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Patricia Halvorsen Pionera del Viedma al rescate de la memoria y la identidad

 Integrante de una de las familias pioneras del Oeste del Lago Viedma, que desde 1905 habita en la zona rural de la novel El Chaltén, dada la permanente migración y el atractivo turístico, la autora se ha comprometido en la misión de rescatar la memoria y la identidad de la región. Así tiene publicadas bien documentadas historias del río Las Vueltas y los Hielos Continentales, La Leona y hasta el Vasco de la Carretilla. Ahora son las uniones entre nativos y foráneos, por mucho tiempo ocultas en razón de nuestra historia.

PH: Soy integrante de una familia pionera establecida en la zona Oeste del Lago Viedma, la más antigua con permanencia ininterrumpida hasta la actualidad. Para ubicar mejor a quienes no conozcan suficientemente el área, comento que hoy corresponde a la zona rural de la novel localidad de El Chaltén.

LOA: ¿Qué ha indagado sobre esos orígenes?
PH: Mi abuelo paterno nació en Noruega. Se quedó en la Patagonia, por esos avatares del destino, tras el naufragio de la nave británica Glengowan, en la que trabajaba como marinero y que llevaba carbón de piedra en su viaje inaugural de Swansea a San Francisco –todavía no existía el Canal de Panamá-. La carga se incendió y el resultado fue el hundimiento del barco en las afueras de Puerto Stanley, el 30 de noviembre de 1895. Toda la tripulación fue salvada, entre ellos: Halvor Halvorsen. Un día de su obligada estadía en Malvinas, un capitán sueco que iba a hacerse cargo de un barco en Punta Arenas le ofreció trabajo. Se trasladó entonces al Sur de Chile, donde permaneció varios meses como sereno del “Ambassador” que operaba como depósito. Más tarde navegó un poco por la costa, trabajó como peón, domador y, también, buscó oro.

LOA: ¿Y cómo llegó hasta la zona del Lago Viedma?
PH: En Ultima Esperanza conoció a un alemán, Herman Sigart, propietario de una tropilla grande. Halvor era domador y su compañero tenía muchos caballos que quería domar. De común acuerdo decidieron ir hacia el Norte y así llegaron al lago Viedma en 1905. Luego el alemán tomó otro rumbo y mi abuelo regresó a su país para buscar una mujer. Eso de volver al terruño en busca de una compañera era por entonces bastante común. En ese tiempo, esta era tierra de hombres. Entre sus contemporáneos en la zona figuran: Jack Von der Hayden –también conocido por Juan Venría-, hombre popular en la etapa en que la gesta colonizadora se extendió hacia la cordillera, y -entre otros- Alberto Konrad, apodado Milodón Chico; el mismo de quien se cuenta había sido uno de los que encontraron los restos de ese animal antediluviano en la cueva del Sur de Chile.
 El 27 de diciembre de 1912 se casó en Noruega con Marie Aslaug Pedersen, mi abuela, con quien llevó adelante su establecimiento: “Río Túnel”. Tuvieron seis hijos, una niña y cinco varones; el penúltimo fue mi padre: Otto Halvorsen. Todos nacieron en el campo, asistidos por el padre en obligada función de partero. Con toda justicia podemos decir que es a esas generaciones a las que les cabe el término pionero en toda su dimensión: vivieron a distancias extremas de los centros urbanos, sin otro camino que la huella marcada al andar y, por consiguiente, con todas las privaciones de imaginar. Siempre digo: pobladores comprometidos los hubo y los hay, ¡pero pioneros fueron los de antes!

