Montevideo puerto libre: una condición esencial

En momentos en que la mayor parte de la atención es acaparada por episodios tan insólitos y graves como el conflicto con la Argentina a causa de las plantas de celulosa, no hay que descuidarse respecto de otros asuntos que hacen a la viabilidad del Uruguay.

Uno de ellos es el puerto de Montevideo. Demás está explicar la importancia que éste tiene para nuestro país, del momento en que el mismo es parte esencial de nuestra razón de ser como nación independiente. Pero su funcionamiento no siempre ha sido lo dinámico y eficiente que debiera, aunque desde que se votó la ley de puertos en el año 1992, bajo la presidencia de Lacalle, se agilizó la operativa y, en consecuencia, la actividad portuaria creció notoriamente. Su aumento entre un 30% y 40% es una clara demostración del beneficio que provocó la nueva normativa y el establecimiento de la figura de "puerto libre".

Algo primordial para que el puerto montevideano trabaje a buen ritmo, ya que el volumen del comercio exterior uruguayo es muy pequeño. Así es que en la actualidad, el 53% del movimiento es de contenedores en tránsito. Se trata de una realidad tan evidente y que no merecería ninguna discusión, al menos dentro de fronteras. Sin embargo, sobre nuestra actualidad portuaria se asoman dos serios peligros.

Uno de extramuros, es el proyectado Código Aduanero del Mercosur, como bien lo advirtieran hace unos días los panelistas del seminario organizado por gente del sector. El Centro de Navegación y la Asociación de Derecho Marítimo lanzaron, ambos, el alerta sobre una propuesta de nuestros vecinos mayores, en este caso originada en Argentina, que atenta directamente contra el modus operandi de nuestro puerto. Pero esta iniciativa no sería lo más grave que se presenta en el panorama, ya que el redactor del proyecto, aparentemente entró en razones, luego de profundas conversaciones con compatriotas especializados en el tema . Una vez dejados de lado los temores y la confusión entre los conceptos de puerto franco, zona franca y lo permitido en cada uno de ellos. Aclarado que en el puerto libre están autorizadas solo tareas de logística y no de industrialización, como en las zonas francas, felizmente se mostraron proclives a darle una nueva redacción a la propuesta.

Lo más preocupante, entonces, es que el enemigo, el que pretende hacer cambios que serían sin ninguna duda letales para el desenvolvimiento de un puerto que se ha tonificado a ojos vista; que da trabajo a mucha mayor cantidad de gente ofreciendo diversos servicios relacionados con el movimiento de los contenedores y las mercancías en tránsito, proviene, según se ha sabido, de nuestro propio interior.

Calladamente, la Dirección Nacional de Aduanas, dirigida por el Sr. Salvo, esta abocada a la elaboración de un proyecto de ley bajo premisas que suenan muy vendedoras, como las de hacer más "transparente" el funcionamiento, pero que atentan directamente contra el puerto libre y contra el aeropuerto libre internacional de Carrasco. Por intereses sectarios, con el afán de ser los grandes fiscalizadores, en la supuesta creencia de que recaudarán más, de que habrá más dinero para el Estado y, por qué no, para los funcionarios de la DNA. Haciéndoles a la vez el juego a la Argentina y el Brasil que no tienen puertos libres -por el lobby de ciertos sectores y el hecho de que tienen altos flujos comerciales-, lo que proponen es volver a las trabas, a las dificultades, convertirse en supuestos gendarmes del tránsito hacia otros puntos.

Algo que de hacerse realidad, inevitablemente desalentará el movimiento de mercaderías que permanecen dentro del área portuaria y que, seguramente, redundará en un daño de proporciones a nuestra economía. Aspecto éste, bien entendido en el Ministerio de Economía y que hasta ya lo tenía Lavalleja. En 1829 dictó un decreto para incentivar el tráfico desde y hacia los puertos argentinos, a fin de que Montevideo se convirtiera en un punto importante por su movimiento comercial.

Nuestro estatuto de puerto libre implica la libre circulación de mercaderías, no se exigen autorizaciones, trámites formales, ni restricciones, ni limitaciones. Uruguay se presta para el desarrollo de la venta de servicios, y entre ellos se cuentan los puertos libres y las zonas francas. Medidas opuestas a esta estrategia, sería hacerle perder las potencialidades y ventajas de su posición geopolítica.

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Fuente: El País Digital

18/12/06  
VISIONMARITIMA

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