Lujo venido a menos

La infraestructura portuaria dista de ser la indicada para recibir al creciente número de turistas que llegan por esta vía a Buenos Aires; para la temporada 2006/2007 se esperan 126.000 pasajeros.

El turismo es uno de los sectores que más divisas le generan al país y el crucerismo es su variante de mayor crecimiento.

Desde 2003 se agregan, en promedio, 16 nuevos cruceros por año al cronograma de recaladas en el puerto de Buenos Aires. Para la temporada 2006/2007 (que comenzó el domingo 15 pasado y se extiende hasta el 30 de abril del año próximo) se esperan alrededor de 126.000 pasajeros en 87 buques, un 50% más de los que llegaron antes de la devaluación del peso, hace cinco años.

Entonces, cuando se lanzó un cambio más amigable para el extranjero y las proyecciones indicaban un crecimiento exponencial del turismo, parecía ser el momento indicado para tomar decisiones respecto de la infraestructura que acompañaran el nuevo contexto.

No se llegó a tiempo a realizar tal adaptación en lo que hace a los cruceros. Buenos Aires cuenta en la terminal 3 con un espacio provisional para la recepción de pasajeros, la terminal Benito Quinquela Martín, concesionada a Terminales Río de la Plata con un contrato que se renueva anualmente. Esta "terminal" tiene una sala de espera para 1000 personas (y una capacidad máxima para 2500) y ocho mostradores para realizar el check-in según datos del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Metropolitano (Cedem). No se sabe muy bien qué pasará el 11 de febrero, cuando -aprovechando el carnaval de Río de Janeiro- unos 14.000 pasajeros lleguen en cinco cruceros, entre ellos, tres de los más grandes que recalarán esta temporada (el Infinity, el MSC Sinfonia y el Golden Princess). Será la primera vez que tantos colosos del mar se agolpen en las puertas de Buenos Aires.

"Es un día especial [el 11 de febrero], pero no van a existir inconvenientes en la seguridad de la navegación, estará todo controlado por biocámaras, custodiado por guardacostas y por helicópteros, por lo que están dadas las condiciones de seguridad y se evitarán los cruces", destacó el jefe del Centro de Control del Río de la Plata de la Prefectura, prefecto Carlos Villarreal.

Antes del inicio de la temporada se coordina con las agencias marítimas, que presentan sus estimaciones y horarios de arribo, la reserva del canal. "La temporada está planificada, no habrá demoras porque desde los prácticos hasta los remolcadores están informados sobre la previsión del tráfico", agregó Villarreal.

José Carrea, gerente de Control de Terminales de la Administración General de Puertos (AGP), dijo a LA NACION que desde marzo se mantuvieron reuniones con "agentes marítimos, armadores y terminales para tratar de solucionar" esta congestión. "Planteamos acomodar el arribo y tener una diferencia de 12 horas entre cruceros, que es el tiempo de tránsito del canal, pero no se pusieron de acuerdo. De todas maneras, nos comprometimos a encontrar una solución", indicó.

En efecto, bajo intercesión de la AGP, los armadores y agentes marítimos acordaron con Terminal 4 un alquiler de muelles para los días con mayor tráfico, como el 11 de febrero.

"Vamos a adecuar ese espacio con las computadoras para migraciones, con scanners, y hasta planificamos estacionamientos para los micros. Ya le presentamos el proyecto a Prefectura y van a estar dadas todas las condiciones de seguridad para atender a los pasajeros", agregó Carrea.

A tiempo

Vale aclarar que Terminal 4 aún no cuenta con la certificación que avale el cumplimiento del Código de Protección de Buques e Instalaciones Portuarias (PBIP). "Respecto de la habilitación para operar con pasajeros, sólo la terminal 3, es decir TRP, la tiene. En Terminal 4 no tenemos ni siquiera la evaluación de riesgo para ver qué medidas de seguridad hay que instrumentar. En la semana trágica, que va del 9 al 16 de febrero, vamos a tener a 10 cruceros operando. Estaba previsto que el Infinity girara a Terminal 4, pero todavía está en evaluación. De todas maneras, estamos a tiempo", explicó el prefecto Antonio González, jefe de la Sección Protección y Seguridad de la Prefectura, autoridad de aplicación el Código PBIP.

