Balance del calamar en 2006

Balance del calamar en 2006

Informe preparado por Daniel Molina Carranza, Presidente de la Fundación NUESTROMAR para la preservación y desarrollo del mar.

Informe preparado por Daniel Molina Carranza, Presidente de la Fundación NUESTROMAR para la preservación y desarrollo del mar.

Los muy buenos volúmenes de captura de Calamar Illex Argentinus correspondientes al presente año, revalidaron la significativa importancia adquirida por el caladero argentino a nivel mundial, en relación con este apreciado molusco.
 
Los datos oficiales de desembarque para la especie, computado hasta el mes de octubre inclusive, arrojan un valor superior a las 286.000 toneladas. Se trata del mejor resultado registrado desde el año 1999, cuando las capturas ascendieron a más de 343.000 toneladas. El período febrero – mayo concentró el grueso de los desembarques, con casi 250.00 toneladas.

Vale recordar además, que estos guarismos no incluyen los trasbordos en el mar, los efectuados en Malvinas, ni las descargas que realizan barcos de terceras banderas en el puerto de Montevideo.
 
La flota de poteros nacionales – buques también conocidos como “jiggers” –  dio cuenta del 91% de las capturas, con casi 261.000 toneladas. Arrastreros y fresqueros, por partes iguales, totalizaron como captura incidental, alrededor de 25.000 toneladas (un 9% del total).

La temporada de captura del Illex en el mar argentino inicia históricamente el 1º de febrero y salvo excepciones se extiende hasta el 31 de agosto. Una centena de buques poteros iluminan con sus potentes luces las noches marinas y así se inicia la captura de esta especie que llega a millones de consumidores y es una de las reservas de alimento más importante del mundo.
 
Esta vez, y con el trasfondo del malestar creado por la decisión británica, en el sentido de extender permisos de pesca por 25 años en aguas de Malvinas, la apertura de la temporada de pesca se adelantó en quince días a la fecha habitual. A partir del 16  de enero entonces, se autorizó el comienzo de la zafra en un sector especialmente delimitado del Mar Argentino.

Vale la pena recordar además, que las autoridades nacionales ya habían autorizado en diciembre a los poteros nacionales a iniciar la pesca más allá de las 200 millas.

En cuanto al cierre de temporada,  fueron establecidas las fechas del 20 de junio para el sur del 45° S (Res.194/06 SAGPYA), y el 31 de agosto para la Zona Común de Pesca (Res. 6/06 de la CTMFM).

Los muy positivos rendimientos obtenidos sobre el stock sud-patagónico (SSP) durante los primeros meses de la zafra, al sur del 44° S, no tuvieron correlato hacia el norte, con el stock bonaerense nor-patagónico y desovante de primavera. Los buques transitaron por este sector desde mediados de junio con magros resultados, incluidas jornadas completas de captura nula.

En función de esta merma, los barcos de la flota potera comenzaron a entrar a puerto definitivamente hacia fines de junio, es decir, antes de las fechas de cierre de temporada establecidas.

Los beneficios y las dificultades.

Además de su contribución a la balanza comercial – hasta julio se habían exportado alrededor de 150.000 toneladas, por un valor cercano a los 160 millones de dólares -, la pesca del calamar es origen de una cadena económica que da vida a puertos y fábricas de nuestro país. En este sentido, los beneficios de la buena temporada, se extendieron también a dichos ámbitos.

Puerto Deseado, cuya actividad había decaído a niveles alarmantes en la última parte del 2005, vivió con euforia un febril repunte a partir de febrero, que se prolongaría luego con la también positiva temporada de captura de langostinos. Según las cifras oficiales, los desembarques de calamar en Puerto Deseado se ubicaron en cerca de 120.000 toneladas, lo que implica un 42% del total de la captura.

Puerto Madryn, con cerca de 70.000 toneladas (24%), y Mar del Plata con algo más de 60.000 (21%), le siguieron en importancia.

