2010, el año de la caballa

2010, el año de la caballa

La scomber japonicus bate el récord de desembarques para esta época del año y fue un desahogo para muchos armadores. Alta demanda externa explica el fenómeno, que todavía no terminó.

La scomber japonicus bate el récord de desembarques para esta época del año y fue un desahogo para muchos armadores. Alta demanda externa explica el fenómeno, que todavía no terminó.

Así como hace un par de años la flota marplatense se encontró sorpresivamente con una sobreabundancia de merluza de cola que le permitió disimular la reducción obligatoria de merluza hubbsi, el 2010 es sin dudas el año de la caballa.

La scomber japonicus le permitió a muchos armadores no sólo evitar pescar merluza, sino hacer una diferencia considerable en un contexto donde el nivel de rentabilidad no es el de otros tiempos.

“La caballa siempre estuvo, lo que faltaban eran compradores internacionales porque alcanzaba para atender a las conserveras que hacían mercado interno”, señala un bróker consultado por REVISTA PUERTO, que todas las semanas está enviando tres contenedores con el recurso entero hacia Perú. En aquel país fracasó la zafra y comenzó a demandar el magrú nacional.

China es el otro actor que ha entrado a escena en la industria local. Las empresas que representan al país en Mar del Plata no paran de comprar y enviar al exterior. Lo hacen en cajas de 18-20 kilos, con piezas individuales superiores a los 300 gramos, pero inferiores al medio kilo.

“Nadie compra caballa de menos de 300 gramos, pero no hemos tenido problemas en cuanto a la calidad del recurso porque ha sido espectacular durante toda la zafra”, dice Guillermo Soldini, armador de tres buques que fueron a caballa este año. Los costeros “Constancia” y “Don Vicente Vuosso” y el fresquero de altura “Madre Divina”. “A muchos los salvó porque el año venía complicado, con suba de costos y precios estables”, remarcó.

Soldini es proveedor exclusivo de caballa y anchoíta para la empresa La Campagnola. También le vende a “Engraulis”, la sucursal argentina que está en Necochea, de la conservera española Freddo. “La anchoíta también tuvo muy buena calidad, con 34/35 piezas por kilo”,

El entusiasmo de Soldini se repite a medida que uno camina por el muelle donde descarga la flota fresquera o en el muelle 10, “La Isla”, sobre la Escollera Sur, dominada por los buques costeros. El sábado al mediodía el movimiento de descargas era intenso.

Hasta mediados de este mes de septiembre, la Dirección de Control Pesquero de la Subsecretaría de Pesca contabilizaba 6.354 toneladas de caballa, casi el doble de lo desembarcado el año pasado en el mismo período. Pero datos extraoficiales ya superan el nivel de descarga en las 7 mil toneladas. Todo un récord para esta época del año.

De todas formas hace falta muchos más cajones para alcanzar el récord del 2008, cuando se desembarcaron 13.353,9 toneladas de caballa, un volumen bastante superior al establecido por el Gobierno nacional, en 8.100 toneladas. El año pasado se mantuvo ese mismo nivel de captura máxima porque no se había podido realizar la evaluación acústica. Este año dicha campaña acaba de cancelarse y los investigadores siguen sin tener datos precisos de primera mano de lo que ocurre en la pesquería.

Para que la zafra de la caballa sea un fenómeno sin precedentes mucho tuvo que ver también la decisión oficial de permitir que la flota de altura de entre 25 y 29 metros de eslora pueda intervenir en el área de esfuerzo restringido dispuesta en torno a “El Rincón”. Habilitaron para este segmento el cuadrante 4060, con obligaciones puntuales para los armadores.

Con esta licencia del Consejo Federal Pesquero, los armadores que no tenían historia en la captura del variado costero, gozaron de más de un bimestre con un recurso en abundancia, a no más de 25 horas del puerto de Mar del Plata y con apetencia en los mercados internacionales.