Ordenamiento

Para evitar congestiones que bordeen con el colapso, la AGP está trabajando para la próxima temporada [60 cruceros ya están confirmados, muchos de los cuales anunciaron que reemplazarán las naves de 210 metros de eslora por otras de 260 metros] en un ordenamiento de las recaladas donde, en función de la eslora y la cantidad de pasajeros, se limitará su estadía.

"Con la poca infraestructura que hay es bastante lo que se hace. Pero no están dadas las condiciones en absoluto para buques cruceros cada vez más grandes y con mayor cantidad de pasajeros a bordo", señaló un ejecutivo de la Agencia Multimar, que solicitó reserva de su identidad.

"La AGP quiere estadías máximas de dos días, cuando hay buques programados con estadías de tres noches. Hay buena voluntad, pero el puerto necesita infraestructura para brindar una buena calidad de atención", sostuvo el empresario, quien estima un aumento del 15% de pasajeros para la próxima temporada.

Consultado sobre si existen novedades respecto de una terminal definitiva de cruceros en el puerto de Buenos Aires, el interventor de la AGP, Luis Diez, indicó que "hay un proyecto privado que está en análisis en la Secretaría de Transporte, en el ámbito del puerto y en el Ministerio de Planificación, sobre el que oportunamente se van a expedir las autoridades. Por ahora no se puede decir nada más".

Santiago Díaz Mathé, titular del Comité de Buques Cruceros del Centro de Navegación y gerente general de I. Shipping Services, manifestó que "la terminal [Benito Quinquela Martín] es un galpón aggiornado y puede manejar un máximo de 2500 pasajeros. Lo importante no es la cantidad de buques que lleguen en un mismo día, sino el tamaño que están teniendo. Cada vez son más grandes".

Mientras en términos de contenedores la preocupación en Buenos Aires es estrictamente un tema de costos, cuando se habla de cruceros el tema son los servicios. "El contenedor no se queja, el pasajero sí. No se les puede brindar un mal servicio porque Buenos Aires es la Niña Bonita de América del Sur, la gente quiere venir acá por múltiples razones. Y lo cierto es que TRP no puede recibir la cantidad de cruceros que hoy mueve la industria", advirtió Díaz Mathé.

Parte de la falta de planificación es que el crecimiento -económico, y sobre todo turístico en este caso- no está siendo acompañado en el plano de mejores obras. "Hay un potencial enorme para recibir turistas, pero no se olvide que vienen a bordo de algo y cuando hay un problema de transporte, como les pasó a los 2000 pasajeros que quedaron varados en Ushuaia, los turistas dejan de venir", añadió.

Puerto caro

En el ranking de turismo de cruceros, Buenos Aires ingresó en el top ten mundial, como escala en rutas que bajan desde Brasil y van hacia el Sur para recorrer las vías antárticas. La ciudad tiene toda la atracción necesaria en cultura y gastronomía y, además, aprovecha la movida de turistas europeos que buscan destinos alternativos a los ya saturados de Alaska y el Caribe.

"Pero también estamos en el ranking de puertos más caros. El costo total por pasajero y por recalada en el mundo ronda los US$ 25. En Buenos Aires estamos arriba de los US$ 50, y el año pasado era de US$ 44", dijo Díaz Mathé con relación a los costos de practicaje y remolque que soportan los cruceros al transitar el canal de acceso (12 kilómetros) para llegar a las terminales.

"Esto sin contar un peaje de hidrovía que, para todos los cruceros de esta temporada, será de US$ 1.250.000, debido al aumento de tarifa autorizado luego de que el calado pasó de 32 a 34 pies. Los cruceros sólo calan 28 pies, pero igual deben hacerse cargo del aumento", concluyó el directivo del Centro de Navegación.

Por Emiliano Galli

Ver Puerto de Buenos Aires en NUESTROMAR

31/10/06
LA NACION

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