América del Sur arma su futuro

América del Sur arma su futuro

Tras haber superado con entereza la última crisis, la región se posiciona como una de las zonas del mundo con mejores posibilidades de complementación con la imparable economía asiática; qué inversiones pueden esperarse.

Tras haber superado con entereza la última crisis, la región se posiciona como una de las zonas del mundo con mejores posibilidades de complementación con la imparable economía asiática; qué inversiones pueden esperarse.

Como en un juego de mesa, el tablero muestra al mundo de los próximos 30 años y en él, las piezas que representan a los países de la región son de las que valen más puntos.

Algunos datos: el eje de la economía consolida su corrimiento hacia el Asia-Pacífico; la clase media emergente llegará a 1200 millones de personas de los cuales, la mitad serán chinos, y el resto latinoamericanos (buena parte brasileños) y africanos; crecerá la demanda de alimentos y el consumo per cápita promedio aumentará el 6,3% anual en los países en desarrollo hasta 2015.

Pero como en todo juego de estrategia, también existen las dificultades. En 2030, el 41% de las reservas de agua en Asia-Pacífico habrán sido utilizadas. Satisfacer la demanda de alimentos en los próximos años requerirá agregar 120 millones de hectáreas, y más de la mitad de esas nuevas tierras cultivables se encuentran en ocho países, 5 sudamericanos (la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia y Paraguay) y 3 africanos (Angola, Congo y Sudán).

¿Significa eso que América latina, y en particular América del Sur, tienen el futuro asegurado? "Ni."

Félix Peña, director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación Standard Bank, consideró razonable trabajar con la hipótesis de que las perspectivas pueden ser positivas, pero con algunas advertencias.

"Las tendencias son claras. Más gente se está incorporando desde las últimas dos décadas a la competencia económica global (como consumidores, trabajadores, emprendedores e innovadores), más gente vivirá en grandes ciudades y tendrá un poder adquisitivo de clase media, y ello implica cambios cuantitativos y cualitativos en la demanda de alimentos y de otros bienes de consumo. Son tendencias que no se limitan al Asia, se observan en otras regiones, incluso países de América del Sur. Los grandes compradores -China, por ejemplo- procurarán abastecerse en otros mercados de lo que necesiten. Pero querrán controlar las fuentes de origen (por ejemplo, comprando tierras, enviando sus empresas y también su gente) y agregar el mayor valor intelectual en su propio territorio aduanero. Ello porque necesitarán generar empleos de calidad para su gente y adaptar productos a sus propias preferencias sociales y culturales. Por ello, exportar commodities no será tan difícil, pero escalar en la cadena de valor de bienes requerirá de las empresas que operan en nuestro país un sostenido esfuerzo de desarrollo e incorporación de tecnologías de producción y de organización. Y ello, a su vez, de un marco favorable de estabilidad macroeconómica, política y social. Las oportunidades están. Muchos serán los que tratarán de aprovecharlas, incluso otros países de nuestro entorno. Saber aprovecharlas es un gran desafío abierto para la inteligencia y capacidad de trabajo en equipo de los argentinos."

Bernardo Kosacoff, director académico del Centro de Empresas, Competitividad y Desarrollo ITBA-Universidad San Andrés, destacó: "La naturaleza de las corrientes comerciales entre la región y China es casi exclusivamente interindustrial, es decir, China vende a América latina y el Caribe bienes manufacturados y esta le vende, sobre todo, materias primas. Esto dificulta la mayor densidad del comercio, deja menos espacio para inversiones conjuntas y limita una inserción más eficaz de los países de la región en las cadenas productivas de Asia-Pacífico, que tienen un carácter cada vez más intraindustrial".

"¿Es sustentable en el tiempo una relación de ese tipo?", preguntó La Nacion.

Para Osvaldo Rosales, director de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal, mientras sigan demandando lo que producimos, es viable el modelo, pero tiene dificultades. "Exportar con valor reducido genera limitaciones porque no provoca un efecto derrame en la creación de empleo, por caso. En materia de innovación, tecnología y aprendizaje, estamos muy rezagados. Sin el incremento de la productividad no podremos crecer ni achicar la brecha con los más desarrollados. Para la región se inicia una etapa que puede ser muy promisoria. Enfrentó muy bien la crisis; se vincula crecientemente con el motor de la economía del mundo del siglo XXI, pero lo hace con una estructura del siglo XIX. Hay que dar más espacio a la integración regional, ser más amigable con las pymes, construir una agenda colectiva de aproximación con Asia-Pacífico en la que se definan, por ejemplo, los estándares técnicos. Si todo eso no ocurre, puede que tengamos ciclos de crecimiento mayores o menores pero será sólo porque estamos siendo empujados por vientos de cola de la coyuntura internacional, sin planes propios."

