La fragata Libertad, recuperada

Un trozo de la Argentina volverá a surcar los océanos.

Tras algo más de un año de imprescindibles reparaciones, realizadas en el dique seco del astillero de Río Santiago, la fragata escuela ARA Libertad ha sido recuperada y se apresta a retomar su condición de embajadora de nuestro país en los más diversos puertos del orbe. Conducirá a los guardiamarinas en comisión -entre los cuales por primera vez habrá mujeres- de una nueva promoción de la Escuela Naval Militar.

Diseñada y construida en el mencionado astillero, la Libertad es uno de los más grandes veleros en actividad y entró en servicio en 1963. Desplaza 3720 toneladas y sus tres palos dan sustento a 2652 metros cuadrados de superficie vélica, lo cual le ha permitido obtener con esa clase de propulsión una velocidad máxima de 18,5 nudos (unos 34,2 kilómetros por hora).

Además, y como si no fuera poco el interés que provoca cada vez que toca puerto en cualquier punto del globo, la fragata-escuela ha recibido el trofeo Boston Tea Pot, otorgado a los veleros que con por lo menos el 50 por ciento de su personal en instrucción han recorrido la máxima distancia en 124 horas corridas de navegación, y la Gran Medalla que le recompensó haber batido el récord mundial de tiempo empleado por grandes veleros para el cruce del Atlántico Norte.

Son razones sobradas para asumir como muy positiva la determinación que le concedió algo más de doce meses de descanso para una recorrida total desde la proa hasta la popa, de banda a banda y desde la quilla hasta el extremo más alto de su palo mayor. Remozada y lista para volver a surcar los océanos en su condición de digna sucesora de, entre otros buques que son historia, la corbeta La Argentina, la fragata Presidente Sarmiento y el crucero La Argentina, nuestra fragata retomará sus misiones de escuela de formación marinera de los futuros oficiales de la Armada y embajadora itinerante del país cuya bandera enarbola con orgullo.

Efectuadas sus travesías internacionales, cada vez que la nave regrese a puertos argentinos volverá a franquearse a la concurrencia de los miles de compatriotas que habitualmente la visitan, apreciando en ella un símbolo de unión y nacionalidad, con la firme convicción de que ni puede ni debe haber fisuras entre compatriotas fraternalmente entrelazados por su común condición de argentinos y representados en el mundo por esta gallarda y ahora recuperada nave.

10/07/06
LA NACION

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