Proyecto LOHAFEX: una fertilización “no asistida” frente a las costas argentinas

Foto (FNM) Los gobiernos de Alemania y la India no parecen estar cuidando las formas ni el estilo, a la hora de hacer experimentos controvertidos en mares lejanos y ajenos.

Con la naturalidad con que se encaran los actos de rutina, aunque con un margen de tiempo llamativamente escaso, dos importantes instituciones científicas de Alemania y la India, anunciaron días atrás el inminente inicio de un experimento conjunto de fertilización con hierro, en un sector del “Océano Austral” (Southern Ocean), al norte de las islas Georgias del Sur. El proyecto fue bautizado con la sigla “LOHAFEX”, una combinación del término “loha” -“hierro” en lengua hindi- , y el acrónimo FEX  (por “Fertilization EXperiment”).

Entrado ya el mes de enero, trascendió la noticia de la zarpada del buque de investigación “POLARSTERN”, conocida nave del Instituto Alfred Wergener (AWI), un bien reputado centro alemán dedicado a la investigación polar y marina, y con activos lazos de cooperación antártica con nuestro país. El buque dejó el puerto sudafricano de Ciudad del Cabo el 7 de enero, con destino a la zona del experimento.

A la noticia, siguieron inmediatas y crecientes reacciones, desde todos los rincones. Primero fueron duras críticas, y en seguida pedidos de cancelación de la experiencia planeada. Lejos de apagarse, los reclamos se multiplican día tras día.

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Posición del Polarstern



¿Qué está pasando?
En un reciente artículo de NUESTROMAR, hemos presentado una sintética descripción del método de fertilización oceánica con hierro, sus propósitos y posibilidades, así como las objeciones y polémicas que su utilización generalizada han disparado en los últimos dos años.

Objeciones y polémicas, que por cierto no desconocen ni el AWI, ni su socio en el presente emprendimiento, el Instituto Nacional de Oceanografía (NIO) de Goa, India.

Como fuera también mencionado en dicho artículo, la Novena Conferencia de las Partes de la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD), adoptó el 30 de mayo último una resolución por la que insta a las Partes y a los Gobiernos en general, “a asegurar que no se realicen actividades de fertilización oceánica hasta que exista una base científica adecuada que las justifique, incluidas las evaluaciones de riesgos asociados, y hasta tanto se establezca un mecanismo de regulación y de control, global, transparente y efectivo para estas actividades”.

Invocando el  “principio de precaución”,  el foro de la CBD abogó entonces por la postergación de este tipo de aplicaciones, incluidas las experiencias con fines científicos, a excepción de aquellas que se realicen en “pequeña escala”, y en “aguas costeras”. Ninguna de estas premisas se cumple en el caso del LOHAFEX.

Curiosamente, la apuntada Conferencia tuvo lugar en Alemania, y fue presidida por el Ministro del Ambiente del gobierno federal de ese país, Sigmar Gabriel.

Algunas notas de prensa posteriores a aquel evento, reprodujeron incluso entusiastas declaraciones del Ministro Gabriel, destacando la importancia de la virtual “moratoria” acordada por el multitudinario foro mundial.

Como puede imaginarse, cuando en las últimas semanas tomó estado público el inicio del proyecto indo-alemán, la reacción internacional de quienes se oponen a la utilización de este método de geoingeniería se concentró en la persona del Ministro Gabriel. En particular, porque las dos instituciones responsables habían hecho saber que el proyecto contaba con la aprobación de los gobiernos respectivos.

Noticias de las últimas horas, dan cuenta de un posible cambio en la situación. Desde el pasado fin de semana, se puede leer en el sitio del AWI, que “el Ministerio Federal de Educación e Investigaciones ha requerido al Instituto Alfred Wegener”, que “retenga el experimento de fertilización con hierro LOHAFEX, hasta que un grupo internacional independiente realice una evaluación científica del impacto ambiental potencial del proyecto”.

La institución indica que dicho grupo – cuya constitución no se especifica – “enviará los resultados de su evaluación al mencionado Ministerio, que está en contacto con el Ministerio Federal del Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear, en relación con este tema”.  Algunos medio europeos interpretaron esta declaración, como una muestra de la existencia de posiciones encontradas entre ambos ministerios (Educación, y Ambiente), que hicieron crisis después de las denuncias y protestas.

Como quiera que sea, el AWI, afirma en su reciente declaración que “sólo dará comienzo a la fertilización, en caso de que la mencionada evaluación no produzca ninguna objeción”.
Aclara sin embargo, que “hasta el momento, esto no está ocasionando ninguna demora en el cronograma de campaña previsto. El “POLARSTERN” está actualmente en navegación hacia el área de estudio”.

