El destacado antropólogo e investigadores del Conicet Luis Abel Orquera disertó acerca de la población canoera de Tierra del Fuego, en el marco del Programa Cultural 2008 de la Fundación Ecocentro.
Orquera que forma parte de un equipo de investigación del pasado de Tierra del Fuego (CADIC-CONICET), que ya lleva ya un trabajo de 33 años, conferenció acerca del modo de vida de esta tribu muy particular por la sencillez con la que vivía y por cómo cuidaba los recursos naturales.
La presentación de Orquera en el Auditorio José Manuel Eliçabe, puso foco, entre los muchos grupos indígenas de Tierra del Fuego, en los yamanas. “Fueron los únicos que aprovecharon intensivamente los recursos marinos”, precisa Orquera como motivación para desarrollar la conferencia en el Ecocentro.
“Los yamanas llamaron mucho la atención de los navegantes porque eran los indios más meridionales, más australes del mundo, y porque vivían de una manera muy sencilla. Vivían desnudos en un clima tan frío”, describió el investigador en torno a la mirada que existía previo a la investigación, y amplió su concepto: “Tenían una forma de vida muy sencilla, no tenían jefe, tenían organización familiar pero no de tipo superior, porque eran permanentemente nómades, porque parecía que vivían únicamente de la recolección mariscos y de la pesca y porque eran canoeros”.
Orquera revela que con los datos actuales se puede precisar que estos indios comenzaron a poblar la región hace aproximadamente 6400 años. “De acuerdo a la Teoría de Darwin, estos indios canoeros eran considerados los más primitivos de los seres humanos vivientes. En el escalón más bajo de la cultura, más bajo que los australianos, que los esquimales, eran prácticamente fósiles vivientes”, así es que Orquera releva cómo la múltiple información existente sobre estos indios al comienzo de su trabajo (allá por 1974) estaba mal interpretada al punto de que tiempo atrás se los había acusado –injustamente- de canibalismo. “El prejuicio europeo catalogaba a los indios como caníbales como una forma de demostrar desprecio”, repasa el autor en relación a la actitud que los europeos asumían al regresar a sus tierras y contar “el peligro enfrentado”.
El investigador narra cómo hasta la década del ’60 se interpretaba la información existente: “Hasta ese momento la arqueología fue un modo de recolectar reliquias, cosas bonitas, objetos curiosos”. La arqueología recién a partir del ’70 empezó a cambiar. A partir de ahí se empezó a enfocar en cómo era la vida, cómo era la forma de subsistencia, cómo influía el ambiente, es decir, a buscar explicaciones. “No solamente describir, sino buscar explicaciones”, precisó el arqueólogo.
Fue en ese instante de la arqueología que Orquera partió a Tierra del Fuego con sus colegas. “Desde la primera excavación nos dimos cuenta de que las viejas nociones de primitivismo, de arrinconamiento, de ambiente hostil, que todo eso tenía un fundamento cuanto menos cuestionable”.
“Terminamos por rebatir las viejas ideas. Ahora decimos que los habitantes de esa región tenían efectivamente una organización económica y social muy sencilla, pero porque el ambiente de Tierra del Fuego y las características imponían la forma sencilla como la más conveniente. Toda forma más compleja –por ejemplo, hacer charqui o ahumar pescado, o tener jefes tribales- habría sido contraproducente: habría aumentado los costos sin generar beneficios”, concluyó Orquera.
A continuación evaluó: “Si uno sabe que todos los días tiene alimento seguro, para qué acumular excedentes de alimentos, para qué tener intercambio comercial, para qué tener jefes que distribuyan…”.
Orquera rescató que “si bien había recelos como en todos los grupos humanos, no había grandes hostilidades” y reflexionó: “Los recursos marinos eran tremendamente abundantes, esa forma sencilla de aprovechar el ambiente sustentable: por más numerosos que fueran, por más que comieran lobos marinos, por más que recolectaran mariscos, no los sobreexplotaron. Los recursos seguían teniendo renovación natural, así es como el sistema de vida duró 6300 años y no hubo necesidad de cambiar.
