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Daniel Molina Carranza: "Violet Constance Jessop" (cuento corto marinero)

Año 1971 Great Ashfield, Suffolk,Inglaterra.  En general durante febrero esa localidad británica es fría y lluviosa, pero ese 20 de febrero fue especialmente lluvioso y triste. Sin embargo ese clima era el marco adecuado para despedir a una mujer muy especial, a la cual durante un prolongado tiempo de su vida pareció que la desgracia la hubiera acosado para obligarla a alejarse del mar y de los barcos en especial, pero ella le ganó al destino y siguió navegando hasta retirarse en los años cincuenta.

 

En el crematorio del cementerio los escasos presentes eran unos familiares lejanos de Violet Jessop y yo, que me había convertido en sus últimos tiempos en su amigo. El lugar, nada agradable por cierto, era donde debíamos esperar que nos entregaran la urna con sus cenizas para marchar en triste cortejo de automóviles hacia la costa, a la ciudad de Felixstowe, un poblado costero en el Mar del Norte.

Ahí cumpliendo el último deseo de Violet debíamos arrojar al mar sus cenizas. Para eso debimos negociar una barca de pescadores que nos alejaran de la orilla. Una marejada suave nos hizo recordar que estábamos en el mar pero cuidadosamente (usando el sotavento de la barca) cumplimos con su deseo y arrojamos las cenizas. Luego nos quedamos viendo como el agua las hundía lentamente mientras oramos una plegaria por el eterno descanso de su alma. No hubo palabras de despedida solo silencio.

La verdad es que en todo los que me tocó hacer, sentí  un cierto orgullo de ser en ese momento la persona más allegada a esa legendaria mujer.Me había seducido su misteriosa vida unida a las desgracias marinas de las cuales había salido indemne. ¿Era la misma persona que conocí en una granja de la campiña inglesa, sola, cuidando su huerta y sus animales, la misma heroína de múltiples accidentes navales? o era una nueva persona en el mismo cuerpo y la heroína perseguida por la desgracia había desaparecido en el hundimiento del Britannia?.

Increíblemente las catástrofes habían dejado de perseguirla cuando finalizó la primer guerra mundial. Sus navegaciones alrededor del mundo pasaron a ser gratificantes, luego pasó un tiempo en tierra en las oficinas de una empresa marítima y finalmente un retiro en su granja. El ingreso de su jubilación apenas le alcanzaba para un digno estar en su vejez, muy injusto teniendo en cuenta que había pasado más de cuarenta años en la actividad marítima, la mayoría de ellos embarcada.

Pero la vida en los barcos no es lugar para que el tripulante pueda amasar fortuna, salvo que uno fuera armador o pirata. Los embarcados nos conformamos con un digno pasar en nuestro retiro. Recuerdo cuando la visité la primera vez, lo que me impresionó gratamente  de su casa era la variedad de flores que la rodeaban, narcisos, tulipanes, y rosas. Todas las plantas se destacaban y embellecían la vivienda. Como también amo la jardinería supe que sería fácil buscar el contacto con un espíritu sensible.

Si bien ella ya era una mujer de más de ochenta años y yo un capitán mercante de sesenta y cinco recientemente jubilado, reunía la múltiple condición de marino jubilado, y aprendiz de escritor. Deje claro desde un principio que quería conocer su historia para poder luego narrarla. Pese a mis limitaciones que eran obvias, Violet al sentirse con un colega del mar e hijo de su país natal me permitió conocer su historia. Una extraña historia en la cual se mezclaba el mar, el heroísmo y una coincidencia con las mayores catástrofes marinas de la época.

Dios o el destino de acuerdo a nuestras creencias, había fijado que ella caminara al lado de los desastres, sin llegar a ser su víctima. Había sido desafortunada pero la incomprensión y la ignorancia de sus compañeras de a bordo le crearon una fama de lo que los argentinos definimos en lunfardo como mufa, lo que la obligó vivir una vida de poco contacto con los demás y pese a su belleza física y extraordinario carácter no logró formar pareja permanente.

Por eso fui un amigo que la acompañó sus últimos años. Ella era octogenaria, pero conservaba la belleza de la madurez e irradiaba una sensación de tranquilidad y plenitud que invitaba a disfrutar su compañía.
A esta altura de la historia deben querer saber de cómo me involucré en esta historia.

