La información oficial disponible marca, para el presente año, una tendencia favorable de las exportaciones de pescado tanto en los volúmenes exportados como en el valor de los mismos.
Las cifras de los primeros siete meses del año muestran, con relación al 2005, un crecimiento del 34 por ciento en toneladas exportadas, mientras que en valores, los 717 millones de dólares representan un aumento del 29 por ciento con relación a los 555 millones de la misma moneda que se alcanzaron en igual período del 2005.
De no ocurrir imprevistos, los resultados del año se ubicarán por encima de los 800 millones de dólares que habitualmente se indica como promedio del valor de nuestro caladero.
Si además consideramos que el valor total de nuestras ventas al exterior, certificadas por el SENASA, en el período enero-julio es de 2.295 millones de dólares, los productos pesqueros representan la para nada despreciable cifra del 31 por ciento del total.
Frente a este escenario auspicioso surge el interrogante si se estarán tomando las medidas necesarias para su consolidación en el tiempo o si, como tantas veces en el pasado, este será un nuevo episodio de euforia seguido de una nueva decepción.
La consolidación del crecimiento requiere resolver los problemas pendientes y que se articule entre el sector público y privado un ambiente de confianza y cooperación. Para ello resulta indispensable trabajar para superar las dudas y las incertidumbres que existen en gran parte del mundo de los negocios.
No puede negarse que para muchos empresarios algunas medidas del actual gobierno despiertan suspicacias ideológicas que atentan contra las decisiones de inversión. También es cierto que el gobierno detecta a pocos empresarios dispuestos a afrontar proyectos a largo plazo, con voluntad para aumentar la capacidad instalada y sensibilidad suficiente para aceptar una mejor distribución de los ingresos. Es decir, en ambas partes existe desconfianza y falta de diálogo amplio y plural, parecen estar por ahora a la defensiva.
La consolidación del crecimiento y salir de un escenario defensivo debieran ser los objetivos inmediatos antes que empiecen a diluirse los beneficios de este extraordinario, por lo prolongado, período de crecimiento económico.
Para el sector pesquero superar la desconfianza implica hacer cada vez más transparentes los procesos de toma de decisiones, limitar los márgenes de discrecionalidad, enterrar todo run-run de prebendas y tener seguridad en la aplicación de las normas dentro de un proceso de ordenamiento y mejora de la calidad institucional que regula a la actividad.
La suspensión de los reintegros a las exportaciones pesqueras, como medio de luchar contra la inflación, fue una medida que golpeó al sector pero además ineficaz para el objetivo propuesto por la casi nula incidencia que tienen los productos pesqueros en la conformación de la canasta familiar.
La falta de definiciones sobre los reembolsos por puertos patagónicos confunde y lesiona a las industrias de la región, el aumento de los costos en fletes, pasajes e insumos afecta la rentabilidad de las empresas y desajusta cualquier planificación de inversiones a largo plazo. Los altos costos de los créditos impiden a la mayoría acceder a formas de financiamiento que permitan inversiones en plantas y flotas con la consecuente mejora de la competitividad internacional.
Una buena administración del crecimiento que asegure su consolidación requiere anticipar los desequilibrios para evitarlos o al menos mitigarlos y superar las desconfianzas entre los sectores. De ello dependerá que las buenas cifras de estos siete meses no se volatilicen y nos introduzcamos en una nueva caída, que será cada vez más profunda. Seguimos teniendo una oportunidad, pero admitamos que falta aún encontrar un camino para consolidarla.
28/08/06
PESCA & PUERTOS










