Eran horas lo que demoraba un trámite en una aduana brasileña. Pero cuando el cuerpo de inspectores de la Receita Federal entró en huelga hace casi 55 días, el trámite de importación y exportación con el país "sensación" de América del Sur -al que la Argentina le exporta el 25% de lo que ofrece y le compra el 35% de lo que demanda- pasó a llevar entre 12 y 15 días.
En lo que a imagen y posicionamiento internacional se refiere, nos separan leguas de nuestro Gran Hermano.
Por empezar, años atrás un banco de inversión lo catapultó como un emergente con gran proyección futura, a la par de Rusia, India y China. La B del BRIC.
Un rápido correlato, tal vez no monocausal de la profecía Goldman Sachs: ahora es investment grade (tiene bajo riesgo de cesación de pagos). En términos de ski: Brasil es como la pista Venus de Las Leñas, y la Argentina como Marte, siempre considerando un inversor/esquiador promedio.
Continuando: pescaron petróleo finalmente, avanzan en su carrera autoabastecedora de alimentos y energía, se apalancan en la consistente coherencia de Itamaraty (que taladra con el discurso "Brasil Potencia" desde los pasillos de la ONU a la OMC), y más.
Y son especialistas en pisotear el orgullo argentino: usted puede elegir entre pentacampeonatos de fútbol o su liderazgo como primer exportador mundial de carne.
Pero somos muy parecidos.
Compartimos la irritante costumbre de llamar la atención de terceros -frenando el comercio en este caso- para la resolución de problemas domésticos -el sueldo que perciben los inspectores-.
Por Emiliano Galli
13/05/08
LA NACIÓN