Y eso es lo que les voy a relatar: Habiéndome jubilado como Capitán de Ultramar en una empresa de cabotaje patagónico, y al no poder acostumbrarme a la vida de tierra me convertí en un viajero imparable, que como pasatiempo me dedicaba a escribir noticias náuticas en un semanario y tratar de escribir una novela cuyo temario ya había cambiado varias veces, sin lograr enamorarme de ningún tema en particular.

En uno de mis últimos viajes en el año 62, tomamos puerto en Ingeniero Whitte, Bahía Blanca, 700 km al sur de la Capital Federal. Era uno de los puertos que mas frecuentábamos junto al de Buenos Aires.  A quienes no conocen el país les comento que es la puerta de la Patagonia, donde el rio Colorado desemboca en el mar, Bahía Blanca es un puerto natural de múltiple uso incluido el militar. En el siglo 19 fue visitado por

Charles Darwin en su periplo por Sudamérica y la única imagen conocida de Charles Darwin a bordo del bergantín “Beagle”, durante el viaje donde se gestó la Teoría de la Evolución de las Especies fue pintada en Bahía Blanca, en el año 1832.

En Whitte los marinos nos reuníamos en un bar que se llamaba El Griego,(posiblemente exista aún). Realmente era propiedad de un portugués que se lo había comprado al supuesto griego. Es costumbre tanto en los bares de puerto como en los barcos, no cambiar los nombres cuando cambian de dueño, para evitar llamar a la mala suerte.

El portugués dueño del bar se llamaba Luis D´Abreu, del griego originario ni idea, pero este portugués tenia su historia. Era descendiente del fundador de la compañía Abreu &Torres, que fueron quienes obtuvieron el permiso para construir el ferrocarril que uniría la producción cerealera de Buenos Aires y sur de Córdoba con el puerto de Bahía Blanca en el año 1886.

Su antepasado había obtenido el permiso de construcción y tendido de rieles, pero fue una maniobra para véndenselo a la británica John Meiggs & Co, quien a su vez se lo cedió a la “Bahía Blanca and North Western Railway Corporation”.

Vale la pena comentar como llegaron los ingleses y los irlandeses al sur de la Provincia de Buenos Aires. Básicamente a trabajar con el ferrocarril o dedicarse a la crianza ovina. Regresando a nuestro anfitrión portugués en el bodegón El Griego , lusitano descendiente de un visionario que no quiso arriesgar su propio dinero, como tantos en la Argentina, Don Luis D´Abreu resultó ser que además de cantinero era un apasionado por la historia bahiense y sus charlas eran agradables se transformaban en interesantes lecciones.

Realmente nos encantaba que compartiera nuestra mesa de marinos, ávidos de historias de la gente de tierra. Nosotros le pagábamos con historia de barcos. Todos regado por buena cerveza y maravillosas picadas de mariscos, ahí aprendí a comer el caracol de mar muy parecido al loco chileno.

A través de sus relatos supimos que tras la conquista del desierto en 1885, a Bahía Blanca que era un pueblito alrededor de una fortaleza, llegaron los inmigrantes europeos . primero italianos e ibéricos pero también llegaron irlandeses y los británicos.

Don Luis nos preguntaba a su auditorio marino: ¿saben cómo llamaban los indios a Bahía Blanca? Huecuvú Mapú, es decir tierra del diablo. Y por cierto lo era, fríos extremos en invierno, calor sofocante en verano, vientos fuertes, y todo un combo para las enfermedades respiratorias.

Según la historia de nuestro narrador por 1880 nació Violet Constance Jessop, hija de unos colonos irlandeses, gente de Dublin, (luego ella me contó el nombre de los padres: William Jessop y Katherine Kelly).
Violet era la mayor de los nueve hijos del matrimonio. Durante su adolescencia contrajo tuberculosis y pese a que los médicos del Hospital Británico de Buenos Aires le pronosticaron pocos meses de vida, logró sobrevivir. No así su padre y varios de los hermanos, cuyos restos quedaron con los de muchos inmigrantes en estas tierras.

Tras la muerte del padre, la familia se mudó a Inglaterra en los primeros años del siglo XX Siempre antes de la gran guerra. Según don Luis nos relataba la joven creció en una Inglaterra donde la pobreza estaba presente y la necesidad la llevaron a embarcarse de camarera que en los transatlánticos RMS Titanic y RMS Olympic.

