Rotura de un pontón, por suerte muy cerca de tierra, rescate feliz y a empezar de nuevo.
Quince días debieron esperar los tripulantes en su base terrestre próxima a Lorient, en el norte de Francia, expectantes de que se abriera esa ventana en el mapa del tiempo (sucesión de masas de aire) que les permitiera pasar por el Ecuador con una ventaja de un día frente a la marca a batir.
El intento buscaba darle el empellón inicial y una buena cuota de confianza y adrenalina para la tripulación comprometida con la idea de convertirse en héroes. En la mañana del jueves 24 de enero se largaron a volar sobre las aguas del Cantábrico buscando cruzar el paralelo cero antes de los seis días de navegación y dar la vuelta al mundo en menos de cincuenta jornadas. La primera meta fue cumplida y superaron en un día la marca a batir que había dibujado la estela del Orange II en el 2005, al comando de Bruno Peyron. Doblaron el continente africano y siguieron rumbo al este enhebrando centros ciclónicos y marchando a buen ritmo.
Unos 140 kilómetros al este de Dunedin, Nueva Zelanda, el Groupama 3 rompió en dos partes, un poco más adelante de su arraigo, el pontón de sotavento, aquel sobre el cual estaba apoyado todo el barco y el desprendimiento arrancó de cuajo los dos soportes laterales que mantenían al pontón ligado a la estructura central del casco. Los vientos eran de entre 25 a 30 nudos y las olas oscilaban entre 5 y 7 metros. Era el despertar de un triste día, domingo 17 de febrero a las 23.43 UT. Nadie sufrió la menor herida.
Sin el apoyo necesario a sotavento el trimarán cayó lentamente hacia ese lado hasta tumbarse siguiendo hasta la posición de tortuga. Tiempo total diez segundos. Hacía poco que habían entrado al Pacífico y no es que haya sido un mal recibimiento, la zurra la habían recibido en el Índico con fuerte mar del través que los golpeó con dureza durante varios días. El pontón de babor recibió un duro castigo cuando era el de barlovento, tomado por el través por fuertes olas rompientes durante la semana previa a la rotura. Los pontones se comportaron muy bien y deslizaban maravillosamente sobre las olas sin ningún intento de enterrarse de modo que Franck Commas y su tripulación de nueve estaban muy conformes con lo andado y mantenían una actitud conservadora pues promediando la marcha conservaban una ventaja de un día sobre la marca a batir.
Llevaban el barco con cuidado y habían tirado un borde hasta muy cerca de la costa kiwi para mantener una respetable distancia de una profunda depresión que los alimentaba de aire a buena presión. En la guardia estaba Franck Proffit mientras el capitán, en guardia stand-by, reposaba en su cucheta. Cuando sucedió la falla Proffit gritó “gybe” (trabucho) y Commas saltó de su cama, quiso asomarse cuando los integrantes de la guardia trataban de sumergirse dentro de la cabina siguiendo la secuencia de emergencia adoptada en estos casos (para evitar la pérdida de tripulantes o la caída inadvertida al agua). Todos adentro.
Los servicios de rescate fueron alertados por la señal de detención y alarma y se hizo contacto desde Francia con la contraparte en NZL de modo de poner en estado de búsqueda y rescate de los tripulantes del Groupama 3.
Primero fue enviado un avión de exploración que ubicó el trimarán y evaluó la situación así como también tuvo oportunidad de recibir la señal de todos sanos desde el casco invertido. Conocidos los requerimientos de rescate se enviaron tres helicópteros con capacidad para rescatar a cuatro personas cada uno de modo que tres horas después de la tumbada los helicópteros sobrevolaban en casco. El fuerte oleaje y los movimientos ascendentes y descendentes del barco obligaron a los tripulantes a lanzarse al agua de a uno y ser recogidos por un nadador de rescate que bajó por el alambre. Los diez hombres estaban todos en el aire a las 0330 UT y fueron derivados a Dunedin en la isla sur del paraíso de allá abajo. Realmente fue una suerte que la rotura se presentará en ese lugar del recorrido y a tan sólo 60 millas de la costa pues era la segunda vez que navegaban tan cerca de tierra, habiendo sido la anterior el rodeo de Cabo Verde en el extremo de África.
De haber acontecido 24 horas antes los hubiera tomado en medio del Índico, en una latitud de 55º Sur y con una temperatura del agua de 3º Centígrados, o sea condiciones muy difíciles para la sobrevivencia.
La maniobra de rescate fue un éxito en organización y ejecución. Demoraron una hora en levantar a los diez tripulantes, mientras el casco derivaba a razón de 3 nudos. Al día siguiente, bien temprano, se organizó una conferencia telefónica entre Commas y los integrantes del equipo en Francia para acordar disponer de un remolcador y todo lo necesario para rescatar el barco, llevarlo a remolque a puerto cercano, desarmarlo y fletarlo a su base para restauración.
Se inicia el proceso de recuperación
El martes siguiente con un mar suavizado y mejor tiempo salieron al alba el capitán y ocho de sus tripulantes quedando uno de enlace en tierra y ligazón entre los rescatistas y la base en Francia. En un remolcador de veinticinco metros de eslora propulsado por un motor de 1000 HP se hicieron a la mar hacia el este en demanda del catamarán.
Commas recibió de Lorient un plan de contingencia para recuperar el Groupama 3 que contenía procedimientos, maniobras, puntos de anclaje, grosor de los cabos y demás datos de interés para establecer un seguro remolque y regresar el casco a lugar protegido.
El viaje les llevó 12 horas de navegación y si todo salía bien esperaban estar de regreso dentro de cuatro días siendo el puerto de destino Christchurch. No fue posible ponerlo en posición vertical pero se pudo hacer una buena tarea para recuperar dos secciones del mástil, una tercera se perdió, así como también la vela mayor. Se aprestó todo para el remolque y demoraron 23 horas en llegar a Dunedin. Fue necesario cambiar el destino para abaratar el costo del remolque.
Ya seguro dentro del puerto se lo levantó con una grúa para dejarlo flotando sobre el casco principal y un pontón. Después de achicado quedó hermosamente amarrado al muelle y flotando mansamente por sobre el nivel del agua. Todas las velas se salvaron. El próximo paso será embarcarlo con destino a Lorient, Francia y empezar todo de nuevo. Commas se lamenta de no haber podido doblar el famoso Cabo de Hornos, pero asegura que el destino le dará otra oportunidad. ¡No existe duda!
19/03/08
BARCOS MAGAZINE










