La muerte de un obrero naval desnuda la precariedad del puerto de Mar del Plata

La muerte de un obrero naval desnuda la precariedad del puerto de Mar del Plata

Osvaldo Nicolas Monteros murió el viernes luego de caerse de un barco pesquero en la sección 11 del puerto marplatense, donde trabajaba como electricista naval. Fue el tercer trabajador que cayó al agua el último mes. Dirigentes reclaman mayores controles y el SAON desconoce la protesta.

Otra vez una muerte para desnudar el nivel de precariedad y descontrol con el que se trabaja dentro de la jurisdicción portuaria en una zona certificada bajo el código PBIP de Mar del Plata.

Osvaldo Nicolás Monteros, 31 años, era electricista naval de la empresa Ingeleco SRL, dedicada a reparaciones electromecánicas para Solimeno. El viernes estaba trabajando sobre el Virgen María, amarrado a muelle en la sección 11 a metros del ingreso a las terminales 2 y 3 cuando por causas que se investigan cayó al agua.

Quien notó su ausencia fue uno de sus compañeros que lo estaba esperando para almorzar. A los pocos minutos descubrió su cuerpo flotando en el espejo interior y dio inmediato aviso a Prefectura. La ambulancia tardó media hora en llegar y el gomón de Prefectura no tenía plumín para levantarlo.

Se cree que por alguna razón intentó cruzar al Rasmus Effersoe, amarrado en primera andana, o volvía del Rasmus al Virgen María. La caída no tuvo testigos y desde Prefectura al cierre de esta edición todavía no habían informado los resultados de la autopsia.

Entre los trabajadores contaron que en Ingeleco SRL tiene participación el hermano de Hugo Gurín, ingeniero naval y gerente Técnico de la empresa Solimeno.

“No había planchada ni red de protección. Hay que saltar entre los barcos con los elementos de trabajo. Tubos de oxígeno, autógenas, cajas de herramientas… si no saltás no trabajás”. Quien cuenta la realidad arriba de los barcos es Carlos Leguizamón, otro obrero naval como Monteros.

Leguizamón es uno de los pocos trabajadores que el sábado se manifestó frente al acceso de las Terminales 2 y 3 y reclamó por mayor seguridad y mejores condiciones de trabajo. “Nos controlan a nosotros, nos piden miles de papeles y cursos para estar habilitados, pero no ven o no quieren ver que no hay planchadas ni elementos de seguridad”, agrega Leguizamón. Es herrero para “Arrufo”, otra empresa con la que Solimeno terceriza trabajo naval arriba de su flota.

Son las 8 de la mañana del sábado y el grupo que se manifiesta y se declara en duelo por la muerte de Monteros e impide el acceso a las terminales 2 y 3 no llega a las 30 personas. Aplauden para sacarse un poco el frío y cada tanto gritan “Seguridad, Seguridad”.

La muerte de un operario portuario no genera la solidaridad de ninguno de los otros gremios vinculados a la actividad. A decir verdad, ni siquiera la del propio Sindicato Argentino de Obreros Navales (SAON). Uno de los dirigentes de Comisión Directiva nacional, Roque Vargas, desconoce avalar el reclamo y el corte ante un miembro de Prefectura que le pedía explicaciones.

El gremio había enviado un comunicado en la tarde del viernes cuando tomó trascendencia la muerte del operario, en el que declaraba el duelo y avisaba la interrupción de todas las tareas en muelles para ese sábado. Mucho alcance no tuvo el comunicado porque el grupo que se manifestaba tuvo que parar el ingreso de una cuadrilla que se disponía a entrar al puerto por el acceso peatonal.

Monteros no fue el único que cayó al agua mientras trabajaba a bordo de un barco, aunque sí el de peores consecuencias. El miércoles pasado, mientras operaba el buque portacontenedores Arsos en la sección octava, un estibador de Hipocoop cayó al muelle y luego al agua, sufriendo graves heridas y fracturas. Su pronóstico es reservado.

Unos días antes había sido un trabajador de Moscuzza que perdió el equilibrio y tuvo que ser rescatado del agua. El miércoles los bomberos tuvieron que acudir a apagar un incendio en el buque Navegantes, sobre la sección décimotercera.

Desde la agrupación Azul y Blanca, línea opositora a la conducción del SAON, y que había promovido la manifestación y el corte en los accesos a las terminales, decidieron levantarlo a media mañana y caminar hasta Prefectura para intentar encontrarse con el Prefecto Moya, jefe de la fuerza en Mar del Plata, para tratar de que haya mayores controles sobre medidas de seguridad que no se aplican en el muelle.

Luego de esos casos se renuevan todos los compromisos de mayores controles y fiscalizaciones. La rigurosidad dura lo que un suspiro y los controles se diluyen a medida que pasa el tiempo y los obreros vuelven a naturalizar los riesgos, que terminan formando parte de su rutina. Hasta que vuelve a ocurrir una tragedia y todo vuelve a comenzar. Indignación, reclamos, compromisos, controles…

Este lunes por la mañana los trabajadores se convocarán en asamblea a partir de las 7 para definir los pasos a seguir. Ojalá reciban el acompañamiento de otros trabajadores portuarios porque la precariedad y falta de controles con que deben desempeñarse en los muelles del puerto no distingue oficios ni gremios. (ROBERTO GARRONE – REVISTA PUERTO) #NUESTROMAR

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