EN TORNO AL PUERTO DE SANTA

EN TORNO AL PUERTO DE SANTA FE Imaginaba que lo nuevo de nuestra provincia, iba a reconsiderar lo que difundían los viejos anuncios, pero hoy sigo escuchando y leyendo a funcionarios y periodistas santafesinos expresando conceptos optimistas y eufóricos sobre el traslado, y las promisorias perspectivas, del futuro puerto. La nueva ubicación, según los anuncios, es la solución a nuestros problemas económicos, ya sea por la afluencia de buques como por la cantidad de gente ocupada y mano de obra que generará. Sobre este tema, y solo apelando a mis pocos conocimientos y al sentido común, pienso y me planteo: El transporte naval, y especialmente el de ultramar, no ha escapado a los intereses que mueven al mundo y pretenden, cada vez más, la obtención de mayores beneficios con menos gastos. Esta premisa ha hecho que los barcos sean cada vez de mayor porte, para llevar, en cada travesía, más cantidad de carga con costos bastante parecidos. Estos súper buques han dejado atrás los tiempos de los conquistadores; en que se arribaba a nuestro continente en barcos del tamaño de una chata palera, que, actualmente, transportan madera por los canales del delta de Buenos Aires. Para ubicarnos; nadie compraría un enorme y moderno semiremolque Scania para explotarlo como taxi flete por las calles de la ciudad. ¿Alguien puede plantearse que un enorme buque diseñado y construido para navegación de ultramar (cruzar el océano) pueda navegar casi 600 Km. por ríos meandrosos y con problemas de calado hasta un puerto del interior? Y, si así fuese; luego de navegar, trabajosamente, 584 Km. hasta la embocadura, la puerta, la entrada a nuestro canal de acceso: ¿No puede navegar 8 Km. más hasta nuestro actual puerto? Se habla de un nuevo emplazamiento ubicado sobre el Paraná: construcción de puentes y rutas atravesando islas, muelles, silos, plumas... y toda la infraestructura necesaria que cualquier no informado puede ver dándose una vueltita por el puerto actual. Y ni hablar si se rescata el incongruente descarte del ferrocarril y hay que hacer llegar los trenes hasta los barcos, para complementar el transporte fluvial en forma racional. Se dice que en el canal de acceso hay problemas de maniobrabilidad y se forman bancos, en la desembocadura del Colastiné, que exigen dragados periódicos. Con un mínimo porcentaje del costo que se maneja, se puede ensanchar el canal, sobre la orilla de la isla Clucellas, haciéndolo recto y más navegable que el mismo Paraná, adquirir una draga que lo mantenga en condiciones, modificar la traza, evitar el paso por el Colastiné, en fin..., tantas cosas. Y otras preguntas; el traslado del puerto ¿Solucionará todo los pasos críticos que hay aguas abajo hasta Rosario y que exigen continuos dragados? Las faraónicas vías terrestres y puentes que se publicitan ¿Modificará el movimiento terrestre hacia la ciudad o se deberán utilizar los mismos accesos y salidas del actual emplazamiento? Un día, navegando con un ciudadano suizo por el canal de acceso a nuestro puerto, le pregunté: ¿Cómo es el Rhin? Así, como esto, me respondió. Y el Rhin es el río que moviliza la economía europea. ¿El problema será del río, de lo que de el se pretende o del montaje que se arma en torno de el? El Rhin es explotado coherentemente; es una vía fluvial de trasbordo. Así debe ser y funcionar nuestro puerto y nuestra hidrovía. En todos los ríos del mundo, obviamente, se realiza navegación fluvial con embarcaciones de poco calado, adaptadas a las posibilidades que brindan estos cursos de agua. La navegación de ultramar, como su nombre lo indica, es la que cruza los mares y llega a los puertos, generalmente emplazados en las costas de los continentes. Estos son puertos de ultramar y, de allí, en el caso de existir ríos interiores que lo permitan; embarcaciones de cabotaje, adecuadas, se internan en el continente conectando los puertos fluviales en forma ágil, rápida y sin costos de remolcadores y accesorias de los puertos de ultramar. Si pensamos en el ámbito nacional, el país debiera tener un puerto de aguas profundas sobre el mar, y barcos alijadores (barcazas) que naveguen y arriben a todos los puertos del interior sin inconvenientes, transportando su carga hasta los buques de ultramar a un costo casi 10 veces menor que por tierra, y si pensamos antes en nuestro puerto; solo falta buena voluntad para adecuar el canal de acceso, haciéndolo fácilmente navegable, para que, luego, embarcaciones de cabotaje, con un calado lógico, pueden trasbordar su carga a barcos de ultramar, en cualquier puerto uruguayo, concretando un funcionamiento real del Mercosur. Las obras faraónicas que se plantean deben ser reemplazadas por ideas racionales y económicas. Si hace más de un siglo se realizó el canal de acceso, a mano: hoy, con las modernas tecnologías, es muy simple construir un súper canal, que permita una navegación múltiple y fluida, sin invertir sumas astronómicas que pueden enriquecer a algunos, pero perjudicar al pueblo. Proyectar como de ultramar nuestro puerto, a más de 600 Km. del océano, es ubicarse 100 años atrás y, lo mismo, imaginarse estibadores hombreando bolsas. Los puertos modernos, para que sean rentables y operables, son altamente mecanizados, con la menor mano de obra posible. Mi visión es náutica. Desconozco las ventajas de este proyecto en el plano terrestre y los beneficios dinerarios que puede otorgar la urbanización de los terrenos del puerto, como así también los perjuicios burocráticos que puede ocasionar el no tener la categoría de “Puerto de Ultramar”, pero mi intención es aportar otra posible visión que pueda estar más cerca de los reales intereses de toda la comunidad y no de un sector. Desde esta misma posición, digo; seguramente es factible hacer un puerto en cualquier lugar del río y muchos hay que pueden demostrarlo, pero... ¿No sería más pertinente contratar un estudio que determine, primero, la conveniencia de trasladar el puerto? El puerto de Paraná está sobre el río Paraná. Su ubicación ¿Cambia algo?

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