LOA: Tiempos difíciles sin dudas…
PH: La escolaridad de los hijos también era un problema. En ese tiempo la economía regional giraba en torno a la cría de ovinos y la mayor parte de la población del Territorio residía en el campo. La opción más votada por las familias que no residían en los pueblos era enviar a los chicos a un internado y, en general, las que no profesaban la fe católica no elegían los colegios salesianos. Cual hubiera sido la elección de la escuela, siempre implicaba que permanecieran lejos de sus hogares durante el periodo escolar; regresando siempre para las vacaciones de verano y ocasionalmente en el receso invernal, lógicamente, en función de las condiciones climáticas.
Los Halvorsen, como tantos otros chicos del Territorio de Santa Cruz en la época, fueron al St. David College en Trelew.
 Con la siguiente generación, la mía, pasó lo mismo, pero ya con abuelos, tíos y parientes –beneficio del que generalmente no gozaron los inmigrantes- en algunos casos existía la posibilidad de ubicar a los chicos en la casa de algún familiar que viviera en algún centro urbano; la otra opción seguía siendo siempre el internado; modalidad que fue declinando, en nuestra provincia hasta desaparecer.
Aunque a paso lento, las cosas fueron cambiando, entre ellas: mejores automóviles, caminos de ripio en lugar de huellas y los aviones que remplazaron a los buques de pasaje que habían sido todo un símbolo de la etapa anterior.   

LOA: Usted ¿Dónde nació?
PH: Yo nací en Río Gallegos, en la clínica Borelli, en 1962. -En ese tiempo ya se estilaba que las mamás bajasen al pueblo o a la ciudad para tener a los bebés- y un par de días después me llevaron al campo. Sobre el río de las Vueltas todavía no había puente que pudiera cruzarse con vehículo. El cruce se hacía a caballo, en algún medio de transporte alto si el caudal del río lo permitía. En general, los vehículos se dejaban de la mano izquierda del río. Antonio Rojo fue el encargado de ir a buscarme con el tractor de estancia San José para cruzarme. Esto como si fuera un presagio del destino. Pocos años después falleció mi papá y mi mamá se casó con Antonio, también hijo de pioneros de la zona y siempre dispuesto a colaborar en esto de compartir historias para que no se pierdan.

LOA: ¿Qué recuerdos tiene de su infancia en la zona?
PH: En ese entonces esto era todo campo y la poca gente que había iba migrando por distintas razones a los centros urbanos, pasando a ser mi familia –todavía vivía en Estancia río Túnel mi abuela, quien falleció a los 95 años de edad y mi tío Pedro, solterón- y Antonio, en representación de la suya, las únicas que finalmente permanecimos en el área hasta la actualidad. Mucho más adentro, en la cabecera Sur del Lago del Desierto vivía también doña Juana Sepúlveda con algunos de sus hijos, persona sin instrucción que transfirió los derechos de las tierras que ocupaba y también se retiró, aproximadamente en 1975. Creado el pueblo, algunos de sus hijos se radicaron en El Chaltén.
A Patricia le costó mantenerse en el eje de las preguntas que le envié para esta interesante historia pionera, porque sobre cada recuerdo venían a su mente muchos otros colaterales, unos relacionados con otros. “Todo tiene que ver con todo, pero no nos alcanzaría el suplemento ni el diario”, confiesa esta inquieta mujer que seguramente no parará de documentar historias de la región.
PH: Fuimos en total diez nietos, de los cuales yo soy la menor, y única hija de Otto quien en la década del ‘50 compró el pequeño establecimiento lindero al de sus padres, Estancia La Quinta, donde él se dedicó a la cría de ovejas, yo di mis primeros pasos y alterné mi etapa escolar -entre el campo y la ciudad-. Mi abuela materna vivía en la provincia de Buenos Aires, por eso allí hice el primario y luego el secundario con las Hermanas de la Merced. En ese tiempo eximíamos las materias con 7, me acuerdo que siempre me la pasaba haciendo cálculos para que me diera el promedio, no llevarme materias, poder volver. Más adelante, en la universidad, cursé una tecnicatura universitaria en Ciencias Biológicas, seguida de una licenciatura que en medio del nacimiento de mis dos hijos resigné.
Creció entre lo inhóspito y la ciudad, aunque indagando en ese recuerdo, no encuentra que las dificultades y aún el desarraigo, hayan sido un problema, sino por el contrario, desafíos y oportunidades.
PH: Crecí en el contraste de lo inhóspito y la gran urbe; me adapté con facilidad a los dos estilos y creo que pude capitalizar lo mejor de cada uno. En cuanto a las dificultades propias de tiempos ya lejanos por estos lares, recaían en mis mayores y no eran para mí un problema en sí. Cierto es que los caminos eran malos, que el tendido del puente sobre el Río de las Vueltas corresponde a una etapa tardía, que la calefacción era a leña –por la misma vía se obtenía el agua caliente (serpentina)-, el sistema de comunicación era la radio (radioaficionado), el auto correo llegaba cada quince días y el centro urbano medianamente significante y de acceso más directo era Piedra Buena. Hoy todo es mucho más fácil, con luz, gas, teléfono, medios de transporte de línea regular y muchas otras comodidades, no podemos decir que hacer soberanía nos resulte sacrificado como a los pioneros.

