Norma Kobs perdió a su hijo y a su marido en un lapso de cuatro años. Los dos hombres murieron de la misma manera; fueron devorados por el mar. Dejaron sus vidas en un barco, en ese pedazo de madera que tanta adrenalina les causaba cada vez que zarpaban o llegaban al puerto.
La historia de Norma es como la de tantas otras mujeres que tienen a gran parte de la familia trabajando en los barcos. Son hijos, maridos, sobrinos que se encariñan con el mar producto de haber escuchado tantos relatos de sus abuelos, que también fueron marineros. Otros se embarcan porque ven que las posibilidades económicas son mejores que en otra profesión.
Norma perdió a su hijo, Miguel Cabral (33) en el ‘Don Víctor’ y cuatro años después, a su marido, Miguel Lacunza (49) en el ‘Don Rosario G’.
Ahora, le queda otro hijo en la pesca, Freddy Cabral (30) que a pesar de ser enfermero, dejó todo por el mar y está embarcado en el ‘María Susana’, y trabajó junto a su padrastro en el mismo barco durante mucho tiempo.
Quizá nadie se imagina una tragedia y menos seis como las que se produjeron en Puerto Rawson, pero la vida sigue y los marineros se embarcan a pesar de que las medidas de seguridad sean precarias y cuestionadas.
La atracción del mar
A Miguel Lacunza le faltaban pocos años para jubilarse y su proyecto era vivir junto a Norma en Misiones. Ellos llevaban 29 años de casados, tuvieron dos hijos; José María y Naty, que siempre los han apoyado.
Miguel terminó el año pasado el curso de Patrón de Barco Menor y tenía efectuado una cantidad importante de cursos, ya que sus comienzos fueron en los barcos de altura, donde estuvo más de diez años navegando. Hacía tres años que pescaba en la Flota Amarilla, estuvo en el ‘María Susana’ y luego pasó al ‘Don Rosario G’, donde navegó por tres meses.
Norma lo recuerda como un hombre “trabajador y cumplidor” y reconoce que la pasión de Miguel era “el mar y la pesca; hay algo que tiene el mar que les atrae tanto, mi marido y mi hijo disfrutaban subiéndose a un barco”.
Pero junto a Miguel se fue hace un mes una tripulación de grandes compañeros: Juan Carlos Valdevenito, Ricardo Flores, Juan Carlos Saldivia, Emiliano Vega, Luis D’ecinder y Gabriel Alvarado.
Su último viaje
Miguel Cabral, conocido como ‘Miguelito’, llevaba nueve años como marinero y había decidido que ése era su último viaje arriba del ‘Don Víctor’. Tenía proyectado ponerse un negocio en el Puerto Rawson. Él ya se lo había comunicado a los Di Bona, dueños del barco, porque pensaba un futuro mejor para su familia, no quería seguir en el barco por más que fuera su pasión.
‘Miguelito’ empezó su carrera en la Armada, estuvo en el Portaviones 25 de Mayo y en el Hidrográfico Comodoro Rivadavia, pero como había decidido casarse y el sueldo de la Armada era muy bajo, decidió dedicarse a la pesca y se vino a Puerto Rawson.
“Todavía lo sigo esperando”, dice su madre Norma, a quien le pregunta por ‘Miguelito’, todos sus amigos lo recuerdan como un gran compañero, “un tipo de gran corazón y sentimientos grandes como era él”.
Pero Miguel se fue el 19 de agosto del 2002, hace cuatro años, junto a Fabián Mardones, Roberto Mellado, Miguel Santa Cruz y José Di Bona.
Cambios
La tragedia del ‘Don Rosario G’ provocó un cambio sustancial por la forma en que fue abordada. El Gobierno aportó su estructura con psicólogos en la contención de las familias; la Armada estuvo en el lugar del hecho y los buzos se esforzaron por buscar los cuerpos, y Prefectura brindó sus instalaciones y los elementos para colaborar en la tragedia. Y esto le valió el reconocimiento de los familiares.
En cambio, con respecto al ‘Don Víctor’, las viudas siguen esperando que la causa que está en el Juzgado Federal tenga alguna resolución.
22/11/06
DIARIO DE MADRYN