Hasta aquí las novedades de esta dura polémica entre las instituciones científicas participantes - aparentemente apoyadas por sus gobiernos-, y una buena parte de la comunidad internacional.

Desde que se desató el escándalo, el AWI y el NIO han tratado de enfatizar las diferencias fundamentales entre los propósitos – netamente científicos – que animan a este proyecto, de aquellos que movilizan a las empresa interesadas en la comercialización en el mercado, del carbono que puedan capturar utilizando este método. Con argumentos bastante más endebles, han tratado de demostrar que la Novena Conferencia de las Partes de la CBD dijo algo distinto de lo que realmente dijo, o que simplemente se equivocó.

La resolución de la Conferencia no admite dudas en relación con proyectos como el que nos ocupa. Puede juzgarse exagerada en su pretensión de limitar en escala y ámbito de realización, a los experimentos de fertilización con fines científicos. Pero el texto y espíritu son claros, y la obcecación de los organizadores de LOHAFEX por seguir adelante con el proyecto, no parece delinear un camino sensato.    

¿Aceptarían estos dos gobiernos un planteo similar de terceros en sus propios espacios marítimos de interés e influencia? No es descabellado dudarlo….

Y esta última pregunta y reflexión, nos lleva al segundo de los aspectos que hacen de ésta, una cuestión de particular trascendencia para la Argentina. Veamos algunos datos del problema.

La zona del experimento es identificada por los responsables del proyecto con bastante vaguedad, como un espacio ubicado al norte o noreste de la “Isla Georgia del Sur”.  La imprecisión es –dentro de ciertos límites- comprensible: el área definitiva del experimento se debe escoger en función de las condiciones oceanográficas reinantes en la zona en el momento de la ejecución. Se busca un tipo de estructura térmica presente en los océanos, materializada por vórtices denominados “eddies”, en cuyo núcleo se realizaría el experimento. El “eddy” seleccionado debe mantenerse relativamente estacionario y poseer adecuadas dimensiones. Y aunque los responsables del proyecto ya tienen identificado por métodos satelitales una de estas posibles áreas, la última decisión se debe adoptar in situ.  

Menos aceptable es en cambio, que científicos del AWI y del NIO, se refieran a las aguas en las que se proponen experimentar, como pertenecientes al “Océano Austral”. Esta denominación, todavía resistida por muchos, se aplica en el mejor de los casos a las aguas que se encuentran al sur del paralelo 60º S, claramente fuera de la zona del Atlántico Sudoccidental en donde se encuentra en realidad el área propuesta de ensayo.

No puede escapar entonces a la consideración de ningún gobierno, que un experimento como el propuesto, polémico y de inciertas consecuencias ambientales, no debería concretarse en el área de las Islas Georgias del Sur –aun cuando se realice más allá de las 200 millas de éstas, es decir en la alta mar -  sin la explícita conformidad del gobierno argentino, cuyas aguas y recursos podrían verse afectados.

Aunque nuestra Cancillería no se haya manifestado públicamente sobre el particular – lo que es de esperar ocurra próximamente -, existen elementos de juicio para suponer que dicha autorización fue solicitada, y que el gobierno argentino – que es contrario a la realización de este tipo de experimentos hasta tanto sean convenientemente evaluados y regulados – la denegó.

Si este fuera el caso, el gobierno alemán –estado de pabellón del “POLAR STERN” – deberá evaluar cuidadosamente la pertinencia de seguir adelante con el experimento en el área escogida.  

Nada está más alejado del ánimo de NUESTROMAR, que alimentar “teoría conspirativas” indebidas, a través de este análisis. Tampoco se trata de presagiar “calamidades ambientales” más que improbables. Los efectos de un único experimento como el propuesto, difícilmente puedan producir alteraciones ambientales de alguna significación.

Pero – hay que decirlo – si Alemania y la India persistieran en sus planes, estarían demostrando una sorprendente falta de responsabilidad con la comunidad internacional, y una incomprensible actitud de desdén hacia nuestro país.

Define el diccionario al verbo asistir, como “acompañar a alguien en un acto público”, o también “socorrer, favorecer, ayudar”. De persistir en su actitud, los organizadores del LOHAFEX, habrán de convertir al experimento en un caso de fertilización “no asistida”. Están a tiempo de evitarlo.  

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22/01/09
NUESTROMAR

LOHAFEX

Es notable cuando un govierno es debil y sin autoridad moral tanto nacinal como internacionalmente cualquiera nos pasa por encima,es una accion que avasalla nuestros derechos en el mar argentino y la Cancilleria no se da por enterada,lo mismo que los derechos humanos de los opositore4s del regimen cubano o el corte de Gualeguaychu miran para otro lado,pues realmente no les interesa ni los derechos argentinos sobre el mar ni sobre la Antartida Argentina ni los problemas del los argentinos,es realmente lamentable.-