LOA: Autora de El Vasco de la Carretilla, una historia real; Entre el río de las Vueltas y los Hielos Continentales; La Leona, historia de balsas, boliches y enredos y ahora Identidades enmascaradas en la Patagonia. ¿Qué fue lo que la llevó a indagar y a publicar esas historias?
PH: Siempre me gustaron los animales y disfrutaba estar metida en los corrales con las ovejas, con los perros, acariciando gatos y llevando a la casa cuanto bicho se cruzara en mi camino. En medio de todo ese mundo, constantemente escuchaba anécdotas de cosas ocurridas antaño. Seguramente, de allí despuntó tanto mi afición por averiguar más de lo que había recibido por transmisión oral, como por las antigüedades y la posibilidad de relacionar determinados objetos presentes en mi vida cotidiana, con situaciones que tuvieron lugar en el mismo espacio geográfico pero en distinto momento histórico.
Fundado El Chaltén, un pueblo de características completamente distintas a las de cualquier otro pueblo de la provincia, por las circunstancias de su emplazamiento y el elemento humano que lo compone, llegado mayoritariamente de distintos puntos del país, advertí que había un gran desconocimiento de la historia local. Comenzó a acentuarse el turismo y buena parte de lo que se le contaba al visitante tenía que ver más con la imaginación o la interpretación parcial de la escasa bibliografía, que con la gesta pretérita que abrió la brecha para que hoy estemos acá.

LOA: Así nació la primera documentación histórica y estratégica si se quiere, en función de nuestra soberanía…
PH: Para dar forma al libro, que lleva por título Entre el río de las Vueltas y los Hielos Continentales, empecé a buscar más información y respaldo documental. Trabajé tanto consultando archivos e indagando en la memoria de los mayores que alguna vez estuvieron vinculados al área, que pronto pude moverme con soltura en el marco de una geografía que no me era ajena pero en un tiempo que no era el mío. Sumado a esto, Osvaldo Topcic y José Borrero me acicateaban con ¡publique! Usted lo puede contar desde adentro. Y si podemos serle útiles en algo, avise…
Finalmente el libro se publicó. Fue presentado en la casa de la SADE en Buenos Aires, a sala llena. Germán Sopeña se había encargado por motus propio de difundir el acto en el diario La Nación y el primer ramo de flores que llegó fue el de Borrero. En Río Gallegos, se presentó en el marco de la Feria Provincial del libro (año, 1998). Topcic dijo las palabras introductorias. La primera edición se agotó en tres meses y obtuvo algunas menciones (declarado de interés local por la Comisión de Fomento de El Chaltén, de interés provincial por la Cámara de Diputados de Santa Cruz y Premio al Mérito Geográfico 1998, otorgado por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos). Poco después, surgió una propuesta de otro sello editorial y se publicó traducido al idioma inglés.
A esa altura, tras hurgar en cuanto archivo hubo a mi alcance, rescatar fotos inéditas y fascinarme leyendo expedientes, seguía escudriñando sobre distintos temas, simplemente por afición. En medio de todo esto publiqué una historia breve: El Vasco de la Carretilla, una historia patagónica real; librito que va por su tercera edición. Así se fue perfilando mi voluntad de compartirlos; mi inquietud literaria venía de mucho antes, creció conmigo.

