El Gobierno finalmente llamó a licitación para la concesión de la terminal 5 del puerto de Buenos Aires, concesionada hasta octubre de 2015 a Bactssa. La resolución 106 de la Administración General de Puertos (AGP) se dará a conocer en estos días con mayor detalle.
El Gobierno finalmente llamó a licitación para la concesión de la terminal 5 del puerto de Buenos Aires, concesionada hasta octubre de 2015 a Bactssa. La resolución 106 de la Administración General de Puertos (AGP) se dará a conocer en estos días con mayor detalle.
La noticia es causa necesaria, eficiente pero no final para la tranquilidad de los portuarios que, llamativamente, se convirtieron en los más interesados por el futuro de las concesiones. Lejos de la calma, Buenos Aires, y los gremios, respiran la brisa de la pausa.
Distinto es el escenario en Rosario, el puerto que pugna por diferenciarse con valor agregado y múltiples cargas dentro del poderoso cordón portuario, oleaginoso y cerealero que va desde San Lorenzo hasta Timbúes.
La convulsión envuelve y estrangula esta terminal santafecina. Los fracasos en las concesiones se sucedieron sin tregua. Y todo pareció cambiar cuando Vicentín entró en juego, con Terminal Puerto Rosario (TPR), tras convocar al holding chileno Ultramar para operar una terminal que volvió a ver la llegada de los contenedores con el MSC Chelsea, montañas de mineral de hierro de Vale esperando el transbordo a los buques oceánicos, y hasta los autos, para darle coherencia logística a General Motors, cuya planta está a pocos kilómetros del puerto.
La semana pasada, el Enapro, el ente administrador, se aprestaba a celebrar estos hitos durante sus 3° Jornadas Internacionales. Había argumentos. A pesar, incluso, del palazo en la espalda del comercio exterior que significó la administración de importaciones, primero; y la absurda disposición 1108 de Tettamanti, después, que anuló a Montevideo en la lógica del transporte fluvial y terminó por eclipsar el único servicio de cabotaje de bandera nacional.
Más de 300 ejecutivos y funcionarios locales e internacionales que asistieron se fueron espantados. Las jornadas se suspendieron a poco de arrancar. El SUPA Rosario se movilizó a la Estación Fluvial, donde se realizaba el evento, copó la entrada y a los gritos exigió leer un petitorio donde responsabilizaba al Enapro y a TPR por la situación de un centenar de estibadores. La negociación fue infructuosa, tal como lo fueron las conciliaciones obligatorias del Ministerio de Trabajo.
Curiosa la diferencia que existen en los planteos y las defensas del trabajo en Buenos Aires y Rosario. (Por Emiliano Galli; La Nacion)
26/11/14
