A 60 años del naufragio de la Goleta Emma

A 60 años del naufragio de la Goleta Emma

Se cumplen este sábado. Fue una goleta histórica que contribuyó a poblar la Patagonia. Está hundida frente al Deportivo Madryn, a unos 16 metros de profundidad y unos 1.500 metros de la costa.  Por – Federico Méndez Larsen.

Se cumplen este sábado. Fue una goleta histórica que contribuyó a poblar la Patagonia. Está hundida frente al Deportivo Madryn, a unos 16 metros de profundidad y unos 1.500 metros de la costa.  Por – Federico Méndez Larsen.

La Goleta constituye un parque submarino. Participó de heroicos rescates, y contribuyó a asentar poblaciones en el extremo sur. Hoy descansa en el Golfo Nuevo. En una pleamar de un luminoso amanecer del 6 de diciembre de 1946, sus ansias de mares y caletas despertaron de pronto y desplegaron sus gastadas velas azotadas por el viento patagónico zarpando del muelle viejo de la Swift de Río Gallegos hacia Puerto Madryn ,a la pesca del cazón ,sin presentir que ése seria su viaje final.

Una Goleta rodeada de historia  y leyendas que comienzan desde el mismo pueblo en que fue construida, en Bath, Estado de Maine (EE.UU) en 1883, cruzando luego todo el Océano Atlántico desde Portland hasta Punta Arenas. Fue lobera en el
Golfo de Penas, en la Isla Lennox y en Bahía Sllogett, sorteando los acechos y laberintos del Estrecho de Magallanes y la Isla Grande de Tierra Del Fuego, para navegar en el paradisíaco y fantasmal Cabo De Hornos. Nada hacia mella a la Emma
y cuando fue requerida, también enfrentó al Mar de Wedell, en el Portal de ingreso al Polo Sur, al rescate de 22 tripulantes del bergantín Endurance, quienes se encontraban ya cerca de dos inviernos y sus destinos estaban signados por la resignación y muerte sino fuera la valerosa empresa del Jefe  de la expedición imperial Tras Antártica, Sir Ernest Henry Shackleton.

Así,  un 12 de julio de 1916 la Emma parte rumbo a la Isla Elefante, uno de los lugares más inhóspitos del planeta, con la conducción de su Capitán Otto Fugellie y su 2do León Aguirre Romero, llevando a su bordo a Sir Shackleton, el capitán del Endurance Frank Worsley y el 2do Oficial Thomas Crean.

Esos pack, que Shackleton bien llamara "ciudades de hielo", llegaron también a presionar a la Emma, siendo rescatada por el escampavias de bandera chilena «Yelcho». Con sus motores desechos y la pérdida de su hélice, partió rumbo a las
Islas Malvinas, donde consiguió una reparación parcial y desde allí a vela hasta Punta Arenas.

Pasan los años y ya más sosegada por la impiedad de los procelosos mares, también su proa contribuye a erradicar el aislamiento y a establecer asentamientos poblacionales en las costas santacruceñas, fueguinas, de Magallanes y establecimientos ganaderos ribereños. En su último acto sublime, la Emma buscó un  remanso de paz en las Profundidades del Golfo Nuevo con sus cristalinas aguas. Nos queda el consuelo de saber que sus restos no sufrieron el prosaico final de un desguace, sino que su dignidad la llevó a enfrentar el fin con hidalguía, emprendiendo su último viaje por ese mar patagónico que tanto había singlado, que la acunó con el ritmo de las olas en tiempos de bonanza y supo enfrentar con coraje las furias de sus aguas. Ese mismo mar que no quiso ya, vieja y cansada, fuera a dar con sus restos en una ignota playa o perderse de a poco.

Tal vez como una muestra de su infinito respeto quiso tener el privilegio  de acogerla en su seno… Y allí descansa ahora, hundida, pero no vencida.

Orgullosa de su ocaso entregó sus cuadernas a las profundidades del Golfo Nuevo, porque el mismo mar que la amó, también quiso retenerla. ¿Una leyenda? No lo sé.

Sí puedo asegurar que su vida marinera no acaba aún en las profundidades. Allí están diseminadas sus viejas cuadernas y de nobles robles, añorando las singladuras de tiempos de gloria y presencia de infinito embrujo. Aún yerguen desde las profundidades del Océano marcando rumbos de nuevas aventuras que han de llegar al Parque Submarino que lleva su nombre. Esa es su misión. Mito… y tal vez, no se extinguió como se apaga una lámpara sin aceite o el humano
espíritu sin luz, se aferra a las fuerzas de la naturaleza que fue  su inseparable compañera, cincelando en lo místico y mítico.

El sábado, se cumplen 60º años de su naufragio y aún la leyenda continua…

(*) El autor es nieto del Capitán de la Goleta Emma.  
 
20/01/07
EL CHUBUT

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