Historias de buques y lanchas de presidentes argentinos

Historias de buques y lanchas de presidentes argentinos

Bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se decidió la compra de la denominada “escuadra de hierro” o “escuadra de Sarmiento”, compuesta por diez buques de diferentes características, que serán los primeros de guerra y adaptados para la navegación fluvial que tuvo el país. Sarmiento le dio neta preponderancia de estado al reguardo de los ríos interiores.

Construidos en el astillero Cammell, de Laird Brothers, en Birkenhead, Inglaterra, fueron arribando al país entre 1874 y 1875. Entre ellos, llegó hasta nuestros días como museo, la querida corbeta cañonera Uruguay, que siendo ya veterana fue modificada para convertirse en nuestro primer barco antártico.

Junto con la llegada de este grupo de buques, fue transportada a medio armar, a bordo de un paquete de la Royal Mail y modo de “obsequio” para Sarmiento, una lancha a vapor. El sanjuanino nunca vio con buenos ojos este regalo, que inmediatamente rechazó y ordenó se incorpore a la Armada Nacional como un bien del Estado Argentino, además de disponer que no se den ni siquiera las gracias.

Amante del Delta, Sarmiento solo la utilizó para trasladar autoridades hacia las islas, a fin de promocionar las bondades de ese lugar privilegiado por la naturaleza con un futuro promisorio.

Si bien la Talita, fue utilizada posteriormente a ser presidente, aunque algunos la consideren, nunca fue lancha presidencial.
Si cumplió funciones de buque auxiliar en Tigre desde 1874. En los incipientes Talleres de Marina del Río Luján, en la Capitanía de Puertos, realizando viajes a Buenos Aires y La Boca.

Llegados los restos del General José de San Martín desde Francia en 1880 a bordo del transporte Villarino, la Talita remolcó la falúa que transportaba el pesado triple ataúd hasta el muelle. Mantuvo una larga actividad como buque de servicio. Entre 1905 y 1931 fue asignada a la Prefectura General Marítima, hasta que por no ser redituable su mantenimiento, fue abandonada en una de las márgenes del río Tigre.

El Camalote era un imponente barco construido en el astillero Max Oertz de Hamburgo en 1922, a pedido del banquero Carlos A. Torquinst para la navegación del Delta. Zarpó de Alemania con destino a Buenos Aires en un hecho sorprendente, pues no estaba preparado para afrontar una larga navegación oceánica. Tuvo su amarra frente a la quinta de su propietario en Tigre, sobre el Luján. Realizó visitas a Iguazú, Corrientes, Concordia, Mercedes en Uruguay y Montevideo. Fue utilizado además, como barco de comisión de regatas en el río Luján y el de la Plata. Contaba con seis camarotes, dos con bañadera, comedor, cuchetas para cuatro personas. El salón comedor principal, separado del salón de fumar ubicado en proa, tenía capacidad para diez y seis personas, un piano y una radio.

El 3 de agosto de 1936, el Camalote fue vendido en remate al Ministerio de Marina, para uso del Presidente de la Republica, en ese entonces Agustín. P.Justo, en reemplazo del yate Adhara, que cumplía actividades como barco presidencial, usado también por ministros o secretarios de Marina desde 1912.

Con matrícula de la Armada Q-72 y rebautizado Tequara, prestó servicios a los presidentes. Se dice que fue Juan Domingo Perón, quien más lo utilizó. Tuvo su lugar de apostadero frente al Museo Naval, en la margen derecha del río Luján.

En 1967 el General Onganía cruzó a Uruguay y dos años después llegó hasta Paraguay, En 1987 el Dr. Raúl Alfonsín agasajó a bordo a la Presidente de Malta, y fue quizás este evento, el último realizado oficialmente abordo.

A través de los años sufrió transformaciones en su distribución interna y también en perjuicio de la calidad de sus materiales originales, como paneles de roble reemplazados por aglomerado laminado o muebles de caña, rattan y mimbre por otros de menor manufactura y valor.

A partir de 1986 el buque padeció el abandono y desinterés del gobierno, amarrado en el Apostadero Naval de San Fernando. En 1992 el Tequara fue adquirido en licitación pública por el astillero Poseidón cuyo presidente era el empresario Juan Taylor, en la suma de 63.000 dólares.

El proyecto del comprador, consistía en restaurarlo para que continúe su vida como barco de gran lujo para navegación del Delta, pero su evaluación fue negativa y se consideró entonces que salvo los motores y el grupo electrógeno, el resto era inservible y sumamente costoso.

Finalmente el Tequara fue desguazado y todas sus piezas y accesorios vendidos. El patrimonio histórico cultural de los argentinos se va perdiendo sutilmente o no en forma continua, se podría comparar con esas enfermedades silenciosas que terminan siendo irreversibles y fatales.

Estos son dos ejemplos de desidia? o falta de conciencia de identidad y sentido de pertenencia de la que carecen muchos argentinos, algunos lamentablemente con capacidad de decisión. Patrimonio de todos que se esfuma disimuladamente cubierto bajo un impermeable manto de olvido.

Por razones obvias el Museo Naval de la Nación no puede mostrarle a sus visitantes, ninguna pieza original de estos dos barcos, pero si, puede darles la bienvenida a su biblioteca “Capitán de Navío Juan Carlos Sidders”, donde encontrarán material bibliográfico relacionado con nuestras historias náuticas comunes como sociedad. (Pablo Pereyra – HISTARMAR) #NUESTROMAR

0 0 vote
Article Rating

Compartir nota en las redes →

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x
Ir arriba