Aniquilación indirecta
El científico contó que la situación hizo crisis para estos indios en la década del 1880. Estos indios fueron bien tratados, “hubo una simbiosis entre la forma de vida tradicional y la de los europeos y criollos que llegaron”. “La agresión fue indirecta por dos vías. Primero, los “loberos” que venían sobre todo de Inglaterra y también de Punta Arenas, quienes aniquilaron a los lobos marinos a partir del 1880. Entonces, los pobres indígenas se quedaron sin su principal recurso alimenticio (que les brindaba entre el 40 y el 60% de su alimentación). Tuvieron que recurrir a otros alimentos para contentarse”, repasó Orquera.
Y sobre los “loberos” que le sacaban el cuero a los lobos marinos, contó que “lo utilizaban para el intercambio comercial. Hicieron desastres en un varios puntos de esta región, mataron de a millones a los lobos para explotarlos. Recién en 1870 llegaron a Tierra del Fuego y tardaron 10 años en aniquilar la especie”.
La otra cuestión que aniquiló a los indígenas “fue la llegada de las enfermedades con los europeos ya que (los indios) no tenían anticuerpos contra esas enfermedades. La tuberculosis en un año se llevó entre un 50 y un 66% de los indígenas, en 1880 eran 2500 y en 1883, menos de 1000. Luego llegaron el sarampión, la viruela, la tos convulsa. Además, los europeos-criollos los acostumbraron a beber alcohol y los tornaron adictos”.
Y para finalizar hizo una evaluación: “Cuando un grupo humano pierde número, empiezan a tener dificultades para reproducirse. Ya en 1900, quedaban menos de 200. Hacia 1920 eran unos 60. Los pobres indios estaban condenados”. A esa altura ya no se morían por las enfermedades pero no estaban en condiciones de reproducirse.
En la actualidad –informa el científico- hay una sola india yamana viva de sangre pura (tiene más de 80 años).
El origen de un arqueólogo
A esta altura de su propia historia, Orquera es un maestro en la materia, sin embargo, en la actualidad no da clases, aunque comenta que tiene algunos “discípulos” con los que se produce un intercambio muy interesante ya que ellos “me enseñan cosas a mí y yo feliz”. En Madryn, una de sus discípulas es Julieta Gómez Otero.
“Cada día aparecen nuevas técnica”, cuenta quien a pesar del recorrido se encuentra dispuesto a aprender.
Rodeado de docentes en su familia, Orquera en su juventud decidió como profesión el Derecho. No obstante, le llamó siempre el contenido histórico de cada materia. Con el tiempo, sin abandonar Derecho, se decidió a cursar la carrera de Historia como hobby. Con las primeras materias descubrió la Antropología (una carrera nueva en aquel momento). Se interesó por la materia Arqueología Americana y descubrió que lo que le gustaba en realidad era la prehistoria…
Se dejó llevar e hizo Historia del Viejo Mundo (una materia optativa): “Ahí estallé, me dije: ‘mi vocación es la prehistoria, es la arqueología’”, así que decidió ir dejando progresivamente su ocupación de abogado y luego de unos años, cuando pudo, se dedicó por entero a aquello que lo apasionaba: la arqueología. Y la arqueología patagónica, agradecida.
Para agendar
El Coordinador Programa Cultural y Eventos del Ecocentro, Javier Arias, adelantó las próximas charlas de este ciclo. Entre ellas (quedan 3 de aquí a fin de año), el viernes 3 de octubre se desarrollará “una charla muy esperada por todos los comunicadores de la región: Valeria Román, periodista especializada ciencias del diario ‘Clarín’ realizará una exposición sobre la actualidad de esta disciplina en nuestro país”.
20/09/08
DIARIO DE MADRYN





