Historias de polizones: cómo viven los africanos que llegaron a La Plata

Fueron declarados como refugiados. Dos viven en Capital, uno en Merlo y otro en Zárate

Escapan de sus hogares, suben clandestinamente a buques de los que muchas veces desconocen su destino, llevan lo puesto, y habitualmente van acompañados de sueños que fueron madurando durante gran parte de su infancia y de una adolescencia que sabe más de hambre y sufrimiento, que de felicidad. Así pasan sus días los polizones, que intentan huir una y otra vez hasta llegar, paradójicamente, a buen puerto.

Tres de ellos fueron los jóvenes africanos que habían llegado a La Plata el 29 de marzo de 2004 -un cuarto integrante había bajado antes en San Nicolás- luego de que en sus países de origen masacraran a sus familias. Y a todos ellos les fue otorgada la condición de refugiados.

Los tres jóvenes -de entre 14 y 16 años- que llegaron al puerto local, desde un primer momento manifestaron su intención de quedarse -como casi todos los que están en esta situación- hasta que la intervención de un organismo de Derechos Humanos evitó su deportación, junto a la actuación del juez federal de La Plata, Arnaldo Corazza, quien ordenó que bajaran del barco para que puedan ser asistidos por Prefectura.

El cura Elvio Metone, fundador de la obra "La Casita", que actualmente alberga a más de 70 chicos y adolescentes en situación de riesgo, les dio albergue en un primer momento. Allí, en el partido de Moreno, estuvieron los jóvenes africanos hasta febrero de este año.

En diálogo con EL DIA, el padre Metone explicó que "dos de ellos viven actualmente en un hotel en capital federal con el subsidio que les otorgó el ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados), que es de 500 pesos mensuales, otro formó pareja y vive en Merlo, mientras que un cuarto polizón, que había descendido y fue hospitalizado en San Nicolás, está viviendo en Zárate. Aunque siempre me extrañó que a pesar de todo lo que habían vivido juntos, jamás se visitaran entre sí".

Por ellos, hubo en su momento hasta pedidos de familias platenses que se mostraron interesados en adoptarlos. Los cuatro habían subido en el puerto de Guinea a un buque maltés. Tres llegaron a La Plata y el restante debió ser hospitalizado en San Nicolás.

VIDA DE POLIZONES

Los polizones provienen de países en vías de desarrollo y quieren huir por causas claramente manifestadas: hambre, pobreza, guerras civiles y en muchos casos deseos de ayudar a sus familiares que no se pueden movilizar para intentar salir adelante. Aunque la indiferencia de los Estados juega, a menudo, un papel determinante.

Los relatos de los polizones están impregnados de miedo, de aventura y de abandono, casi en partes iguales. Y hasta el dramatismo se hizo presente en el trayecto del joven dominicano -el último caso en nuestra ciudad- que vio morir a su compañero de viaje, arrastrado por la furia del agua.

El Puerto La Plata vio cómo en 2002 llegaban 11 polizones de la República del Congo; mientras que en 2004 arribaron desde Guinea tres chicos en un buque maltés -dos eran liberianos y uno del país de donde partió el barco-; y además de Marcos Abraham, días atrás se conoció el caso del camerunés Jean Bemey.

Pero la suerte fue dispar para ellos. Los congoleños fueron deportados a su país, luego de un trámite confuso que hasta los devolvió a nuestra ciudad, aunque finalmente retornaron a Africa. La misma situación vivió el camerunés, quien sin pisar suelo argentino siguió viaje a su país.

Por su parte, Marcos Abraham sigue en La Plata y tiene su lugar, donde vive con adolescentes de su edad, hasta tanto consiga ser declarado como refugiado, lo que le permitirá percibir un subsidio.

Pero estas historias pertenecen, casi en su totalidad, a quienes logran el objetivo de llegar a un puerto determinado para luego recibir asistencia. Otros, en cambio, son directamente arrojados al agua cuando son detectados por la tripulación en medio del viaje.

Esta dramática situación Marcos Abraham la vivió hace más de un año, cuando viajaba en un buque de tripulación filipina, y tras ser encontrado fue conducido a la cubierta con su compañero de aventura, amarrado y tirado al mar. "A mí me salvó un barco ruso, pero mi compañero murió", narró Marcos.

REFUGIADOS

Los especialistas aseguran que "los polizones primero quieren llegar y luego buscan legitimar su permanencia, intentando que se los declare como refugiados, tarea que en nuestro país está a cargo del CEPARE (Comité de Elegibilidad para los Refugiados)".

Esa decisión está en consonancia a la normativa internacional, que obviamente fue ratificada por Argentina. De acuerdo con la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, una persona es considerada como tal "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él".

Diana Asmat, abogada del Observatorio para las Minorías, explicó que "se debe entender que quien arriba como polizón llega como refugiado y se debe asegurar el personal de Migraciones que esta persona pueda manifestar su voluntad. Para cumplir con la normativa internacional es muy importante que el funcionario en frontera sea idóneo para decir si la persona está en condiciones de pedir refugio o no, y si lo puede hacer por sus propios medios".

14/07/06
EL DIA

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