funciones, lo que mantendría la postal de la ciudad. Hoy, por diversos motivos, tanto un proyecto como el otro están retrasados.
El 14 de diciembre de 2011 el gobierno bonaerense dio el aval para que comenzara la reconversión de 25 lanchitas. “Esa resolución está vigente y tenemos 36 meses para desarrollar el proyecto. Involucraba a 25 embarcaciones, pero (los propietarios) de algunas desistieron porque veían muy engorroso el crédito y las capturas que les pudiera otorgar Nación para el barco nuevo”, dice a LA CAPITAL el presidente de la asociación, Luis Ignotto.
– ¿Igual siguen trabajando con los que quieren la reconversión?
– Sí, estamos trabajando con la agencia Invierta Provincia por el crédito, estamos hablando con los astilleros de Mar del Plata para ver cómo se puede llegar a hacer la embarcación y estamos viendo cómo va a ser la garantía. Todavía no hemos presentado ningún proyecto en el Consejo Federal Pesquero. En los próximos días vamos a tratar de presentar los primeros para ver qué obtenemos. Ya hemos mantenido reuniones en el Consejo y con el subsecretario de Pesca de la Nación.
– ¿A qué proyectos se refiere?
– Son para lograr la reformulación de los permisos de las embarcaciones en el ámbito de la jurisdicción nacional (el que tienen es para la jurisdicción provincial). Esto permitiría que la nueva embarcación tenga un calendario productivo racional. Nosotros sabemos que, en pesca, de doce meses se trabajan diez. Queremos que las embarcaciones trabajen normalmente durante esos diez meses, porque si les otorga un cupo que no les alcanza y les dan pocas toneladas, la embarcación trabajaría tres o cuatro meses y quedaría parada. Con el permiso provincial pueden pescar hasta las 12 millas; con el otro, de las 12 millas para afuera.
– ¿Presumen qué les dirá el Consejo?
– Sabemos que nos vamos a encontrar con el escollo de que no hay intención por parte del Consejo Federal Pesquero de otorgar más toneladas de las que nosotros tenemos. Hemos dado nuestro punto de vista de que estamos descontentos con esa acción, porque en otros momentos el Consejo aprobó ampliaciones. Tenemos sobrados antecedentes.
– ¿Cómo debería ser la nueva embarcación?
– Tiene que alcanzar los recursos que estas embarcaciones perdieron y eran su columna vertebral durante el año. Y esas especies están muy alejadas. El único puerto que tenemos hacia el sur es el de Necochea, y para el norte, el de General Lavalle, que está limitado en su operatividad porque está sobrepasado de embarcaciones. Si nosotros tenemos que hacer una navegación para buscar las especies que estaban acá, necesitamos una eslora mínima para afrontar un temporal.
– La situación económica no es la misma ahora que cuando la Provincia emitió la resolución que permitía la reconversión. ¿Esto los afecta?
– Sí, porque corremos contra el tiempo para saber si realmente podremos conseguir el dinero. Hoy los astilleros no tienen estabilidad de precios. Una embarcación en 2003 costaba 400 y hoy cuesta 800 o 900 dólares. Eso hace que uno piense en el repago de la embarcación, en la cuota y en el plazo del crédito. También en el astillero en que se va a hacer la reconversión. Y la idea nuestra es que intervengan todos los que se nos han acercado. Las condiciones no son las mejores hoy por las condiciones macroeconómicas del país. Parece que uno va en contramano. Estamos queriendo hacer algo cuando España, que es el principal consumidor de pescado, tiene problemas; cuando hay barreras paraarancelarias y parabromatológicas, cuando además está el problema de las importaciones con Brasil. Todo eso hace un cóctel que, sumado al parate del puerto, forma un contexto que no ayuda.
Dolor del alma
El 16 de noviembre de 2008, el Concejo Deliberante declaró “de interés municipal” la pesca costera de lanchas amarillas descubiertas. Fundamentó que lo hacía ante la necesidad de “preservar el patrimonio cultural, dando señales claras del interés de la comunidad y sus autoridades en preparar y servir el porvenir sin destruir el pasado”.
En eso piensa Ignoto cuando habla de las lanchitas que están en la banquina y sus propietarios no quieren ninguna reconversión. Cree que, como los arquitectos que logran conservar la fachada de un viejo edificio y reciclar totalmente su interior, las lanchitas amarillas merecen mantener su rostro y modificar sus funciones.
“Hay una idea que está avalada por el intendente y las autoridades provinciales para que tengan otra función, como la transmisión de conocimiento mediante la creación de una pasantía para los alumnos de la Escuela Nacional de Pesca o los de Marinería de la Prefectura Naval”, cuenta.
A su juicio, podrían tener un fin cultural, recreativo y hasta biológico. “Podemos aportar investigaciones en la zona sobre salinidad, temperatura y mareas rojas. La intención es mantener esa postal tradicional de Mar del Plata”, dice.
El miércoles pasado, sin embargo, vio con tristeza infinita cómo una lanchita vendida a fines de 2010 esperaba su turno para ser desguazada. “Eso me produjo un dolor en el alma, porque lo que se pierde es un pedazo de historia. Estoy en contra de todo desguace porque estas embarcaciones son patrimonio de Mar del Plata”, advierte. Y aclara que las 28 que perduran también pueden seguir pescando porque sus permisos están activos. “Pero van a tener cada vez menos actividad”.
– ¿No se avanzó en ninguno de estos planes?
– Hay una intención concreta de Turismo de la Municipalidad, pero no vemos intención por parte de Nación. Creo que Turismo y Cultura de la Nación deberían aportar para ayudar a la Municipalidad y a la Provincia en esto.
“El parate entristece a todos”
Ignotto destacó que 18 lanchas amarillas están pescando en la Bahía de Samborombón y que el paro del Sindicato de Marineros no perjudica particularmente al sector, pero consideró que la parálisis “entristece a todos”.
Las embarcaciones están en la desembocadura del Río Salado, donde permanecerán hasta setiembre pescando corvinas, la especie que terminó por reemplazar la zafra de anchoíta y caballa que solían realizar.
“Pero las inclemencias del tiempo hacen que no puedan trabajar regularmente. Por ahí tienen un promedio de 18 o 20 salidas durante cuatro meses”, dijo.
– ¿Cómo repercute el paro en el sector?
– A excepción del paro del SUPA (los estibadores), durante el que no pudimos trabajar, el del Simape no nos impidió la salida y pudimos trabajar normalmente. Pero como nuestra cooperativa tiene barcos grandes asociados, también se encuentra afectada en cierta manera. Estar en un lugar donde vos trabajás y el resto no puede trabajar no es nada halagüeño. Es feo ver que alrededor tuyo la gente la está pasando mal, porque pasan los días, no tiene qué comer y tiene que pagar sus deudas.
08/07/12
LA CAPITAL (Mar del Plata)