LOA: Hay en nuestra región mucho mito y leyenda que se ha dedicado a investigar, para dejar documentado con solidez, lo que realmente ocurrió en estos lugares. Tal es el caso de La Leona ¿Cuáles fueron los mitos que se vio en la obligación de derribar?
PH: El caso de La Leona es muy particular, especialmente porque en estos últimos años, como estrategia de marketing, le han cargado al sitio una pléyade de acontecimientos nunca ocurridos en el lugar. Con la implementación de ese ardid es cuando comienzan a circular esas versiones, que no son mitos ni leyendas, sino noveles relatos que distan de ser reales y que pretenden atraer al turista sin importar la calidad de la información.
Creo que los santacruceños no queremos atraer a los visitantes sin importar la calidad de servicios y actividades que ofrecemos, pues mal diligenciar la actividad turística o con cortedad de miras, conduce solo a perder prestigio y consecuentemente posición en el mercado. Al margen de esto, me dije: ¿y qué hay de nuestro orgullo por nuestros bienes patrimoniales y su real puesta en valor? ¡Para que inventar, si nos sobran cosas reales para contar!
Entre las fantasías que me vi en la obligación de derribar figuran desde datos relativos a la construcción del parador hasta habladurías sobre la presencia de célebres bandoleros que nunca entraron en la pretendida escena. Pero por sobre todas las cosas traté de contar cosas que pasaron de verdad, muchas vivas en la memoria local.
El proceso de investigación fue increíble y muy placentero, descendientes de distintas familias vinculadas al parador en sus primeras etapas se engancharon con la intención de revalorizar el sitio y sacaron del arcón de los recuerdos anécdotas y un montón de fotos. Una vez publicado el libro hubo gente que se acercó para aportar más datos, los que voy a agregar en la segunda edición que estamos preparando. La repercusión de la primera fue muy buena y quiero incluir los nuevos aportes. Invito a quienes quieran sumar alguna información, enviarla al siguiente correo [email protected]
Y casi como un privilegio, en menos de un año, dos publicaciones, al menos en lo que hace a presentaciones, ya que en 2010 las Ferias anuales la tuvieron como protagonista por La Leona y 2011 por su última publicación. Podemos pensar en una autora prolífica, con mucho más para dar y contar, a partir del interés y repercusión que despiertan cada una de sus publicaciones.
PH: “Identidades Enmascaradas en la Patagonia” es mi publicación mas reciente. Es un compendio de historias apasionantes relativas al proceso de mixtura entre nativos y foráneos, y aunque algunas parezcan rayanas a la ficción, son reales. Una de esas historias es la de Ramón Lista, segundo gobernador del Territorio. El cineasta que busque material para una novela histórica, en la agitada vida social y amorosa de Lista hallará el guión completo: nieto de su homónimo héroe de Caseros, emparentado con familias patricias, a su tiempo yerno del poeta Olegario V. Andrade, destacado explorador, geógrafo y etnógrafo entre otras sapiencias; su vida plagada de sobresaltos discurrió entre viajes, accidentes, amores paralelos, desgracias familiares y su infortunio final. Una de sus hijas mestizas fue Ramona Lista, mujer reconocida en el ámbito Territorial, criada a la usanza tehuelche y cuya descendencia se extiende hasta la actualidad.
El libro incluye una serie de cuadros genealógicos –que sabemos incompletos por razones de espacio- en los que figuran descendientes de los protagonistas en el tiempo, muchos de ellos son nuestros contemporáneos. Moyano, Coronel, Ibáñez, Martínez, Jamieson, Mercerat, Carminati, Radburne y muchos otros nombres de antiguas familias figuran en estas páginas aquí y allá.

