Botadura y autocrítica en Astilleros Contessi

La falta de merluza está provocando hechos por demás curiosos en la industria pesquera marplatense. Días atrás contábamos las críticas desmesuradas de Franco Barillari para con la flota arrastrera.

Siempre Don Conrado

(Mar del Plata) Ahora, siempre en el marco de botaduras de buques pesqueros, una constante que no desaparece pese a la precaria situación biológica de muchos recursos, Domingo Contessi, el gerente del astillero familiar que impulsó don Federico, se animó con una autocrítica al momento de encontrar una explicación a la crisis que atraviesa el sector.

Fue en los minutos previos a que el “Siempre Don Conrado” bajara hacia las aguas del puerto local, en las instalaciones que el astillero desplegó en jurisdicción de la provincia de Buenos Aires. “Quizás parte de la culpa sea de esos mismos pescadores y de su voluntad de progresar. Seguramente parte de la culpa sea de los astilleros argentinos, que como en nuestro caso, nos empecinamos en construir barcos pesqueros como este que hoy entregamos”, aseveró Domingo.

“Sin ir más lejos, en estos 35 años botamos 87 pesqueros a un promedio de dos barcos y medio por año. ¿Es mucho eso? A nosotros nos da un poco de vergüenza por lo que hicimos; pero evidentemente algo debe haber contribuido al aumento del esfuerzo pesquero y pedimos disculpas por la responsabilidad que nos compete”.

Hasta ahí llegó la autocrítica del empresario bajo el cielo plomizo y la lluvia constante que le dio marco a la ceremonia. A su historia le faltaron algunos capítulos que explican con nitidez la culpa que siente Contessi.

En la última crisis pesquera, hace casi una década, el astillero eligió como estrategia empresarial construir embarcaciones pesqueras sin el correspondiente pedido del armador de turno. La excusa en aquel momento fue que los obreros navales se quedarían sin trabajo y la empresa claudicaría. Con ese criterio, los barcos nunca obtuvieron el permiso correspondiente para capturar merluza. Hasta que la Provincia presionó para obtener el “cupo social” y así atender las necesidades de los “inadecuados”, nucleados hoy en UdIPA. Parte de esa flota se integra con los barcos que se “empecinó” a construir el astillero, que de esa forma pasó a ser también una empresa armadora.

En este caso, el “Siempre Don Conrado” –propiedad del ex dirigente Juan José Buzzurro junto con Franco y Ángel Di Iorio– reemplaza al “Don Conrado”, un barco que el astillero había botado hace 35 años. El buque tiene una eslora de 19,45 metros, 6,40 de manga y 3,27 de puntal. La madrina de la nueva embarcación es Ana María Demianiw, quien estuvo acompañada de su esposo, Oscar Fortunato.

18/02/08
PESCA & PUERTOS

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