Históricamente relegadas, muchas mujeres luchan por conseguir trabajo arriba de un barco pesquero. La historia de Mirta, muestra que pueden lograrlo y trabajar a la par de los hombres
Terminó la escuela para sacar la libreta de embarque. Luchó para conseguir un lugar, en un ámbito machista. Empezó como camarera y hoy trabaja en el empaque, cargando cajas de 12 kilos de langostino congelado. Desde hace diez años, Mirta Lopez pasa la mayor parte de su vida arriba de un pesquero, donde llega a tener mareas de sesenta días. Y a los 47, aunque el desarraigo es fuerte, y es la única mujer del barco, no lo deja por nada: "a mi me sacan del buque y me sacan de mi hábitat natural". Su historia como marinera se remonta a principios de los noventa, cuando sus tres hijos eran todavía adolescentes; y ella trabajaba temporariamente como empleada doméstica. "Me llevó la crianza de mis hijos y la necesidad de trabajar en otra cosa... Me enteré que las mujeres tenían la posibilidad de sacar la libreta de embarco, y no tenía mi séptimo grado aprobado, entonces me puse a estudiar y en el ‘94 terminé en la nocturna. En el ‘95 ingresé a hacer el curso, duró cuatro meses y en julio obtuve la cédula provisoria... saqué la habilitación de camarera, y al mes, con la ayuda de Dios, tuve mi primer barco. Salí como camarera de oficiales y a los 30 días de navegación me bajé por el fallecimiento de mi papá". Otra vez en tierra, y otra vez volver a empezar. Otra vez, recuerda, a buscar una puerta que se abra: "Ahí empecé a patear muelle, como se dice en esta jerga, a la mañana, a la tarde, a la noche. Como tenía a toda mi familia trabajando en Conarpesa (mi hijo, mis primos, amigos), lo seguí durante meses al jefe de personal para convencerlo de que me embarque, que me de la oportunidad. Y el 12 de enero del ‘96 empecé a navegar en Conarpesa".
COSAS DE HOMBRES
Mirta trabaja en uno de los barcos rojos que desde la costa de Madryn se pueden ver amarrados al muelle Storni, o fondeados en la rada del Golfo Nuevo. El buque -un tangonero de 46 metros de eslora- tiene camarotes para cuatro y seis personas. Ella, entre 24 tripulantes, es la única mujer a bordo; pero con diez años de trabajo ya está acostumbrada: "A veces depende de cómo vaya la gente. Estuve muchos años navegando como moza, como camarera. Pero me gusta más el trabajo que se hace en la planta. Hago lo que hace el hombre, con la única diferencia que no voy a la cubierta, no hago trabajos de cubierta por los riesgos. Voy al pozo a hacer el descarte, si hay que descartar; porque nosotros buscamos el langostino. Y si tengo que clasificar, no clasifico mucho a bordo pero sé hacerlo. Por lo general estoy de ayudante en el empaque, ahí procesamos la materia prima y la traemos lista para la exportación. Primero pasa por un túnel, se le da frío durante unas tres horas y media, y de ahí se pasa a los containers, se sellan los containers y van a la bodega, donde quedan listos para exportar". "Comparto, de hecho, el trabajo con mis compañeros, no hay diferencias ahí. Al principio fue un poquito reticente, de hecho esta actividad es bastante machista. Yo en el barco no he tenido inconvenientes en los diez años que navego, estoy acostumbrada, a mi me sacan del buque y es como que me sacan de mi hábitat natural; porque hay un grupo que no se mueve casi de ese barco. Todos nos conocemos y sabemos cada cual el trabajo que nos corresponde, me siento protegida por mis compañeros... A veces estamos sacando el túnel (sacamos las cajas del primer congelamiento, las tapamos y las metemos en los containers), y algunos marineros quieren containar... vienen y te dicen ‘a ver dejame, enana’... ¿por qué? ¡dejame que lo haga yo! ¡Lo se hacer! Todavía puedo levantar una caja de 12 kilos