El triángulo de las Bermudas de los barcos

 Aunque no contamos con reliquias sumergidas de antiguas civilizaciones, la arqueología submarina en Chile sí halla abundante material de estudio gracias a los numerosos hundimientos de embarcaciones registrados, principalmente, en Valparaíso.

Para un país de larga costa como Chile el tema de los hundimientos de barcos ha pasado a ser una parte nada menor en su historia. Para comprobarlo basta con echar una mirada al clásico libro “Naufragios ocurridos en las costas de Chile”, de Francisco Vidal Gormaz, donde se compendia la mayoría de los desastres marítimos en un recorrido que parte desde antiquísimas naves como el “Sancti Spiritus”, que se hundió en 1526 en Punta Dungenes, y que repasa una a una las embarcaciones locales y extranjeras que desaparecieron en el actual mar chileno. La gran mayoría ciertamente corresponde a navíos que no soportaron las embravecidas aguas australes del Estrecho de Magallanes y alrededores. Otros también son el resultado de enfrentamientos navales, como los ocurridos en la Guerra del Pacífico, que dejaron su huella en el fondo del mar frente a ciudades como Arica, en donde se pueden encontrar los restos del hundido monitor peruano “Manco Cápac”, o frente a Iquique, donde a 28 metros de profundidad descansa la mítica “Esmeralda”.

El centro de los naufragios

Sin embargo, el lugar que se lleva el Guinness en lo que a hundimientos se refiere es la bahía de Valparaíso. Esto, porque hace un par de años un grupo de investigadores chilenos, liderado por el arqueólogo Diego Carabias, el antropólogo Miguel Chapanoff y el ingeniero Raúl Ortiz, de la Universidad del Mar, logró identificar cerca de 500 naufragios. “Revisamos documentos nacionales y extranjeros y eso nos arrojó una cantidad aproximada de 500 naufragios desde el 1600 en adelante en el puerto de Valparaíso, desde Punta Ángeles hasta Punta Gruesa”, afirma Ortiz, y agrega: “Posteriormente lo que hicimos fue asociarnos con una entidad francesa de investigación de arqueología subacuática y algunos arqueólogos latinoamericanos que han trabajado en naufragios e hicimos un equipo con la Universidad del Mar, con el que realizamos una prospección geofísica durante un par de años de la zona sacando fotos del fondo con un sonar e identificando las zonas ferrosas con un magnetómetro. Con eso hicimos un barrido en toda la bahía de Valparaíso y logramos detectar 100 naufragios. Posteriormente lo que hicimos con grupos de buceos fue estudiar 40 de esos naufragios haciendo un “levantamiento arqueológico” de la zona, es decir, una inspección visual del sitio tomando todos los datos descriptivos y de posicionamiento, no intrusiva... nunca sacamos nada de los lugares”.

“Ahora bien, no todos los barcos están bajo el mar, también se encuentran bajo la ciudad que ha avanzado más allá de sus límites originales. De hecho, constantemente cuando se hace una excavación de construcción aparecen restos de naufragios. Por ejemplo, cuando hicieron el estacionamiento en la Plaza Sotomayor aparecieron restos de muelle y de embarcaciones”.

Sobre el interés de los franceses en el proyecto, Ortiz cuenta: “La bahía de Valparaíso a los franceses les pareció de suma importancia para estudio porque hay una densidad de naufragios muy grande. De hecho, ellos decían que nunca habían visto esta densidad de naufragios ni siquiera en lugares donde se hundieron muchos barcos en la Segunda Guerra Mundial como en el Canal de la Mancha. En Valparaíso todos los años hay uno o más hundimientos. La explicación es principalmente climatológica, ya que es una bahía muy expuesta al norte, y si bien los vientos predominantes tienen dirección sureste, los temporales son de viento norte... y como la bahía está derechamente al norte, por eso en los temporales invernales no hay abrigo ni protección. La última de las grandes naves que encalló fue la motonave “Avon”, que lo hizo en la Caleta Portales y que tenía más de 100 metros de eslora. Después la sacaron de ahí y la hundieron mar adentro, ya que dadas sus malas condiciones lo armadores extranjeros no tenían ningún interés en llevársela”.

Consultado sobre alguna embarcación conocida que hayan descubierto, Ortiz explica: “Los nombres de los barcos no los tenemos, porque quedan sólo los cascos, no tienen ni timón, ni ningún elemento que los pueda identificar. Casi todos los naufragios que estudiamos están completamente saqueados. Están todos desmantelados. Por ello resulta difícil identificarlos, a excepción de unos pocos que son los más conocidos y recientes. Existe una legislación, el decreto 311, que protege esto y que dice que todo resto de naufragio con más de 50 años es considerado monumento nacional; por lo tanto, para estudiarlo y hacer cualquier cosa tienes que solicitar un permiso en el Consejo de Monumentos Nacionales y eso no se respeta... de hecho, hay operadores de buzo que llevan gente a naufragios que se conocen que son antiguos. Por ejemplo, hay uno frente a la caleta El Membrillo, un barco hundido del siglo XIX, al que van los buzos y siempre sacan cerámica antigua. No hay conservación, ni protección y la fiscalización es poca”.

