El carbón en el centro de nueva batalla climática

(FNM) El debate alrededor del impacto de los combustibles fósiles se ha reavivado como consecuencia de la aprobación inminente de una planta en Kingsnorth, Kent. Podrán los avances tecnológicos generar maneras de capturar las emisiones peligrosas y hacer que el carbón sea más seguro? El editor científico Robin McKie hace un reporte sobre un conflicto de ideas.

Durante cada año de la década pasada, los ingenieros de la Plataforma Este Sleipner, en el Mar del Norte,  han bombeado un millón de toneladas de dióxido de carbono dentro de un viejo campo gasífero que se encuentra por debajo de su plataforma, una contribución de gran ayuda en la lucha contra el calentamiento global.

Pero para la compañía de energía noruega StatoilHydro se puede hacer más por el proyecto que proveer al mundo de algunas acciones para el clima de corto plazo. Los ingenieros también han estado estudiando el destino de ese CO2 una vez que es almacenado en el depósito subterráneo. Asombrosamente, observaron que el gas había permanecido allí, atrapado en los poros de las rocas arenosas del lugar.

 “Hemos depositado millones de toneladas de dióxido de carbono en los campos subterráneos”, comentó el jefe del proyecto, Tore Torp. “No observamos ninguna señal de escape”.

Los científicos afirman que esta lección es crucial. El mayor experimento mundial jamás realizado sobre un depósito de carbono ha resultado un éxito y además ha demostrado que la tecnología es segura, efectiva y está lista para ser implementada. El dióxido de carbono proveniente de las plantas de combustibles fósiles podría ser extraído antes de que alcance la atmósfera para ser almacenado fuera de su vista, un proceso que se conoce como  captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés).

 “La idea es simple”, afirmó el geólogo Stuart Haszeldine, de la Universidad de Edimburgo. “Si se tiene CCS, los operadores de las plantas pueden continuar quemando combustibles fósiles sin emitir dióxido de carbono”

De acuerdo con la opinión de especialistas en materia de energía, Gran Bretaña no tiene chances de cumplir con sus obligaciones respecto del cambio climático y el planeta tiene una perspectiva pobre para frenar el calentamiento global sin medios que eviten las emisiones emanadas de las plantas de combustibles fósiles. Podremos aumentar la energía renovable, construir plantas nucleares y aún hacer mejoras  respecto de la conservación energética, pero aún así estaremos a merced de lo que produzcan las plantas y fábricas que queman combustibles fósiles. Se argumenta que el mundo es demasiado dependiente de los combustibles fósiles como para dejar esta adicción en tan sólo una década o dos. Se debe tratar con este tema de manera urgente y directa, poniendo énfasis en el más peligroso de todos los combustibles fósiles: el carbón.

Según Jim Hansen, campeón del cambio climático y Director del Instituto Goddard de la NASA para Estudios sobre el Espacio de Nueva York, las tasas actuales de carbón son el mayor demonio que enfrenta nuestro planeta. “Los trenes que transportan carbón a las plantas, son trenes de la muerte”, afirmó en un inflexible artículo de opinión del Observer. “Las plantas que funcionan con carbón son fábricas de muerte”.

Muchos otros científicos coinciden. El carbón plantea problemas ambientales especiales. Es sucio; al quemarlo genera contaminantes que producen lluvia ácida; su combustión produce menos calor que el gas y el petróleo, lo que significa que se necesitan cantidades desproporcionadas para poner en funcionamiento plantas y fábricas. A pesar de todo, el gobierno espera aprobar la construcción de una nueva planta masiva de carbón en Kingsnorth, Kent.

Lo peor de todo, no obstante, es el simple hecho de que el carbón sigue siendo abundante y barato. “Las reservas de gas y petróleo mundiales probablemente se agoten en los próximos cincuenta años, pero el carbón durará cientos de años”, comentó el profesor Dermot Roddy, de la Universidad de Newcastle. “En Gran Bretaña, con sus ya dos siglos de explotar la minería, aún tenemos reservas para cien años más. No se va a acabar de un día para otro”

Es el residuo fosilizado de plantas de 100 millones de años;  el carbón es aún la mayor fuente mundial de electricidad: genera el 41 por ciento del total mundial. Inclusive en Estados Unidos, la nación más avanzada tecnológicamente, casi la mitad de su electricidad se genera a través de este medio. En naciones en rápido desarrollo tales como la India o China, se abren nuevas plantas carboníferas todos los meses. Para Hansen, la única solución es introducir un impuesto mundial sobre el carbón. Las compañías pagarían a sus gobiernos de acuerdo a los niveles de sus emisiones. En el caso de que se fracasara en el establecimiento de este sistema, las exportaciones se verían gravadas por el resto del mundo.

Pero recientemente especialistas británicos en materia energética advirtieron que un sistema de impuestos sobre las emisiones de carbono tendría pocas chances de prosperar, especialmente en lo que concierne al carbón. “El carbón estará disponible como fuente de energía al menos durante un siglo más y países como China, India y Rusia poseen, particularmente, ricos recursos de este material”, afirmó Mike Stephenson, Jefe Científico del Instituto Geológico Británico. “No importa lo que aleguemos en Occidente sobre lo que debería hacerse, ellos siempre buscarán explotar sus recursos. Si está en sus suelos, la gente buscará explotarlo. La única solución para tratar el problema es hacer que el uso del carbón sea sano para el medioambiente”.

