Ambientalistas y voluntarios realizaron el lunes el control de más de un centenar de playeritos rojizos, especie en riesgo de extinción, que con esa operación se busca proteger.
El grupo de ambientalistas permanece en la playa agazapado detrás de unos médanos, recibiendo las instrucciones de aquellos que se quedaron en el terreno que delimitará la red, que fue marcado sobre la arena.
No están planeando ningún “escrache” ecológico ni mucho menos, aunque sus miradas parezcan complotarse al perseguir a esos gráciles “blancos móviles” en su afán de atraparlos bajo una fina malla, aunque sólo con el fin de contribuir a la realización de una tarea que ayudará a su preservación como especie.

Por eso los biólogos, que desde las 8 de la mañana se hicieron presentes en uno de los lugares en los que este año se concentra mayor cantidad de aves, buscan que esta instancia decisiva de la campaña sea exitosa, porque de lo contrario, deberán juntar la red y probar suerte al día siguiente.
"Esta tarea que realizamos ad honórem es sumamente cansadora e implica mucho esfuerzo, pero vale la pena" relata Mirta Carbajal, una de las integrantes de la fundación ambientalista “Inalafquen”.
La fundación que integra, en asociación con el Royal Ontario Museum de Canadá, el respaldo del CODEMA y la Dirección de Fauna de la provincia, realizó el lunes una campaña de anillado de 150 aves migratorias de la especie “playero rojizo” coordinada por la bióloga local Patricia González, y relevó una gran cantidad de pájaros que en años anteriores fueron anillados por ellos.
Debido a la trascendencia de esta tarea, la escena mencionada que tuvo como “blanco” a una bandada de 150 “playeros rojizos” presentes en las playas que lindan con el observatorio de aves emplazado en Las Grutas, en realidad se produce cada año. La bahía San Antonio y las costas del golfo San Matías constituyen un área vital de alimentación, refugio, reproducción y descanso para numerosas especies de pájaros migratorios, que para esta época realizan una escala en la zona buscando aumentar su tamaño antes de seguir viaje hacia su destino final, el hemisferio norte.
"Lo primero es atraparlos, y esto se logra fijando una “red cañón”, que es una malla especial que posee un dispositivo que activamos cuando -en la zona que delimitará cuando se despliegue- se hallen la cantidad exacta de aves, ya que capturar muchos pájaros sería un problema y pocos no sería suficientes para realizar un seguimiento", explicó Carbajal.
Esta vez, los 10 especialistas y un número similar de voluntarios necesitaban al menos capturar 101 aves.
"A veces preparás la red y las aves no llegan, y tenés que esperar al otro día, teniendo en cuenta que trabajás en aquel momento en el que la marea está subiendo" apuntó la ambientalista.
Luego de que se activa el dispositivo y la malla cubre a los pájaros, se extiende sobre ellos una “media sombra” para que no se estresen con la luz ni sufran el calor.
"Aquí empieza la tarea principal, porque las aves son extraídas por grupos de esa red y se disponen de a 25 en pequeñas cajas de arpillera, con compartimentos, y a partir de allí de a poco se anillan, se embanderillan, se pesan y se controlan, antes de dejarlas libres" contó Mirta.
"Al anillarlas uno puede realizar un seguimiento de estas aves, por eso se toma un número determinado, ya que sirven de “testigos” del estado en el que se encuentra la especie en general, y eso sirve además para determinan la fidelidad que tienen con el sitio que eligen para sus escalas, y el grado de supervivencia que registran, entre otras cosas, porque en esta campaña identificamos a pájaros que anillamos en el 97, por ejemplo" expresó la experta.
01/04/09
DIARIO DE RÍO NEGRO






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