Traducción no oficial del artículo Salmon Virus Indicts Chile’s Fishing Methods publicado en el New York Times el 27 de marzo de 2008.
Puerto Montt, Chile – Admirando las verdes montañas que sobresalen a través de kilómetros de plácidas aguas, acá en el sur de Chile, es difícil imaginar que algo anda mal. Sin embargo, detrás de las hileras de artes pulcramente ordenados alrededor de los cultivos de peces, justo frente a la costa, los salmones están muriendo.
Un virus llamado anemia infecciosa del salmón, o ISA, está matando millones de salmones de exportación a Japón, Europa y los Estados Unidos. La plaga ha estremecido a la tercera industria exportadora de Chile, causando el enojo de la gente, al despedir a más de 1.000 trabajadores.
También ha expuesto a las compañías a nuevos cargos de parte de biólogos y ambientalistas que dicen que la crianza de salmones en corrales submarinos atestados está contaminando las que alguna vez fueron aguas prístinas y produciendo pescado potencialmente insalubre.
Algunos dicen que la industria está haciendo crecer el pescado de formas que llaman al desastre. Los productores están siendo presionados para cambiar sus métodos para preservar las aguas chilenas azul cobalto para los turistas y para otras actividades marinas.
“Todos estos problemas están relacionados con una subyacente falta de control sanitario,” afirma el Doctor Felipe C. Cabello, profesor del Departamento de Microbiología e Inmunología del Colegio Médico de Nueva York, en Valhalla, quien ha estudiado la industria pesquera chilena. “Infecciones parasitarias, infecciones virales, infecciones micóticas; todas se transmiten cuando los peces están estresados y los centros están muy cerca unos de otros.”
Los ejecutivos de la industria reconocen algunos de los problemas, pero rechazan la afirmación de que sus prácticas son poco seguras para los consumidores. Los funcionarios norte americanos afirman que el nuevo virus no es dañino para los humanos; sin embargo, el último brote ocurrió después de una serie de enfermedades no virales que aparecieron en los últimos años, que, según las mismas compañías reconocen, llevó a utilizar altos niveles de antibióticos. Investigadores afirman que esa práctica es común en la industria chilena, compuesta por varios productores. En Estados Unidos el uso de algunos de esos antibióticos en animales está prohibido.
Muchos de esos salmones igual terminan en las tiendas de Estado Unidos, hacia donde están destinadas cerca del 29% de las exportaciones chilenas. Mientras el pescado proveniente de China ha sido sometido a un intenso escrutinio en los últimos meses, aquí en Chile, los legisladores aun no han creado un registro que incluso rastree el uso de medicamentos, según declararon los investigadores.
El nuevo virus se está propagando, pero afectó en principio los peces de Marine Harvest, la compañía productora de salmones de cultivo más grande del mundo, que exporta alrededor del 20% del salmón que sale de Chile.
Según Torben Petersen, el Director General de Marine Harvest en Chile. El salmón producido en Chile por Marine Harvest es vendido en las tiendas Costco y Safeway, además de otras importantes tiendas de retail,
Arne Hjeltnes, vocero oficial de Marine Harvest en Oslo, dijo que la compañía reconocía que el uso de antibióticos en Chile era alto, y que los corrales estaban muy cerca unos de otros, lo que había contribuido a los problemas. Dijo además que Marine Harvest estaba de acuerdo con una normativa ambiental más severa.
“Algunas personas han argumentado que esta industria es demasiado buena para ser real,” afirmó Hjeltnes, “Pero, como han estado haciendo mucho dinero y todo ha salido bien, no ha habido razón para adoptar medidas más estrictas.” Ha dicho además que esta crisis es un “abrir de ojos” para las diferentes medidas que se necesitan.
En una visita reciente al puerto de Castro, unos 168 kilómetros al sur de Puerto Montt, había una bodega contenía cientos de sacos, algunos de hasta 1.250 kilos, llenas con alimento y medicamentes para salmón.
Los sacos, muchos de los cuales estaban etiquetados como “Marine Harvest” y “Alimento medicado,” contenían antibióticos y pigmento; también contenían hormonas para hacer que los peces crezcan más rápidamente, según declaró Adolfo Flores, director del puerto.
Los ambientalistas afirman que se está cultivando salmones de exportación a costa de prácticamente todo el entorno. Entre 3 y 5 kilos de pescado fresco, se requiere para producir 1 kilo de salmón cultivado, según un cálculo aproximado.
Los biólogos y ambientalistas afirman que las heces de salmón y el pellet están acabando con el oxigeno del agua, matando otras especies marinas y propagando enfermedades. Los salmones que han escapado se comen a otras especies y han comenzado a invadir ríos y lagos, alcanzando incluso a Argentina.
“Es simplemente imposible producir pescado a nivel industrial de modo sustentable,” afirma Wolfram Heise, director del programa de conservación marina del Proyecto Pumalin, una iniciativa de conservación en Chile. “Jamás se podrá realizar manteniendo un equilibro con el ambiente.”
Cuando las compañías comenzaron a criar Salmón Atlántico no nativo en Chile, hace unos veinte años, el cultivo de salmón fue considerado un regalo divino para los pueblos pesqueros y los campings, áreas escasamente pobladas. La industria es ocho veces más grande de lo que era en 1990, empleando actualmente a 53 mil personas directa o indirectamente. Marine Harvest opera el “sistema cerrado” para el cultivo de peces más grande del mundo, en Río Blanco, cerca de Puerto Montt, donde anualmente se crían 35 millones de peces hasta que pesan cerca de 9 gramos.