El talón de Aquiles de la zafra es la poca demanda de mano de obra que la misma genera. La caballa es como la corvina: no necesita de mucho procesamiento. “Como viene de los cajones, se la lava, acondiciona, se acomoda bien y se congela entera”, contó un colaborador de la empresa Ardhaphez, una de las que más ha comprado caballa en estos meses.

Otro dato singular de esta temporada lo marca el calendario. Según los informes del INIDEP, históricamente los dos stock de caballa –al norte del paralelo 39º S y a otro al sur, en el 39º40’ y 41º 30’ S– se capturaba desde octubre y hasta enero, cuando la temperatura del agua supera los 19 grados, en que los adultos se retiran hacia aguas intermedias de plataforma de menor temperatura.

Pero a días de comenzar octubre, la flota acumula casi 7 mil toneladas, de las cuales más de la mitad correspondió a buques fresqueros de altura, y pese a mostrar ondulaciones en los niveles de rendimiento, no son pocos los buques que la siguen pescando como especie objetivo.

La primavera de la caballa no sólo ha sido disfrutada por la flota de mediana altura y la costera –históricos junto con las lanchas en su captura con red de media agua–, sino también buques de mayor porte de empresas como Solimeno, Moscuzza, Valastro. Ni hablar de los del Grupo Baldino.

Al recorrer los muelles la bronca de los armadores más pequeños surge casi espontáneamente. Nadie quiere quedar “pegado” como el único enojado, pero todos le apuntan a las empresas grandes por su participación en una pesquería en la que no tenían historia.

“Quebraron el mercado, lo hicieron puré”, contó un pescador de un buque costero, resignado por la abrupta caída del precio. “Cuando comenzó la temporada, vendimos a 2,80 pesos por kilo”, contó con precisión. “Pero un día llegaron el “Virgen María” y el “Promac”, (Solimeno), con 7.500 cajones y el precio bajó a 2,30 pesos”. Desde ese momento, el precio nunca más repuntó. Y se siente en la liquidación de cada viaje donde el salario es dominado por lo que se produce.

A los buques de Solimeno los acompañaron otros de Moscuzza y varios más con una capacidad de bodega superior a los 5 mil cajones. Con oferta sostenida, el precio de desplomó. En el epílogo de la zafra, hubo días en que se perforó el piso de los 2 pesos. “Ahora hay días que aparece, otros en que no y está más al sur”, reconoce Soldini. “Si, el precio ya no es el mismo que al comienzo, pero es lógico”.

Para colmo, por su capacidad de pesca, a los compradores les seduce más el pescado que traen los barcos grandes, que los chicos, donde los cajones tienen más kilos para hacer una mayor diferencia.

“Ves la caballa que trae el “Virgen María” y parecen bombones”, declaró un inspector que monitoreó la descarga durante varias mareas. Dicen que Solimeno mandó a construir una red especial de media agua para enfrentar con éxito la zafra. Aunque quienes conocen del tema barcos y artes de pesca, dudan mucho que ese buque pesque con red de media agua.

La abundancia de caballa ha puesto en jaque la disponibilidad de las cámaras frigoríficas. Los chinos compran porque tienen gran capacidad de frío. Exportan pero también hacen stock para cuando el precio remonte. Si les sobra, tienen a mano la apetencia de las conserveras para ubicar lo que les quedó.

La poca disponibilidad de frío se explica por la repentina abundancia de calamar. La flota potera completó las cámaras y cuesta encontrar espacio. “Están cobrando 160 pesos mensuales por tonelada para mantenerla congelada”, confesó el broker.

En toda historia hay ganadores y perdedores. En esta de la caballa, y como desde hace varios años, el rol de los perdedores le cabe a las embarcaciones de rada ría y principalmente a las lanchas amarillas. En este contexto de adelantamiento de la zafra, no tienen posibilidades de acceder a ambos recursos. Y si lo hacen, la ecuación económica no los favorece: escaso volumen y bajo precio.

Así como está claro quiénes ganan con la caballa, cansa un poco que sean siempre los mismos.
Por Roberto Garrone / Fotos de Diego Izquierdo

27/09/10
REVISTA PUERTO

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