La energía esta en el mar (Bahía Blanca)

La producción de biocombustibles desde las microalgas surge como una nueva alternativa. Intentos por instalar una planta piloto en nuestro medio. Detalles revelados por el Dr. Javier Fernández Velasco, un especialista que se apresta a retornar al país.

No solamente en cultivos agrícolas tradicionales reside la posibilidad de generar biocombustibles en un mundo que busca alternativas, sino que también el mar ofrece recursos dignos de ser aprovechados.

Las microalgas pueden ser una fuente más que atractiva en tal sentido. Y a Bahía Blanca quizás le corresponda asumir un papel protagónico en los años venideros, de prosperar una iniciativa sobre la cual se viene trabajando en forma reservada desde hace algún tiempo.

La visita del doctor Javier Fernández Velasco, un argentino residente en Australia --aunque el año entrante volverá al país dentro de un programa gubernamental de repatriación de científicos-- permitió a "La Nueva Provincia" conocer detalles de aquella novedosa iniciativa.

Fernández Velasco ofreció una charla en el auditorio del Cerzos, ubicado en el complejo de La Carrindanga, por invitación de aquella institución y del grupo de Biotecnología Algal que dirige la doctora Patricia Leonardi.

"Hay unas microalgas, unicelulares, casi del tamaño de un glóbulo rojo, verdes, que hacen fotosíntesis. Solamente necesitan anhídrido carbónico, agua y algunos minerales. Producen aceite crudo que acumulan como una gotita intracelular mucho más rápidamente que cualquier oleaginosa", dijo el visitante, a modo de introducción en el tema.

Insistió en que esas algas generan diez veces más rápido el aceite que la palma, un cultivo tropical muy utilizado, y 25 veces más rápido que la colza.

"La ventaja es clara: por unidad de tiempo y por superficie explotada, un cultivo de microalgas puede rendir muchísimo más que un cultivo clásico", puntualizó.
También explicó que unas algas marinas usan agua que no podría servir para otra finalidad. "La idea es, además, utilizar territorios donde los suelos son pobres y no tienen otra posibilidad de explotación", dijo.

Acerca de los orígenes de esta actividad, comentó que, luego de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes empezaron a explorar la explotación de las microalgas, que fue desarrollándose en Europa y en Estados Unidos. El pico se alcanzó cuando la crisis energética de los años 70. En laboratorios norteamericanos se hicieron estudios no solamente con algas marinas, sino también con las de agua dulce.

Más tarde, con la caída de los precios del petróleo, se abrió un paréntesis en los estudios. Pero desde hace cinco años unos cuantos laboratorios analizan la posibilidad de producir biocombustibles a partir de las algas como un objetivo cercano.

De hecho, en el mundo ya varias plantas piloto están iniciando su labor.

Fernández Velasco también mencionó que hay producción de biomasa a partir de las microalgas a fin de generar productos de alto valor agregado, que se usan en la elaboración de alimentos especiales que se venden en farmacias a alto precio.

También se las emplea para alimentar al salmón, por ejemplo, que puede comer microalgas con alto contenido de carotenos. De tal forma, el salmón toma el color rojo que conocen los consumidores.

La economía. Admitió que debe encontrarse una estructura suficientemente económica para que el precio del producto sea accesible.

"Por el momento, no es competitivo usar microalgas para generar biocombustibles, porque la infraestructura todavía es cara y los precios del petróleo son baratas", dijo.

De todos modos, con los años, esta tecnología podría alcanzar un alto desarrollo, según expresó.

Fernández Velasco agregó que las algas pueden encontrarse en cualquier lugar del mundo. Existe una marcada diversidad de especies: algunas microalgas crecen a bajas temperaturas y otras a altas; unas son buenas para generar biocombustibles y otras para crear diferentes tipos de materias primas.

"Pero el asunto no es cultivarlas a mar abierto, aunque algunos lo proponen, sino hacerlo en forma semicontrolada, en piletones de baja profundidad y grandes extensiones, en ambientes terrestres.

El procedimiento consiste en llevar el agua de mar a los piletones, donde se realiza el cultivo. No se trata de conseguir un combustible verde poniendo en peligro el medio ambiente, en este caso los mares", sostuvo.