En otras palabras, sólo la tecnología puede salvarnos, en su forma de esquemas CCS. “La posición es muy simple”, dijo el especialista en energía Jon Gibbins, del Imperial College de Londres. “De la única manera que podemos descarbonizar nuestra producción energética en los plazos necesarios para detener los peores efectos del cambio climático es estableciendo el sistema de captura y almacenamiento en las plantas de manera urgente”. Las plantas eólicas y nucleares necesarias simplemente no pueden ser construidas en los plazos disponibles.

Este punto fue respaldado por el primer ministro de gabinete Chris Smith, en un discurso dirigido este mes en la Sociedad Real de Fomento de las Artes, Manufacturas y Comercio. La captura de carbono fue, afirmó, el “ejemplo perfecto de lo que debe hacerse” y una oportunidad para evitar repetir errores del pasado.

 “Veinte años atrás, perdimos la oportunidad frente a Dinamarca y Alemania de desarrollar tecnología eólica y ahora, si queremos construir granjas eólicas a gran escala, debemos adquirir la mayoría del equipamiento a estos países”, lamentó. “No acabemos nuevamente en la misma posición”.

A pesar de todo, con su programa actual, el gobierno está destinado a hacer sólo eso. Hoy por hoy se está evaluando un pequeño número de proyectos prototípicos que han sido propuestos por autoridades locales y compañías energéticas, que estarían ligados a plantas de energía. Se anunciará un único ganador el próximo año que recibirá apoyo del gobierno. Se espera que la construcción lleve entre tres y cuatro años y luego la planta podrá funcionar a prueba durante varios años. De las lecciones aprendidas, las principales plantas de CCS tendrán vía libre, alrededor de 2020.

 “Eso es sencillamente muy tarde”, dijo Stephenson. “Si queremos bajar nuestras emisiones de carbono un 20 por ciento para esa fecha, nuestra única esperanza es CCS. Pero si el gobierno procede a su ritmo actual, estaremos fuera para ese entonces”.

Sólo una intervención seria podrá salvar el día. “No podemos esperar que las compañías energéticas y las autoridades locales tomen todos los riesgos”, argumentó Roddy. “Necesitamos aunque sea un modesto compromiso central así como planes de inversión para muchos proyectos en los próximos dos años. Algunas plantas trabajarán mejor que otras y necesitamos averiguar de manera urgente cuáles son. Y si, por alguna casualidad, las plantas de CCS no funcionan, debemos saberlo lo antes posible.

 “Sin embargo, estoy seguro de que funcionarán. Sabemos cómo extraer dióxido de carbono a una escala industrial en plantas petroquímicas y hemos aprendido de proyectos como Sleipner cómo almacenar CO2 bajo tierra. Todo lo que debemos  hacer es aumentar proporcionalmente los procedimientos. Pero debemos hacerlo ya, a gran escala, en múltiples lugares, utilizando diferentes sistemas si lo que queremos lograr es que el CCS esté listo a tiempo.”

Para Gran Bretaña, la necesidad de actuar de manera urgente respecto del CCS es particularmente aguda. La nación posee una considerable experiencia y habilidad proveniente de su industria petrolera en el Mar del Norte, una ventaja clave para desarrollar experiencia en tecnología CCS dado que la mayoría de los proyectos se establecerán seguramente cerca de campos submarinos agotados de petróleo y gas donde las filtraciones no podrían afectar pueblos ni ciudades.

En consecuencia, el país tiene una oportunidad de primera clase para desarrollar tecnología con un enorme potencial industrial, no sólo como un medio para quitar CO2 que contribuye al calentamiento del planeta sino como una técnica para mejorar la recuperación de petróleo. Bombear gas en un campo agotado ayuda a impulsar las últimas reservas de petróleo del pozo. La tecnología es costosa. Pero combinada con el CCS podría convertirse en algo muy viable.

Gran Bretaña también tiene una obligación moral, dicen científicos como Hansen. Por cada habitante, este país ha puesto más CO2 en la atmósfera que cualquier otro.  La nación que ha desatado la revolución industrial tiene mucho que responder, en otras palabras. De allí resulta claro que debamos liderar el desarrollo de tecnologías que puedan arreglar el problema. “Ciertamente no estamos en posición de decirles a India o China que no pueden quemar carbón”, agregó Gibbins.

Aún no está claro de qué manera se implementarán los programas de CCS. Un impuesto sobre el carbón podría aún ser considerado, dicen los expertos, haciendo que las emisiones sean lo suficientemente costosas como para justificar el precio de la construcción de plantas CCS.

Las estimaciones actuales sostienen que enterrar una tonelada de dióxido de carbono costará al menos 50 libras Dado que una planta energética tipo de 800 megawatt producirá alrededor de 5 millones de toneladas por año, está claro que no será una tecnología barata. Por otro lado es una tecnología que necesita validación desesperadamente, concuerdan los expertos. Si no va a funcionar, el mundo necesita saberlo ahora antes de poner sus esperanzas en un salvador falso.

Pero si funciona, como la mayoría de los expertos sostienes, debe entonces ser implementada en el tiempo necesario para que podamos darle a nuestro recalentado planeta la posibilidad de respirar lo antes posible.

Adaptado al español por NUESTROMAR.
Fuentes: Guardian.co y Maritime News;

26/03/09
NUESTROMAR

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