La expedición de científicas argentinas al continente blanco

Marianella logró llegar hasta los confines mismos del gran continente blanco. Y lo hizo con su equipo de mujeres. Investigadoras, científicas, emprendedoras. Arrancaron un buen lunes de enero sabiendo que no cualquiera llega a La Antártida. Y sabiendo también, con certeza, cuándo se abre la gran puerta al gigante blanco pero no cuándo se logra salir. La lejanía y el clima imponen su puño de hierro por aquellos lares.


Marianella logró llegar hasta los confines mismos del gran continente blanco. Y lo hizo con su equipo de mujeres. Investigadoras, científicas, emprendedoras. Arrancaron un buen lunes de enero sabiendo que no cualquiera llega a La Antártida. Y sabiendo también, con certeza, cuándo se abre la gran puerta al gigante blanco pero no cuándo se logra salir. La lejanía y el clima imponen su puño de hierro por aquellos lares.

Marianella Talevi, doctora en Ciencias Naturales de Roca, investigadora del Conicet y docente de la UNRN; Ornela Constantini, geóloga de la Universidad Nacional de La Plata: Laura Chornogubsky paleontóloga de la UBA, Magalí Cárdenas, técnica de la UNRN y Verónica Ayala –paramédica de Cascos Blancos– encabezaron la primera campaña conformada íntegramente por mujeres.

Lograron no solo llegar (ingresaron en algunos casos por segunda vez) sino también adentrarse en la indomable majestuosidad de esa alejada porción de tierra que esconde tesoros paleontológicos invaluables.

Fueron más de dos mil kilómetros que las separaron de su familia, de su rutina, de su lugar, durante bastante más de un mes. 38 días (para ser exactos) con las 24 horas que religiosamente marca el reloj durante cada jornada, quedaban chicas para tanto trabajo y exploración soñada.

Lejos del hogar, de las oficinas, del laboratorio, del trabajo, los días transcurrieron entre aviones militares, helicópteros, guías, apoyos logísticos, refugios y caminatas de kilómetros y kilómetros, en la más fría intemperie.

Pero los resultados quedaron a la vista: más de 22 cajones se cargaron con pequeños trozos de historia. Alrededor de un centenar de muestras, de restos de fantásticos reptiles marinos que alguna vez –hace más de 60 millones de años– rebozaron de vida. Que surcaban y jugueteaban por mares turbulentos.

Trozos de cráneos perfectamente conservados, pedazos de columnas articuladas de Mossasaurios y Plesiosaurios fueron hallados en la formación llamada López de Bertodano por las científicas argentinas. Son reptiles marinos que vivieron en la misma época que los dinos, pero retornaron secundariamente al mar y tenían sus miembros transformados en paletas. Monstruos enormes de cuerpo esbelto y cabeza estrecha, algunos, que llegaron a medir hasta 17 metros de largo. Algo así como el “mítico Nahuelito”, para graficar.

La campaña paso a paso

Un 18 de enero partieron rumbo al continente blanco. La campaña llegó a su fin un mes más tarde, aunque por problemas técnicos y climáticos debieron permanecer allí algunos días más, hasta el 24 de febrero

–¿Cómo es pisar el suelo de La Antártida?, consultó “Río Negro” a Talevi, de 37 años y mamá de dos nenas de 8 y 9 años.

–Y, es mágico. Nunca sabés cuando entrás y menos cuándo salís. Esta es la segunda vez que pude ir y es increíble. Gracias a Marta Fernández, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata, mi mentora, Marcelo Reguero y Jorge Lusky del Instituto Antártico Argentino, son quienes me han dado la oportunidad de ir a la Antártida. Me tocó ser la jefa de grupo, éramos todas mujeres, no nos conocíamos y resultó fantástico.

Las científicas permanecieron en un refugio alejado de la base Marambio, donde solo se podía acceder en helicóptero. Sin acceso a la telefonía (“solo en un cuadradito del lugar a veces teníamos señal), alejadas de cualquier otro modo de comunicación que no fuera el ‘cara a cara’.

Transcurrían los días entre extensas caminatas, con mucha ropa, frío y mochilas cargadas con herramientas para trabajar –gps, zarandas, piquetes y bolsas de muestras–. “Hubo días lindos, durante los primeros días de enero, de entre -2 y -5 grados, pero ya en febrero la temperatura baja hasta -18 y -22, -23”, contó Talevi, integrante deI Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología Universidad Nacional de Río Negro-Conicet.

“Nos levantábamos temprano, armábamos las mochilas con las herramientas necesarias y partíamos. A veces hacíamos hasta 10 km caminando y volvíamos tipo 19. Siempre contamos con el apoyo logístico de la Dirección Nacional del Antártico. Comíamos, procesábamos el material y las 23 se cortaba el grupo electrógeno”.

La totalidad de los materiales recuperados conforman un verdadero hallazgo y serán puestos bajo cien lupas, antes de ser devueltos al repositorio del Instituto Antártico Argentino.

“Para nosotros es un sueño. Poder llegar, investigar, desconectarte de todo por un tiempo para hacer lo que te gusta…”, concluyó la investigadora roquense. “Y para mí, más… porque siento que es mi lugar en el mundo”. (Por Silvana Salinas; Río Negro)

03/05/16

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