Debido a que la compañía abandona la región de Los Lagos en búsqueda de aguas no contaminadas, los habitantes locales se encuentran enojados y preocupados por su futuro. “Las salmoneras están robándose nuestra salud,” declara Victor Gutierrez, pescador de Cochambó, un pueblo en el Golfo de Reloncaví, que está atestado de corrales de cultivo. “Ellos traen enfermedades y luego nos dejan con los problemas.”
Desde el descubrimiento del virus en Chile, en julio pasado, Marine Harvest ha cerrado 14 de sus 60 centros y ha anunciado el despido de 1.200 trabajadores, lo que equivale a un cuarto de sus operaciones en Chile. Desde que la compañía anunció el mes pasado que se movería más al sur, a Aysén, el gobierno anunció que el virus ya se ha propagado hasta allá en dos brotes en los que Marine Harvest no tuvo que ver.
Trabajadores de la industria señalan que Chile está sufriendo cada vez más dificultades, similares a las de las operaciones de cultivo de salmón en Noruega, Escocia e Islas Feroe, donde anteriormente se presentó una forma diferente del virus ISA.
Noruega, el primer productor de salmón a nivel mundial, finalmente decidió distribuir los corrales de cultivo más separados entre sí, lo que reduciría el estrés de los peces, y respondió a las críticas de alto uso de antibióticos con normativas más fuertes y con el desarrollo de vacunas.
Investigadores en Chile dicen que los problemas del cultivo de salmón van mucho más allá de un nuevo virus. Esa preocupación se ve reflejada en un informe de 2005 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en París, en el que se criticó fuertemente la industria chilena de cultivo de salmón. La OCDE afirmaba que la industria necesitaba limitar el escape anual de peces, que ascendía a un millón de salmones; controlar el uso de fungicidas como malaquita verde, agente cancerígeno prohibido en 2002; y normar de mejor manera los colorantes que se utilizan para hacer que el salmón sea más rosado, el cual, a su vez, ha sido asociados a problemas de retina en humanos. El informe también sostenía que el uso de antibióticos en Chile era “excesivo.”
Los funcionarios del Servicio Nacional de Pesca, Sernapesca, declinaron repetidas solicitudes de entrevista para este artículo y no respondieron a las preguntas que se enviaron por escrito hace más de una semana.
Sin embargo, Cesar Barros, el presidente de SalmonChile, una asociación de industrias, declaró que “estamos trabajando en conjunto con el gobierno para mejorar esta situación.” Barros negó las críticas generales sobre las condiciones sanitarias diciendo que no había evidencia científica que lo demostrara. Sin embargo, los investigadores dicen que la industria se ha mostrado reacia a costear estudios científicos, que es lo que Chile necesita de manera muy urgente.
El Doctor Cabello declara que se han detectado antibióticos residuales en salmones chilenos exportados a Estados Unidos, Canadá y Europa. Además, calcula que los productores salmoneros en Chile utilizan entre 70 y 300 veces más de antibióticos que en Noruega para producir una tonelada de salmón, pero no hay evidencia para corroborar esas estimaciones “porque en Chile hay prácticamente un mercado negro de antibióticos para la acuicultura del salmón.”
Los científicos señalan que en Chile se utilizan antibióticos como flumequina y ácido oxolínico, que pueden aumentar la resistencia a los antibióticos en humanos y que están prohibidos en la acuicultura americana. El pasado junio, la Administración de Drogas y Alimentos, FDA, de Estados Unidos, bloqueó la venta de cinco tipos de especies marinas chinas debido al uso de fluoroquinolones y otros aditivos. No obstante, grandes cantidades de pescado quedan sin inspección. “La F.D.A. inspeccionó sólo 1,93% de todos los productos marinos importados en 2006” afirma Food and Water Watch, citando los datos de la F.D.A.
Stephanie Kwisnek, vocera de la FDA, señaló que no conocía el porcentaje inspeccionado, pero que la FDA había testeado 40 muestras de las 114.320 toneladas de salmón importado desde Chile en 2007. Además dijo que ninguna muestra había resultado positivo para malaquita verde, ácido oxolínico, flumequina, ivermectina, fluoroquinolonas o medicamentos residuales. Según Kwisnek, la FDA está planeando un viaje de inspección para evaluar los controles generales del salmón de cultivo en Chile.
Por su parte, Petersen, dijo que la compañía planea volver a la región de Los Lagos dentro de unos años, una vez que el área esté libre de contaminación. Afirmó que en el largo plazo, Marine Harvest dejará de utilizar los lagos de agua dulce de Chile y comenzará a producir salmones adultos en sistemas cerrados donde se pueda mantener un “control biológico.”
Mientras tanto, los pescadores que han resultado afectados por la industria del cultivo de peces sólo pueden esperar días mejores. Gutierrez, 33 años, declaró que hasta hace seis años, su socio y él pescaban unos 500 kilos de róbalo en un día normal; ahora, la captura llega a unos 40 kilos. El pescador se lamentaba sobre el cambio observado en los peces: “están más rosados y su piel está más blanda”; sospecha que los peces nativos normales han estado comiendo el mismo alimento (pelet) que los salmones de cultivo ya que ese alimento está cayendo al fondo del mar.
Gutierrez señala que “Si el agua continúa siendo contaminada, simplemente tendremos que ir a buscar nuestra captura a otras áreas, pero es cada vez más difícil.”
Artículo relacionado: Los salmones y el New York Times
01/04/08
ATINA CHILE