LOA: ¿Hay algo de esto en su propia familia?
PH: Por ahora no, pero las familias antiguas de Santa Cruz estamos bastante emparentadas. Mis primos están casados con los de fulano y así sucesivamente; en esa larga cadena hay bastante, pero no en nuestra familia directamente.

LOA: ¿Qué pasó con esas familias frente a la realidad de que sería documentado su origen y sus relaciones familiares?
PH: Las que contaban con información enseguida se mostraron dispuestas a colaborar. El tema es que tras el tortuoso proceso de transición sufrido por los nativos, significante número de descendientes sintieron quebrado el orgullo de pertenecer a esa raza y con ello, la pérdida de parte de la tradición oral –también del idioma-. Muchas veces me encontré con más preguntas que respuestas. Hace solo un par de décadas en general no pregonaban su origen. Hoy sí, parece que la distancia en el tiempo ha cicatrizado ciertas heridas.
En el curso de la investigación no encontré resistencia, por el contrario. Es más, algunos desnudaron episodios familiares que un par de décadas atrás no hubieran comentado. Hoy como sociedad tenemos otra visión.

LOA: ¿Qué repercusiones han alcanzado estas historias?
PH: Distintas y muy positivas. Por ejemplo, en las respectivas ferias del libro de Rio Gallegos y El Calafate, también en la presentación del libro en Piedra Buena, se me acercó gente para contarme que descendía de tal o cual familia, algunos me presentaron a sus nietos mientras les contaban que algunos de sus predecesores eran los protagonistas del libro. Eso realmente me emocionó.
Hay también quienes quieren saber más de sus orígenes, sobre los cambios de cosmovisión o distintos detalles puntuales. En todas las localidades tuvieron muy buena aceptación. Muchas veces la falta de tiempo y las distancias que debemos recorrer en nuestra dilatada provincia nos juegan en contra. No obstante ello, presenté el libro en Caleta Olivia, Comandante Luis Piedra Buena, Río Gallegos, El Calafate, El Chaltén, y en Buenos Aires en el marco de la Feria Internacional del Libro.

LOA: ¿Dónde transcurren sus días en la actualidad?
PH: En la actualidad mis días transcurren en el campo, en Estancia La Quinta, al pie del cerro Fitz Roy, en la amalgama de las tareas propias del medio y la de anfitriona, junto con mi familia, de quienes nos visitan. Para despuntar el vicio, hace algunos años habilitamos un pequeño museo e invitamos a los interesados a participar de la actividad “Encuentros con la Historia”. El propósito que perseguimos es dar a conocer el patrimonio cultural de la zona. Comenzamos con la llegada del primer blanco al área, Antonio de Viedma, y hacemos un recuento de los episodios más relevantes hasta la actualidad -gesta colonizadora, personalidades y personajes, conflictos limítrofes, etc.- Este circuito fue declarado de Interés Turístico y Cutural por la Comisión de Fomento de El Chaltén en 2008.

LOA: ¿Qué otra investigación o futura publicación tiene en sus proyectos?
PH: Por ahora estoy preparando material que quiero reeditar, como La Leona, historias de balsas boliches y enredos. Tengo un par de proyectos pendientes, uno naif y otro algo transgresor. Cuando los tenga más maduros les cuento.
Patricia Halvorsen se despide con un “hasta la próxima” y con la promesa de alguna nueva e interesante historia de la región. “Algo transgresor” se limita a anticipar, dejando el halo de misterio que tanto atrae de la Patagonia, pero que se ha dedicado a documentar y contar con solidez. Eso le ha allanado el camino para el hallazgo de la documentación, y cada vez entusiasma a los propios lectores a colaborar con más material. Sin dudas, desde una inquietud literaria que confiesa, creció con ella, como la región, una fuente inagotable de buenas historias por publicar.
Por Mariana Cabezuelo
[email protected]

26/06/11
LA OPINIÓN AUSTRAL (Suplemento Habladurias)

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