Entre nosotros. Fernández Velasco dijo que Bahía Blanca y sus alrededores conforman un área especialmente apta para el desarrollo de esta nueva explotación.
Con las autoridades y técnicos del Cerzos y con funcionarios del Ministerio de Ciencia de la Nación se viene conversando acerca de la perspectiva de levantar aquí una planta piloto. Obviamente, el primer requisito es conseguir los fondos suficientes y el imprescindible soporte político. Asimismo, hay consultas con municipios de la zona para conseguir las tierras. En principio, podría ser una unidad de sólo dos hectáreas.

Los piletones deberían estar cerca del mar, porque resulta más económico el bombeo del agua. De todas maneras, en Australia se están realizando estudios sobre la energía que sería necesaria a fin de efectuar el bombeo aun cuando la altura sea de 100 metros sobre el nivel del mar y la distancia de un centenar de kilómetros.

"Ese sería el límite dentro del cual podría usarse esa tecnología de modo que la energía contenida en el aceite crudo a obtener sea mucho mayor que la energía necesaria par bombear el agua", explicó.

Insistió en que la Argentina tiene excelentes posibilidades de persistir en este objetivo. De todos modos, expresó que las algas crecen mejor a temperaturas moderadas y no tan bajas, como son las de la Patagonia.

Ya algunas compañías privadas están experimentando en la Argentina con el cultivo en piletones cubiertos por invernadores. En tal caso, si fuera económica y energéticamente aconsejable, podría explotarse prácticamente en todo el litoral del país.

Según Fernández Velasco, el estuario de Bahía Blanca y el mar abierto cercano constituyen escenarios muy adecuados para levantar una planta piloto como una de producción mínima, alternativa que forma parte, precisamente, de los estudios en marcha.

Insistió en que sería aconsejable utilizar terrenos de nulo o escaso margen productivo de otros cultivos, a fin de destinar las tierras más aptas para producir alimentos, en lugar de biocombustibles.

Los pasos. Ratificó Fernández Velasco que se gestionan fondos en el Ministerio de Ciencia para lograr los fondos que permitan empezar a diseñar la probable planta piloto. Inclusive, se prevé contar con la colaboración de especialistas extranjeros que ya acumulan vasta experiencia sobre el particular.

Consultado acerca de la resistencia que una variante de este tipo podría despertar en los sectores que trabajan en la búsqueda de biocombustibles desde los cultivos tradicionales, respondió que cabe esperar que ello no ocurra. "Porque los agricultores siempre tendrán la posibilidad de usar los terrenos para generar alimentos que el mundo necesitará siempre", afirmó.

SU TRAYECTORIA

El doctor Javier Fernández Velasco nació en 1955 en Buenos Aires. Se recibió en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde luego se doctoró en biología.
Como becario del Conicet, viajó a Italia y Holanda. Regresó al país y más tarde se trasladó a los Estados Unidos, donde trabajó en la Universidad de Illinois y en la de California, sede Berkeley.

Actualmente vive en Canberra, Australia. Se desempeña en la Australian National University, donde desarrolla tareas de su especialidad.
En 2009, junto con su esposa, también bióloga y genetista de algas, volverá a radicarse en la Argentina, en virtud del programa de repatriación de científicos impulsado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

TERRENO SE NECESITA

En el laboratorio de Estudios Biotecnológicos en Algas del Cerzos, la Dra. Patricia Leonardi y su grupo de trabajo lleva a cabo una investigación cuya finalidad última es la obtención de biodiésel a partir de microalgas cultivadas. Para ello, se explora en condiciones controladas el cultivo de especies potencialmente útiles y la extracción y caracterización de los lípidos que estas algas microscópicas producen.

Este proyecto se viene desarrollando desde el año 2007 y está subvencionado por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Se trata de un trabajo multidisciplinario que se realiza con la participación de investigadores del Plapiqui; contando actualmente con la colaboración del Dr. Javier Fernández Velasco.

Con el propósito de un escalado desde el laboratorio a una planta piloto que permita realizar cultivos experimentales a mayor escala de microalgas, actualmente se busca un predio de propiedad pública de 2 a 10 hectáreas a modo de préstamo, cercano al mar. En tal instancia, se estudiarán aspectos biológicos, de ingeniería y de protección ambiental a fin de generar biomasa para la producción de biocombustibles y otros productos de valor económico.

La obtención de este predio será de gran ayuda para viabilizar la recepción de fondos públicos y/o privados para la construcción de la planta piloto, que se piensa instalar en el partido de Bahía Blanca o aledaños, permitiendo un eficiente apoyo logístico e interactivo con el polo tecnológico, científico y universitario de Bahía Blanca.

08/11/08
LA NUEVA PROVINCIA - BAHÍA BLANCA

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