Aunque la función de los submarinos es estar bajo el agua, hay dos que se quedaron ahí para siempre. Uno de ellos es el primer submarino de Chile, que fue lanzado en las costas de Valparaíso en 1866 y nunca más volvió a salir a la superficie, llevándose consigo la vida de 11 hombres, entre ellos su creador, Kart Flach. Actualmente, Pedro Pujante, arqueólogo y decano de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de la Universidad Sek, se encuentra trabajando en un proyecto de búsqueda de la malograda nave, con el fin de estudiarla y llegar a comprender las razones de su falla. “Hace dos semanas que estamos investigando con teledetección el lugar en el que se encuentra”, explica el propio Pujante. “En esta primera etapa trabajamos en 4 hectáreas identificando 12 puntos de interés que se fueron revisando uno a uno entre los 45 y los 50 metros de profundidad sin lograr resultados”.

Hundimiento sin resolver

Las tareas de rastreo, en las que participa la Armada prestando apoyo logístico, se retomarán en febrero para seguir investigando en el resto del perímetro de búsqueda que abarca alrededor de 21 hectáreas.

Otro caso, menos claro eso sí, es el de un supuesto hundimiento de submarino ocurrido frente a Viña del Mar en 1976, que habría ocurrido no por fallas técnicas sino a causa de un enfrentamiento con la Armada chilena, negado en todo caso por esta última. En el libro “Agosto 25”, Manuel Contreras Valdebenito cuenta que en 1976 la escuadra chilena habría detectado 2 submarinos sin identificación mientras preparaba maniobras con la marina de Estados Unidos. Uno de ellos, supuestamente peruano, habría sido interceptado y definitivamente hundido con cargas de profundidad. Otro libro que menciona el tema es “Historia de la Marina de Chile”, de Carlos López Urrutia, donde se cuenta que a inicios de septiembre de 1976 los destructores Cochrane, Serrano y Portales atacaron un submarino, evento que además llamó la atención de los habitantes de Valparaíso y Viña del Mar que escuchaban el ruido de las descargas submarinos. El tema ha despertado el interés y ya se han anunciado exploraciones para ver si es cierto.

Recordados naufragios de la zona

Uno de los más antiguos accidentes de que se tenga memoria fue el que afectó a la fragata “Nuestra señora de la Ermita”, en 1769, que aunque significó la pérdida de unas pocas vidas humanas, sí ocasionó la pérdida de toda la fortuna del oidor José Portales, abuelo de Diego Portales.

En 1825, se construyó en Valparaíso un pequeño muelle en el que vararía la famosa “Esmeralda” en 1875. Una mala señal que vendría a sentenciarse como desastre, cuando, desvarada y reacondicionada, terminara en 1879 hundida en la rada de Iquique bajo el fuego enemigo.

Otro suceso que marcó la historia del puerto fue la ocurrida al vapor “Perú” de fabricación inglesa. La nave, junto a otra bautizada “Chile”, fue la encargada de inaugurar la navegación a vapor por estos lados en 1840. Sin embargo, su vida útil terminó en 1851, cuando un fuerte temporal de viento lo lanzó a la rada del puerto dejándolo inutilizado y cobrando la vida de dos marinos.

Ahora bien, algunos naufragios también tienen su lado positivo. Es lo que pasó, por ejemplo, con la corbeta “La Oriental”, un navío en el que familias belgas y francesas embarcaron a sus hijos para que emprendieran una travesía de estudio junto a un grupo de profesores. La corbeta, en su paso por Valparaíso en 1840, no supo enfrentar una corriente y terminó partiéndose al estrellarse con la temida Roca del Buey. El punto es que no sólo se salvaron los tripulantes, sino que además terminó quedándose en Chile el profesor de a bordo Vendel-Heyl, quien pasó a enseñar literatura, lenguas y filosofía en el Instituto Nacional y en la Universidad de Chile. Otro que se quedó en nuestras tierras fue Esteban María König, un dibujante que se instaló en Ancud donde fundó la Escuela Náutica de Chiloé en 1944.

En el siguiente siglo, en 1903, los habitantes de Valparaíso se vieron impactados por el naufragio del mercante “Arequipa”. Se trata de uno de los más trágicos accidentes en la bahía, ya que en él murieron 80 de los 100 tripulantes que tenía la nave.

Un caso menos dramático fue el del vapor “Concepción”. La nave, que salió en 1913 de los bastidores de Escocia y que sirvió unos años en Holanda, fue adquirida por la empresa chilena Braun y Blanchard, la cual alcanzó a tenerlo apenas un año antes que se fuera al fondo del mar, en 1929, a raíz de un temporal en la bahía de Valparaíso. Aquí por lo menos la tripulación alcanzó a escapar.

El 22 de mayo de 1940 ocurrió otro de los recordados hundimientos. Se trató del naufragio del dique “Valparaíso”, que se fue a pique con el vapor “Chile” en su interior. El dato anecdótico es que en esa época Roberto Parra, el autor de “La Negra Ester”, trabajaba justamente como enfierrador del mencionado dique.

Fuente: El Mercurio
26/12/06

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