Submarinos nazis hacia Maracaibo

Durante el carnaval de 1942, la Marina de Guerra del Tercer Reich atacó los tanqueros que navegaban desde Maracaibo hasta las refinerías de las islas.

Durante el carnaval de 1942, la Marina de Guerra del Tercer Reich atacó los tanqueros que navegaban desde Maracaibo hasta las refinerías de las islas.

El petrolero Tía Juana recorre la fresca noche navegando a treinta kilómetros costa afuera de Punta Macolla, en el estado Falcón. Son las dos y media de la madrugada del lunes 16 de febrero de 1942. En el instante justo cuando el reloj indicaba las 2:44 am una explosión en el tanquero británico genera llamas de varios metros de alto iluminando la noche.

A casi una hora de la tragedia del Tía Juana, otro tanquero, que también venía del Lago de Maracaibo, apareció a la vista de los pocos que escaparon; era el buque venezolano Monagas. No transcurrió mucho cuando un gran resplandor, acompañado de una atronadora explosión, revelaba que el barco de la compañía Mene Grande seguiría un destino similar. Al Monagas le fue peor: a las 3:42 am otra explosión aceleraba su hundimiento. Dentro del Monagas, se repetirían dramas similares a los del Tía Juana. Se sabe de un tripulante que saltó por todo lo alto de la popa en su desesperación por escapar; de lograr sobrevivir la altura, abajo lo esperaban las gigantescas hélices del barco aún funcionando.

Para Ermencio Semeler, sobreviviente del Tía Juana, era más fácil mantenerse a flote con ayuda de un salvavidas que halló. Sin embargo, a pesar del frío y el agotamiento, guardaba esperanzas. Fue entonces cuando apareció el Ramona al rescate del Monagas. Los tripulantes pensaban que la explosión era accidental y no producto de la guerra. Allí fue cuando se percataron del solitario Ermencio. Al rescatarlo le preguntaron qué había sucedido, a lo que él gritó: “¡Torpedo! ¡Torpedo!”.

A las 4:30 am, ya para amanecer y a bordo del submarino U502, el capitán Jürgen von Rosenstiel atisbaba por el periscopio a su tercera víctima, que sería el petrolero británico San Nicolás. Von Rosenstiel dio la orden de disparar. Un plateado torpedo salió del sumergible, sus siete metros de largo llevaban doscientos ochenta kilos de explosivos a una velocidad de treinta y cinco nudos. A los pocos segundos de reco-rrido, el cilindro penetró el casco y al estallar mató a tres hombres. A los veinte minutos, viendo el alemán que el impacto no era suficiente, ordenó acercarse y lanzó otro torpedo que estalló debajo del barco y lo partió a la mitad. El U502 no estaba solo; otros dos submarinos estaban esa noche en las aguas al oeste de Venezuela: el U67, comandado por Günther Müller, acosaba Curazao; mientras el U156, de Werner “Perro loco” Hartenstein, tenía la orden de iniciar esa misión conjunta en la costa cercana a la refinería de la Standard Oil en Aruba. Finalmente, entre Paria y Trinidad navegaba el U161 capitaneado por Albrecht Achilles.

Los submarinos nazis hacia Venezuela habían partido de los puertos en la Francia ocupada hace menos de un mes, atravesaron todo el Atlántico y tenían la misión de hundir petroleros, cargueros y otros barcos al sur del Caribe, y particularmente atacar las refinerías de las islas holandesas. Todos los submarinos lograron sus objetivos excepto el U156 que, a pesar de hundir dos tanqueros, no pudo cañonear la refinería de Aruba al estallar su arma principal de ciento cinco milímetros por un error de sus artilleros; uno murió por la explosión y el otro perdió un pie.

Esa noche murieron cinco venezolanos en el Monagas y cuarenta y siete extranjeros en los otros seis buques atacados. La mayoría de los heridos fueron atendidos en Maracaibo. El Universal reseñó los ataques el día miércoles 18, dedicándole portada, cuatro páginas internas y su editorial. La Armada norteamericana basada en Aruba y Panamá no detectó los U-boats, mientras la Marina venezolana se dedicó a rescatar sobrevivientes.

Luego de la incursión del 16 de febrero, esos submarinos lograron más victorias en el Océano Atlántico antes de ser hundidos con casi todas sus tripulaciones, incluyendo sus capitanes, antes de finalizar el año 1943. El daño que infligieron fue pagado en cierta forma.

No obstante a este acto de guerra, el Presidente Isaías Medina mantuvo su neutralidad. Muchas voces en nuestro país, como las reflejadas en ese editorial, clamaron por la entrada de Venezuela al conflicto; sin embargo, durante la guerra más grande que ha vivido la Humanidad, no se volvieron a dar ataques similares en nuestros mares como los de aquella terrible noche que casi nadie recuerda. En el 2009 el cine venezolano produjo un film de ficción con mucho romance y espionaje, aunque los hechos reales son estos.
Fuente:
www.códigovenezuela.com
Clemente Valladares

11/03/11
NMIDIGITAL

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