Con la merluza a la baja

La actividad pesquera sigue sumando dificultades y preocupación. La gravedad de la crisis por la que atraviesan las empresas dedicadas al calamar y al langostino a partir de la disminución tanto de la demanda como de los precios internacionales, que no muestran por ahora signos de recuperación, combinada con un constante aumento de los costos de producción se ha extendido ahora a la merluza complicando aun más el panorama pesquero de nuestro país.

Desde el año pasado los actores diferenciaban los problemas que afrontaban los recursos. Mientras que se advertía sobre el mal estado biológico de la merluza, con optimismo se estimaba que una menor pesca se compensaría con buenos precios. También se sostenía que si bien las otras dos especies gozaban de buena salud, un buen nivel de capturas no alcanzaría por si solo para asegurar una rentabilidad que permitiera seguir operando a las empresas. En ese contexto varias cámaras empresarias como CAPeCA o CAPA plantearon públicamente la necesidad de que se adoptaran ciertas medidas económicas para fortalecer la ecuación económica–financiera de las empresas.

Hoy el escenario es otro, las diferencias se han modificado y no precisamente por el buen camino. Se confirmaron los malos pronósticos de la merluza desde el punto de vista de la abundancia y de la estructura poblacional pero se diluyeron las expectativas de buenos precios que equilibraran los aumentos de costos y en cuanto al calamar y al langostino son pocos los que conservan el optimismo sobre la concreción de las medidas reclamadas, a pesar de las promesas.

Con matices propios de los distintos intereses que representan pero coincidiendo con la gravedad de la situación, gremios y empresas reclaman políticas que con un enfoque integral del sector permitan superar la coyuntura pero que al mismo tiempo sienten las bases para el largo plazo.

En esta dirección compartida se inscriben recientes declaraciones a la prensa del titular de CEPA, Oscar Fortunato al destacar que “es cada vez más necesario buscar una solución integral”, asegurando que éste es el momento de “preocuparse” y de “discutir sin apasionamientos y cuanto antes” una serie de temas que “si no se atacan a tiempo" podrían adquirir una dimensión mucho más grave.

A la visión de CAPeCA, CAPA y CEPA no debería contraponerse el silencio ni un errático andar marcado por los cambios de ministros. Si la situación de la merluza hasta el momento merecía un análisis distinto al que compartían el calamar o el langostino en cuanto a su rentabilidad, ello parece haberse terminado.

Sin dejar de poner el énfasis en la sustentabilidad de los recursos, el desarrollo de una actividad pesquera, productora de alimentos, necesita el apoyo y el acompañamiento del Estado para impulsar una industria competitiva que supere las dificultades de recursos, costos y mercados que hoy enfrenta. Las cámaras empresarias, los gremios, los organismos científicos y técnicos y el gobierno nacional y las autoridades provinciales tienen frente a la crisis, no una opción, sino la obligación de hacer sus mejores aportes.

12/05/08
PESCA & PUERTOS

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