Una expedición sale a explorar Zelandia, un continente perdido bajo el mar

Casi el 95 % de ese territorio está sumergido, y sus dos principales tierras en superficie son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Casi el 95 % de ese territorio está sumergido, y sus dos principales tierras en superficie son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

 

Una expedición científica zarpó hoy desde Australia para explorar Zelandia, una gigantesca masa terrestre esencialmente sumergida considerada por algunos expertos como un “nuevo continente”. Esta afirmación está lejos de crear consenso, al igual que el número de continentes existentes, que fluctúa entre cuatro y siete.

Zelandia, que se desprendió del supercontinente de Gondwana hace 75 millones de años, tiene una superficie de 4,9 millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a la mitad de Canadá. Casi el 95 % de ese territorio está sumergido, y sus dos principales tierras en superficie son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Investigadores australianos, neocaledonios y neozelandeses publicaron en febrero en GSA Today, el diario de la Sociedad Estadounidense de Geología, un artículo que detalla las razones por las que Zelandia, de cuya existencia se habla desde al menos 1995, debería ser considerada un continente.

Para ellos, Zelandia responde a los cuatro criterios fundamentales de la definición de continente. En el artículo citan la elevación de esta masa en comparación con los alrededores, explicando que sus límites son el punto donde las planicies profundas se encuentran con el talud continental, entre 2.500 y 4.000 metros de profundidad. El punto más alto del continente sería el monte Cook en Nueva Zelanda (3.754 metros).

También hablan de su propia geología, su forma bien delimitada y la estructura y espesor de su corteza. Solo 25 kilómetros separan esta masa del continente australiano en la parte más estrecha, pero, según los científicos, la fosa oceánica se sumerge a 3.600 metros de profundidad.

El Joides Resolution, un barco científico utilizado para las perforaciones en el mar, zarpó hoy del puerto de Townsville, en el Estado de Queensland (Australia), para extraer muestras con el objetivo de comprender mejor la evolución geológica de la zona desde hace decenas de millones de años.

Las rocas y sedimentos extraídos serán estudiados a bordo. Estas muestras supondrán un avance en el conocimiento de la historia oceanográfica de la zona o incluso de sus fenómenos climáticos y tectónicos.

Jerry Dickens, uno de los responsables científicos de la expedición, señaló especialmente la importancia del lugar para los estudios climáticos. “A medida que Australia se desvió hacia el norte y que el mar de Tasmania se extendió, los esquemas de circulación han variado, al igual que las profundidades del agua alrededor de Nueva Zelanda”, explicó este experto de la Universidad de Texas.

Neville Exon, de la Universidad Nacional de Australia, destaca que la expedición de dos meses esclarecerá también los cambios tectónicos en acción desde la formación del Anillo de fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica, hace 53 millones de años.

Uno de los principales colaboradores del estudio publicado en febrero, Nick Mortimer, explicó que los investigadores reunían desde hace 20 años elementos que defienden la existencia de un continente. Pero sus esfuerzos se vieron dificultados por el hecho de que Zelandia se encuentra bajo el agua. “Si pudiésemos vaciar los océanos, las cadenas montañosas y esta enorme masa continental saltaría a ojos de todos”, agregó.

Pero antes incluso de saber si estamos ante la presencia de un nuevo continente, las opiniones divergen sobre el número actual de ellos, que fluctúa, según los puntos de vista, entre cuatro y siete. Por su parte, los autores del estudio afirman que Zelandia sería el séptimo en términos de tamaño, después de África, Eurasia, América del Norte, América del Sur, la Antártida y el continente australiano.

“El interés científico de clasificar Zelandia como un continente va más allá del hecho de añadir un nombre a la lista”, escriben. “Que un continente pueda estar tan sumergido pero sin fracturarse es útil para comprender la cohesión y la destrucción de la corteza continental”, concluyen los expertos. (CLARÍN)

03/08/2017

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