e ir tirándola…... Obviamente, no vamos a comparar jamás la fuerza bruta de un hombre con la de una mujer; pero el hombre es medio sobreprotector, aunque la mujer esté capacitada... Por ejemplo, querés aprender a hacer una costura, ir a coser una red, y no te dan el espacio. Es como que no lo podés hacer, como que no estás capacitada... pero si no te enseñan y no te dan la oportunidad, no vas a aprender. He tenido compañeros que me han permitido ir a picar una red, y no soy una experta pero aprendo". En el gremio que nuclea a los marineros, el SOMU, tienen más de sesenta afiliadas, sólo en Madryn; pero no todas trabajan. Mirta tiene una compañera en la empresa, pero en otro barco; y puede contar a las pocas embarcadas que ve en otras pesqueras de la zona, ya que a la mujer en la pesca se le ha relegado principalmente el trabajo en tierra, de filetera. A la hora de embarcarse, la situación se complica: "Hay muchas desocupadas -advierte Mirta-. Es verdad que es un ambiente bastante duro para conseguir. A mi me costó mucho, por eso yo todos los días de mi vida le voy a dar gracias a Dios por tener el trabajo que tengo, porque soy una privilegiada. Y también valoro la confianza que han depositado en mi la empresa y el gremio". En el sindicato, Mirta es secretaria de seccional suplente; y señala que son muchas las chicas que van a pedir ayuda, para embarcar. Con el intermedio del sindicato, algo se ha logrado para ir revirtiendo de a poco la situación, pero no es fácil; son siglos de historia en las que diferentes culturas ubicaron al hombre en el lugar de proveedor de alimentos (con permisos para ausencias prolongadas del hogar) y a la mujer en la crianza de los hijos, al hombre en el esfuerzo físico y a la mujer en tareas más livianas. Pero además, hay cuestiones empresariales que tienen que ver con la forma en que se diseñaron los barcos, en los cuales no hay baños y camarotes para uno y otro sexo, entonces todo es compartido y el prejuicio se retroalimenta ya desde la propia estructura.
EL SACRIFICIO DE TODOS
La duración de una marea puede variar. Se navega hasta completar el barco con la especie buscada. "Hemos tenido mareas cortas de diez días de navegación, como hemos tenido mareas de sesenta días, que es la autonomía máxima de estos barcos", dice Mirta. "Y a bordo la vida es sacrificada. No solamente para la mujer, para el hombre también; en esto no vamos a hacer diferencias... Y con esto no quiero decir que ningún trabajo sea fácil, todo trabajo tiene su sacrificio, porque inclusive estar sentado detrás de un escritorio, detrás de una computadora, también tiene sus sacrificios, sus horas, su cansancio; porque no solamente es el cansancio físico, sino también el mental. Y a bordo también, es el físico y el mental". "Yo tengo tres hijos, todos casados, uno de 28 que también navega, 27 la niña y 25 el más chiquito. El mayor empezó a navegar primero que yo, a los 16 años; y está orgulloso de mi trabajo porque conoce mi sacrificio. Y se extraña... se extraña mucho... tengo cinco nietos, que me reclaman: ‘¿cuándo llegás? ¡cuánto tiempo estás pescando, nona!’ y esas cosas. Y te perdés muchas cosas. Lo veo en mi nieto, el más pequeño... cuando me fui el bebé tenía un mes y medio, lo dejé de ver y ahora ya tiene tres meses, está inmenso... y vos esas cosas las vas perdiendo, y decís: ‘¡cuántas cosas me perdí de los primeros pasitos de mis nietos!’...Y esto no me pasa solo a mí. Hay compañeros que hacen dos o tres viajes largos, cuando se fueron el bebé era recién nacido y cuando llegaron ya está grande, ni siquiera lo conocen... es muy difícil, no solamente para la mujer, para el hombre también. El trabajo es sacrificado para todos".
30/04/06
EL CHUBUT











Hola mirta yo me llamo celia