Por tratarse de un recurso cuya propiedad corresponde, en definitiva, a la sociedad en su conjunto, resulta de toda justicia, que quienes posean un permiso de explotación pesquera, paguen adecuados aranceles, retenciones a la exportación, cargas sociales e impuestos que el Estado exige. Pero esta premisa no justifica la constante creación de cargas impositivas, ni la progresiva eliminación de algunas ayudas como los reintegros patagónicos. Los avatares de la “aventura del mar” y la inseguridad económica y jurídica existentes, hacen de la pesca una actividad escasamente lucrativa y de alto riesgo. Sumado a ello, la precisa y eficiente organización sindical pesquera, lleva los salarios al punto máximo de las posibilidades de las empresas.

En tal delicada situación de equilibrio inestable, el rendimiento económico de las empresas depende exclusivamente del precio de venta internacional de los productos.

Buenas campañas como la presente siempre vienen acompañadas de caída de valor económico, porque nuestro caladero es formador de precios, al ser más importante que los de Nueva Zelanda o Japón, en los que también se captura el Illex.

El precio de venta del calamar, está hoy fundamentalmente determinado por las necesidades de materia prima del mercado español y secundariamente de otros.

Preocupado por los años de merma del Illex, el mercado español buscó otras alternativas, como la del Dosidicus Giga. Aunque inicialmente poco apreciada por el bajo pH de su carne, de sabor ácido amoniacal, la aceptación de esta especie fue creciendo, por vía de adecuadas técnicas de procesamiento. Existen además proveedores de otras especies de calamar, como el Loligo, muy aceptado por la calidad de su carne. Entre estos proveedores, caben citarse a Perú, EEUU, y a las flotas extranjeras que operan en Malvinas, caladero importante en materia de Loligo, y al que lamentablemente no tenemos acceso.

El éxito de los empresarios argentinos con vistas a futuro, dependerá de su habilidad para generar nuevos mercados – China ya es uno de ellos-, logrando una demanda diversificada en cantidad y  productos finales. Especialmente, a partir de las exigencias de reproceso en plantas argentinas en tierra, deberán ubicar en el mercado internacional productos de mayor valor agregado como el tubo y las anillas de calamar.

Es en el precio donde termina la ficción y aparece la realidad incontrastable de las posibilidades de éxito de las empresas. Hay años de buenos precios y otros de regulares y malos, como el 2006. Como consecuencia de ello, sobreviven las empresas capaces de afrontar los años malos en espera de los buenos. Las que carecen de reservas económicas o acceso al crédito, tarde o temprano desaparecen, o en el mejor de los casos son absorbidas por las más fuertes.  Ni siquiera el mayor o menor volumen de captura anual repercute en el resultado económico de cada campaña.  Si hay mucha captura el precio se desploma y si hay poca, la demanda crece rápidamente. El del calamar es, en síntesis, un mercado muy sensible.

La actual política de pesca impuesta por el Consejo Federal Pesquero, exige crecientemente la descarga obligatoria de mercadería congelada a bordo, para su reproceso en plantas en tierra. El objetivo es proveer trabajo a mayor cantidad de personas a partir del mismo producto. Para las empresas que pescan exclusivamente calamar por el sistema de poteras, esto implica un costo y una dificultad adicional importante, por dos razones. La primera de ellas es que el precio que pueden pagar las plantas argentinas en tierra para comprar materia prima, es sensiblemente inferior al precio del mercado de exportación como consecuencia de sus altos costos de producción. La segunda razón estriba en la dificultad comercial para vender productos de mayor valor agregado a países que por el contrario buscan materia prima con menor nivel de elaboración, por tener montadas sus propias líneas de producción.

Una visión más global de esta obligación de descarga de calamar para reproceso en tierra, permite afirmar que las plantas terrestres patagónicas fueron establecidas como una exigencia provincial para otorgar permisos de pesca de langostinos, en consideración al alto rendimiento económico de esa pesquería. Dado que esas plantas carecen de materia prima en ciertas épocas del año, la obligación de reproceso de calamar apunta finalmente a resolver un problema ajeno a la esencia de esta actividad, en subsidio de otras.

Ante los inconvenientes para cumplir con los plazos establecidos para el reproceso, el CFP  permitió a las empresas diferir esta tarea  hasta el año próximo, en hasta un cuarenta por ciento del tonelaje que corresponde asignar a ese fin.

