En el marco de la XXXI Reunión del Comité Científico de Investigaciones Antárticas, los países americanos dieron a conocer un programa de trabajo conjunto que permitirá a especialistas del sur investigar el Ártico y a sus pares del norte estudiar la Antártida.
En el marco de la XXXI Reunión del Comité Científico de Investigaciones Antárticas, los países americanos dieron a conocer un programa de trabajo conjunto que permitirá a especialistas del sur investigar el Ártico y a sus pares del norte estudiar la Antártida.
Un acuerdo que permitirá a expertos de ambos extremos del continente monitorear de manera integral los efectos del calentamiento global.
800 científicos de 40 países se dieron cita en la Argentina para asistir al congreso que cada dos años nuclea a especialistas en temas antárticos. Luego de comenzar en 2004 en Alemania y tener sedes en Australia y Rusia, el país sudamericano organizó la conferencia “principalmente, para que científicos y estudiantes de ciencias latinoamericanos pudieran interactuar con científicos destacados como los que descubrieron el agujero de ozono y los que vieron romperse las barreras de hielo”, y para que los investigadores pudieran compartir directamente con sus pares los resultados de sus trabajos, explica el Director Nacional del Antártico, Dr. Mariano Mémolli.
Uno de los anuncios centrales de la reunión fue el acuerdo entre los anfitriones y Canadá, que habilita a profesionales argentinos a trabajar en el Ártico y a especialistas del norte a conducir investigaciones en la Antártida. Si bien los dos países ya habían colaborado en el hemisferio sur con resultados positivos, “a medida que se globalizan las investigaciones, es fundamental que nuestros especialistas puedan trabajar en el Ártico”, destaca Mémolli. “Para un país importante en ciencias como lo es la Argentina, es clave que podamos tener trabajos en conjunto de los cuales nos beneficiemos mutuamente. Canadá va a mandar sus científicos a nuestras bases y ellos también van a incrementar su producción.” El Director del Instituto Antártico Argentino, Dr. Sergio Marenssi, explica que “es un convenio que no tiene precedentes y que a partir de su implementación, seguramente producirá resultados que enriquecerán nuestro conocimiento sobre las regiones polares y sobre su incidencia en el cambio climático y el calentamiento global.”
Mémolli agrega que factores como la presencia de poblaciones originarias y fauna migratoria en uno y otro polo generan condiciones de trabajo muy distintas en cada sector, pero que los estudios de ambos le permite a los especialistas evaluar de manera integral los efectos del cambio climático.
Si bien define al acuerdo con Canadá como un “logro sustantivo” de la Argentina, el Dr. Mémolli enumera algunos de los otros socios clave del país del sur. “La cooperación en prevención de la contaminación y accidentes navales que tenemos con Chile, en patrullas que se hacen con buques de los dos países para mitigar posibles derrames ambientales es algo muy fuerte. Con Brasil, hemos empezado proyectos de biología y geología. Con Perú, vamos a hacer un trabajo muy fuerte con respecto a temas logísticos, y a su vez, trabajamos en ciencia con Alemania, España, Italia, Japón, Estados Unidos, Rusia, Bulgaria, República Checa y otros.”
Lejos de quedar en el círculo académico, los líderes del comité tienen como objetivo transmitirle a la población la importancia de su trabajo. “Vamos a analizar las conclusiones, las vamos a poner en un lenguaje accesible y vamos a citar a los medios para comunicarles las conclusiones, los resultados y cómo se desarrollará la investigación en la Antártida para los próximos diez, 20 años”, promete Mémolli, y luego detalla las rutas de un camino largo pero diferente hacia una comprensión real de uno de los principales problemas del Siglo XXI. “Después, los directores nacionales de todos los países veremos cómo mejorar la cooperación para llevar adelante las investigaciones que nos proponen los científicos, con protección ambiental, manejo del turismo, comunicación, cultura, educación y arte. Este es el proyecto de nuestro país.”
La bacteria “devoradora” de hidrocarburos
Uno de los pilares del evento sobre la Antártida realizado en la Argentina fue la participación de los especialistas que condujeron cada una de las investigaciones. Observador Global entrevistó en exclusiva al Dr. Walter MacCormack, jefe del grupo de microbiología del Instituto Antártico, quien explicó los objetivos del proyecto “Genoma Blanco”.
¿Qué quería lograr el equipo con esta misión?
El proyecto Genoma blanco nació en colaboración con una empresa privada y el Instituto Antártico y la Dirección Nacional del Antártico. Tuvo varios objetivos que ya se cumplieron: la búsqueda y formación de cultivos bacterianos, la elección de una de esas bacterias que pudiera ser candidata a ser una especie nueva no conocida, y lo más relevante, la secuenciación completa del genoma de esa bacteria. Este proyecto apuntaba a encontrar una bacteria adaptada a las estrictas condiciones de la Antártida.
¿Por qué este interés en las bacterias antárticas?
Porque se las puede usar para enfrentar eventos de contaminación ambiental que puedan ocurrir en las cercanías de las bases, donde el efecto de la actividad humana puede estar produciendo ese tipo de problemas. Si bien la Antártida no tiene graves problemas de contaminación, en la cercanía de las bases, donde se usa derivados del petróleo para mover los vehículos, para calentar las casas, el manejo lleva inevitablemente a veces a afectar el suelo. La idea es utilizar procesos de biorenovación: aprovechar las características metabólicas de los microorganismos naturales para reducir la presencia de esos contaminantes. Los eliminan. En el caso de los hidrocarburos, lo transforman en agua, en dióxido de carbono. Lo transforman en algo totalmente inocuo.
¿Qué particularidades tiene trabajar en la región?
Dadas las características climáticas de la Antártida, la legislación y las estrictas reglamentaciones acerca de la introducción de organismos externos, ningún proceso de bioremediación se puede hacer con otro tipo de microorganismos que no sean los de la propia Antártida. Hemos investigado y probado bacterias que tienen la capacidad de usar petróleo y sus derivados como fuente de energía. Si uno favorece el desarrollo de esas bacterias en el suelo, estaría eliminando ese hidrocarburo contaminante que está en el suelo. No todos los casos son iguales: hay casos de contaminación crónica y ese es un problema particular. Si se rompe un tanque en una zona que no estaba impactada, es otro caso absolutamente diferente.
¿Qué expectativas tienen para la utilización de estas bacterias?
La idea es revertir o, por lo menos, atenuar la contaminación. Se puede hablar de un 80% de atenuación del contaminante que está en el suelo. El porcentaje remanente depende de su estructura química, de su asociación al suelo. Hay otros factores que lo hacen más difícil y que merecen otro tipo de estudio.
Por Karen Kesselbrenner
07/08/10
OBSERVADOR GLOBAL