Diana Tussie, investigadora de Flacso, cree que no es malo el modelo de exportar sólo materia prima, y que se puede sostener si hay políticas distributivas. "Un claro ejemplo es Noruega, con el petróleo, pero esto es una complicación para la Argentina porque el superávit comercial está en manos del Estado, pero la producción, en manos de los privados. Hay tensión y conflicto a la hora de hacer la distribución. No me preocupa el modelo de crecimiento, sino el de distribución."

Lucio Castro, director del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) se mostró convencido: "Esta es la oportunidad más grande que tiene la Argentina desde la primera globalización, en 1776, con la revolución industrial que vivió Gran Bretaña. Por primera vez desde 1930, la región es capaz de producir de modo competitivo lo que demanda la economía más dinámica del mercado: Asia-Pacífico". Dijo que producir sólo commodities no tiene nada de malo. "Noruega, Australia y Canadá son productores de minerales. No hay contradicción en la especialización de productos primarios y el crecimiento económico. El problema es ver qué se hace con la renta que eso genera. Esos países ahorran en momentos de vacas gordas, invierten en educación, salud e infraestructura. Nuestro patrón actual es interindustrial, pero no es un destino. Australia y Nueva Zelanda han tenido una creciente diversificación. Lo hicieron con negociaciones muy fuertes, con TLC y mejorando la competitividad de sus productos. Nosotros, por el contrario, hemos tenido una estrategia defensiva."

¿Cuáles son las grandes inversiones que puede esperar la región en los próximos años? Marcelo Elizondo, ex director de la Fundación ExportAr y presidente de la consultora DNI, respondió que la Unión Suramericana -aún uno de los proyectos para el futuro-, un conjunto de países que aglutina a 380.000.000 habitantes (tercer bloque del planeta), que llega a ser en conjunto el primer productor y exportador mundial de alimentos, contiene el 27% de toda el agua dulce el mundo, además de importantísimas reservas de minerales, petróleo y recursos energéticos, tiene problemas sociales, institucionales, económicos y políticos por superar, y es allí, según Elizondo, donde surge su atractivo para proyectos externos que quieran afincarse.

"La integración física, la energética, la financiera, la comunicacional son asignaturas en la agenda, como también las soluciones a la pobreza, la exclusión, la indigencia, la inseguridad (más de la mitad de los secuestros que ocurren en el mundo ocurren en la región)."

José Luis Machinea, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, cree que el principal flujo de inversiones a la región llegará para los sectores de infraestructura y bienes primarios. "El gran desafío es atraer inversiones que demanden mano de obra calificada. Perú está aprovechando de manera extraordinaria todo lo que tiene que ver con agroindustria. Atrae tanta inversión extranjera como la Argentina siendo un país mucho más chico. Tienen reglas de juego claras y una interesante política de TLC. Otro de los sectores con oportunidades interesantes es biocombustibles. ¿Autopartes? Tengo mis dudas. China e India están siendo cada vez más protagonistas."

El ex secretario ejecutivo de Cepal dejó algo en claro: "A la región le irá bien si al mundo le va bien, no sólo a Asia. Hay que tomar en cuenta que tal vez estemos frente a una W de la economía mundial. América latina dio señales de que esta vez hizo las cosas relativamente mejor y por eso el mundo la mira de otra manera".

Dijo Dante Sica, director de la consultora Abeceb.com: "América latina tiene una proyección de crecimiento importante, pero fundamentalmente para el largo plazo. Tanto a nivel productivo como en cantidad de habitantes, tiene un peso relativo menor que otras regiones, por lo que el desarrollo y crecimiento a futuro, debido al perfil muy marcado de ventajas comparativas, dependerá en buena medida de otros mercados. Por un lado, las estructuras productivas de los países de la región son similares, por lo que el grado de complementariedad es bajo y obliga a situar el objetivo en los mercados desarrollados o en los grandes emergentes de Asia. Pero, por otro, el desarrollo de los mercados regionales es relevante para la Argentina debido a que cuenta con sector industrial de mayor complejidad, que tiene por mercado prioritario a la región".

Las condiciones son buenas. Las predicciones, también. Lejos de una visión exageradamente optimista y asiáticodependiente, el futuro promisorio de la región parece encontrar una buena parte de los motivos para sonreír en tierras orientales. Habrá que arbitrar los medios para que las sonrisas sean duraderas y de las dos orillas.
Por Florencia Carbone

14/09/10
LA NACION

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