Renovar la flota.
Los buques componentes de la flota pesquera nacional, dedicados a la pesca de calamar en forma selectiva por medio del sistema de poteras, son en su mayoría muy antiguos, datando de la década del setenta. Se impone por tanto su renovación. Sin embargo, con la legislación actual, esto resulta prácticamente imposible, pues no permite el incremento del esfuerzo pesquero y todos los buques modernos que pueden adquirirse en el mercado mundial, superan las capacidades de pesca de nuestros buques. La equiparación de los esfuerzos pesqueros entre los buques modernos con los antiguos no debería por tanto basarse en un cálculo matemático de sus cualidades técnicas y constructivas, sino en una limitación del tiempo en que podrían desarrollar sus tareas de pesca, asegurando por esta vía la limitación en el esfuerzo de captura. Esta medida favorecería la renovación de la flota y consecuentemente mejoraría la calidad de vida de los tripulantes a bordo, la eficiencia en el congelamiento de los productos y la seguridad de la navegación.
La contribución de la construcción naval en el país a esta renovación, merece una consideración especial por parte de las autoridades.

Siguiendo la política de dar trabajo en tierra a mayor cantidad de personas, quienes decidan construir buques poteros en astilleros nacionales, deberían contar con facilidades de acceso a líneas de crédito. Adicionalmente, y como reconocimiento a la vocación empresaria de colaborar con la activación de la industria naval argentina, tal vez en este caso particular, debiera considerarse una flexibilización en la comparación del esfuerzo pesquero del buque nuevo, respecto del obsoleto a renovar.

Mientras tanto, el Consejo Federal Pesquero autorizó la incorporación de otros 16 poteros a la matrícula nacional. La medida – que recibió rechazos y adhesiones por igual – asegura, según el Consejo, la compatibilidad con el concepto de la explotación sostenible del recurso, al mantener el número total de buques por debajo del máximo recomendado y de los promedios históricos de los últimos años. Entre las condiciones impuestas para acceder al beneficio, se estableció la exclusión de propietarios, armadores o presentantes con algún tipo de vinculación con empresas que operan en la Zona Económica Exclusiva, sin el permiso acordado de conformidad con la Ley Federal de Pesca.

Control y prospección.
La actividad de control de la Armada y la Prefectura Naval, resultó este año en la captura de tres buques extranjeros pescando ilegalmente en agua nacionales. A la captura en febrero del coreano “DOO-AN 77” por parte de la Armada, siguió pocos días después, la del británico “JOHN CHEEK”, por parte de la Prefectura. A principios de marzo, nuevamente la Armada procedió a la detención de otro potero coreano, el  “KUN YANG 102”. La Subsecretaría de Pesca no perdió la oportunidad de capitalizar esta circunstancia y recordó que desde el inicio de la gestión del actual gobierno se capturaron doce pesqueros extranjeros en nuestra ZEE, y que en todos los casos fueron aplicadas fuertes multas y decomiso de la carga, con una recaudación de casi 14 millones de pesos para los tres años.

Los relevamientos y estudios científicos del INIDEP resultaron una vez más esenciales como herramientas para el asesoramiento en la toma de decisiones, y el conocimiento particular del comportamiento de este recurso, sobre el que parece haber mucho por conocer todavía. Deben lamentarse por tanto, los múltiples – y reiterados – problemas que han demorado las tareas de evaluación relacionadas con la próxima temporada. Crecen además las opiniones favorables a una organización de la pesquería, estructurada sobre vedas espaciales y temporales vinculadas con la realidad de las existencias, antes que sobre un calendario predeterminado, de menor sustento científico.

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Más allá de los contratiempos, nadie dudará en definitiva, en calificar los resultados de la pasada temporada de pesca del Illex Argentinus como muy positivos. Sin embargo, son aún numerosas y significativas las definiciones políticas pendientes y las consecuentes acciones, para lograr un correlato cierto entre la importancia y posibilidades que el caladero tiene en términos de esta especie, y la calidad de las normas, prácticas y beneficios relacionados con su explotación sustentable.
 
Daniel Molina Carranza
Presidente de la Fundación NUESTROMAR

15/01/07
NUESTROMAR

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