Batalla caliente por el petróleo que yace bajo las frías aguas del Ártico

Batalla caliente por el petróleo que yace bajo las frías aguas del Ártico

(FNM) En primer lugar, la buena noticia. Mañana el canciller ruso, Sergei Lavrov, y el canciller noruego Jonas Gahr Stoere firmarán un acuerdo en Murmansk que resuelve la larga disputa entre los dos países sobre sus fondos marinos en el Ártico.

(FNM) En primer lugar, la buena noticia. Mañana el canciller ruso, Sergei Lavrov, y el canciller noruego Jonas Gahr Stoere firmarán un acuerdo en Murmansk que resuelve la larga disputa entre los dos países sobre sus fondos marinos en el Ártico.

De modo que no habrá enfrentamiento militar en el Mar de Barents entre Rusia y Noruega, un miembro de la OTAN, sobre la posesión de los fondos marinos, incluso si se descubriera petróleo allí.

Ahora las malas noticias. Mañana el canciller ruso Sergei Lavrov y el ministro de Relaciones Exteriores de Noruega Jonas Gahr Stoere firmarán un acuerdo que resuelve la larga disputa entre los dos países sobre sus derechos sobre los fondos marinos del Ártico.

Eso significa que pueden ponerse en marcha las perforaciones para extracción de petróleo en el Mar de Barents, en aguas más profundas que las del pozo de BP que explotó en el Golfo de México. Son también aguas más frías, en las que un derrame de petróleo podría perdurar por muchos años.

Hace dos años, los militares y los centros de pensamiento estratégico en Moscú estaban obsesionados con la perspectiva de una confrontación militar con la OTAN sobre los derechos de los fondos marinos del Ártico.

Trate de mencionarles a ellos el “cambio climático”, e inmediatamente recibirá una conferencia acerca del derecho de Rusia sobre el petróleo y gas en el Mar de Barents y sobre los planes de EEUU para robarles esos recursos.

Están en juego alrededor de 175.000 kilómetros cuadrados. Los geólogos creen que pueden haber importantes reservas de petróleo y gas en la zona, pero no se han hecho perforaciones porque durante 40 años los dos vecinos no pudieron llegar a un acuerdo sobre su frontera en el fondo del mar.

Durante la Guerra Fría el área se mantuvo en tensión, con aviones de patrullado marítimo de la OTAN sobrevolando regularmente la zona reclamada por Rusia. Incluso después del colapso de la Unión Soviética la tensión continuó, lo que llevó a Noruega  a encarar una modernización de su Armada que culminó recientemente, y que duplicó su capacidad de operaciones en aguas del Ártico.

Rusia y Noruega han resuelto ahora el desacuerdo, mediante una división equitativa del fondo marino entre ellos.

Ahora que la confrontación está terminada, los dos países probablemente trabajarán juntos para desarrollar los recursos de la región, ya que Rusia necesita de la más avanzada tecnología de perforación de Noruega. Los beneficios pueden ser enormes, habida cuenta de que la cuenca del Ártico contendría – según se cree-, hasta un 20 por ciento del petróleo que queda por descubrir en todo el mundo.

Pero el lado negativo de este desarrollo radica en el hecho de que las perforaciones se llevarán a cabo en un ambiente donde las tormentas son feroces y frecuentes, y la presencia de hielo marino es un fenómeno estacional regular. El casquete polar está retrocediendo a medida que avanza el calentamiento global, pero todavía habrá hielo en la zona durante el invierno.

El riesgo de un derrame importante de petróleo es difícil de calcular, pero sin duda existe. Noruega tiene una buena reputación en la minimización de los daños ambientales cuando perfora en aguas del Ártico: la reputación de Rusia es menos impresionante.

Esta es la primera zona del Océano Ártico, en donde es probable que se desarrolle la explotación de hidrocarburos a gran escala, porque los otros dos ámbitos con futuro, en el estrecho de Bering entre Rusia y los Estados Unidos y en el fondo marino del norte de Alaska y el territorio canadiense del Yukon, todavía están en disputa. Hay negociaciones esporádicas entre los EE.UU. y Canadá, pero los fondos marinos de la frontera entre EE.UU. y Rusia ni siquiera han comenzado a discutirse.

Esto se debe a que en 1990, cuando la antigua Unión Soviética se tambaleaba hacia el colapso, el canciller soviético Eduard Shevardnadze hizo un trato con el Secretario de Estado estadounidense James Baker, que aceptó casi todos los reclamos de EEUU sobre el área del fondo marino en disputa entre Alaska y Siberia.

Fue un acuerdo hecho en el momento de máxima debilidad de Rusia, y la Duma rusa (Parlamento) nunca lo ratificó. Y nunca lo hará.

Un compromiso como el que acaba de establecerse entre Noruega y Rusia es la única manera de resolver el problema, pero ¿qué político de los EE.UU. tomaría la responsabilidad de renunciar a territorios que pertenecen a los fondos marinos de los Estados Unidos bajo el acuerdo de 1990, por injusto que este sea?

De modo que podemos obtener lo peor de ambos mundos: la perforación en aguas profundas en la región ambientalmente vulnerables del Mar de Barents, y una nueva guerra fría por los reclamos de EE.UU. y Rusia sobre los fondos marinos en el Estrecho de Bering.

También existe la posibilidad de que la respuesta mundial a la amenaza del calentamiento desbocado sea tan rápida y eficaz que la demanda de petróleo y gas caiga antes de que se agiten las reservas existentes.

En ese caso, podría suceder que el inicio de las perforaciones de petróleo y gas en el lecho marino del Ártico no llegue nunca a resultar económicamente conveniente.

Pero yo no apostaría la granja a que ello ocurra.

Por Gwynne Dyer (periodista independiente con sede en Londres)

Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuentes: NZHerald y Maritime News; 14/09/10

17/09/10
NUESTROMAR

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