Para patrullado marítimo de sus costas.
Buenos Aires- (NM) Chile considera seriamente la adquisición de hasta 12 aviones Lokheed S-3B, en proceso de ser retirados de la Armada de los EE.UU. (US Navy), con el propósito de patrullar sus aguas jurisdiccionales.
El S-3B Viking es una variante del S-3A, un avión de portaaviones, diseñado en los años 70 inicialmente para la guerra antisubmarina moderna, pero que posee otras capacidades, como el bombardeo, el lanzamiento de misiles y el reabastecimiento en vuelo. El S-3A entró en servicio en la US Navy en los años 70, en reemplazo de los S-2 Tracker - de los cuales la Armada Argentina cuenta con 5 ejemplares turbinizados – cumpliendo su rol en la lucha contra los submarinos nucleares que amenazaran a sus grupos de portaaviones.

Pero el S-3 resultó ser una excelente plataforma aérea y su rol fue girando hacia la guerra contra los buques de superficie y el ataque a tierra, dando lugar al renovado S-3B y dejando la tarea antisubmarina a los aviones de patrulla con base en tierra y a los helicópteros embarcados.
Para esta nueva tarea fue equipado con el poderoso misil multipropósito Harpoon , cuyas últimas versiones (AGM-84H/K Standoff Land Attack Missile-Expanded Response (SLAM-ER)) permiten el bombardeo de alta precisión a blancos en tierra y que fue ampliamente utilizado en las guerras de Afganistán y del Golfo Pérsico. También fue dotado de misiles Maverick (AGM-65E Laser Maverick y AGM-65F IR (infrarrojo) Maverick) y es capaz de llevar bombas guiadas de diverso tipo y peso, torpedos antisubmarinos, minas y cohetes.
Siendo una aeronave en condiciones de portar grandes pesos bajo sus alas y en su compartimiento de bombas, y con suficiente autonomía, también se lo emplea como reabastecedor de combustible en vuelo de los cazas y bombarderos que operan desde los portaaviones, otorgándoles mayor tiempo de vuelo y alcance.

Aunque los aviones ofrecidos por el gobierno norteamericano a Chile todavía tienen una vida útil remanente muy significativa, según informa el semanario Jane’s Defense Weekly, la US Navy tiene programado retirarlos de sus alas aéreas de portaaviones en 2009.
Los Viking ofrecidos, tienen en promedio de uso de unas 11.000 horas, mientras que la vida útil calculada por el fabricante es de 23.000 horas, por lo que los aviones que compraría Chile tendrían una sobrevida calculada en por lo menos 25 años.
Es tripulado por 4 personas y tiene dos motores General Electric TF-34-GE-400B de 9.275 libras de empuje cada uno. Su techo operativo supera los 40.000 pies (unos13.500 metros), pero se destaca por su flexibilidad en el cambio de alturas y la excelente maniobra a baja altura, requisitos indispensables en todo avión de lucha antisubmarina. Su velocidad máxima es de 450 nudos (833 Km./h) y el alcance es de 2300 millas náuticas (4.232 Km).

El S-3B está equipado con modernos sistemas electrónicos, entre los que se cuentan el radar antisuperficie AN/APS-137 de apertura lateral sintética, una tecnología que permite la identificación de buques desde la misma pantalla radar. Posee además un sensor electro-óptico-infrarrojo de largo alcance que permite “ver” de noche y en condiciones bajas de visibilidad a distancias que superan ampliamente laa del ojo humano.
También cuanta con un sistema de apoyo electrónico AN/ALR-76, capaz de detectar señales de radar y radio de sus oponentes, analizarlas y ubicarlas en el mar y sobre tierra. Si bien el equipamiento antisubmarino fue removido de los S-3A, para convertirlos en S-3B, conserva su capacidad de lanzar hasta 60 sonoboyas y torpedos buscadores antisubmarinos.
Chile está primero en las listas de interesados a comprar este avión y ha requerido un mínimo de 6 y un máximo de 12 aviones.
El acuerdo entre gobiernos debe decidirse en los próximos meses, probablemente antes de fin de año y de concretarse daría a Chile una capacidad de ataque en el mar sin igual en América del Sur y con pocos competidores en el mundo. No solamente tendría esa capacidad, sino también la de bombardeo estratégico de alta precisión, en lugares distantes más de 2000 Km. de sus bases.
El precio de un S-3B nuevo es de 30 millones de dólares, aunque ya no se fabrican y pueden adquirirse como rezagos a precios muy inferiores.
Esta compra es una continuación del plan de reequipamiento de las Fuerzas Armadas de Chile, que ha incorporado recientemente fragatas, destructores y submarinos, entre otro armamento, financiados mediante la Ley del Cobre, que asegura sumas cercanas a los 500 millones de dólares anuales con ese propósito.
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22/08/06
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