Ahora bien empieza lo interesante: Esta mujer sobrevivió al hundimiento del Titanic en 1912 y colaboró como enfermera durante la guerra en el buque hospital HMHS Britannic. A quienes conocen de historia de barcos bien saben que el Britannic fue hundido en 1916 supuestamente por los alemanes o por una mina submarina.

Ahora fuera del relato de nuestro improvisado historiador y producto de mi investigación logré averiguar que previo a su pasaje por el Titanic había sido camarera en el Olympic. El 20 de septiembre de 1911, el Olympic tuvo un incidente con un buque de guerra, el HMS Hawke, del cual El Olympic, a pesar de los daños, consiguió volver por cuenta propia a Southampton.

Pero en febrero de 1912 el Olympic perdió la pala de una hélice y tuvo que regresar a los astilleros Harland and Wolff de Belfast para su reparación. Estas reparaciones (que duraron cerca de un mes) hicieron que se provocaran al menos dos traslados del Olimpic al Titanic, el capitán y Violet.  

Cuando supe su misteriosa historia juramente que el día que dejara el servicio activo, viajaría a Inglaterra a conocer a esta mujer si es que aun vivía. Cuando llegó ese momento yo no tenía nada que me  atara (había enviudado y mis hijos ya eran grandes e independientes)  por lo que preparé el viaje a Inglaterra.

Lo primero que hice al llegar a Gran Bretaña y después de alojarme en una agradable posada ir a visitarla y tratar de averiguar si iba a aceptar contarme su historia. Cuando vi la posibilidad de que esto ocurriera me mudé de la posada a un cottage en el campo. Como me quedaba a mas o menos una milla de la granja de Violet, normalmente me movía en bicicleta y cuando llovía o se cerraba por niebla, tomaba el bus que pasaba por la ruta.

Si bien aceptó contarme su historia me di cuenta que le costaba hablar de la etapa trágica de su vida que iba desde su enfermedad de niña hasta el hundimiento del Britannia. Le dolía recordar que alrededor de ella se fue creando una imagen de mala suerte y para un marino eso es lo peor que te puede pasar. Conocí el caso de  capitanes que no lograban formar tripulación porque nadie quería navegar con ellos y en general eran innombrables para no llamar a la desgracia. Una sarta de incendios, hundimiento, varaduras lo seguían como una oscura estela. Y ella debió sufrir eso, pero no bajo los brazos y siguió navegando.

Lo que ella realmente sufría más que su mala suerte era como el resto de la comunidad naviera la iban aislando en lugar de apoyarla. Como dato adicional tuvo un frustrado matrimonio con un marino mercante llamado John James Lewis, de 46 años, matrimonio que no duró mucho.

Si para un hombre era difícil vivir con esa marca, más a una mujer y en la época que le tocó vivirla. Es de tener en cuenta que la real armada inglesa por ejemplo cuando se calificaba la calidad profesional de un oficial o capitán se media su suerte.

Durante el tiempo que compartí en tertulias con esta mujer, porque no siempre quería hablar de su pasado y yo debía transitar con mucho cuidado ese camino para evitar que se cerrara a darme cualquier información. Esos días tomábamos té, hablábamos en español y yo le contaba historias patagónicas y de nuestro mar, lo cual la hacía muy feliz , escucharlas y el practicar su idioma natal.

De todos modos el tiempo pasado aun con estos días en blanco, más el tiempo pasado mis viajes por el interior de las islas británicas, me permitieron relatar un resumen de su vida. Fallecido su padre y dos de sus hermanos en Argentina, la madre decidió emigrar a Inglaterra con el resto de la familia. Se establecieron primero en Liverpool y luego en Londres, donde Violet asistió a un colegio parroquial. Su madre comenzó a trabajar como camarera para la Royal Mail Line.

En 1908 la madre enferma y muere, quedando Violet a cargo de sus hermanos. La naviera donde su madre trabajaba, le dio plaza como camarera en el RMS Orinoco, de la Royal Mail Line. La paga era escasa y el horario de trabajo superaba las 16 horas diarias.

Violet dominaba el español y el inglés, tenía una excelente presencia y porte lo que si bien por un lado era positivo por otro lado la convertían en blanco de las miradas y acoso de los pasajeros. A tal punto que recibió tres ofertas de noviazgo en corto tiempo, por lo que decidió no embellecerse más y suprimió el pintarse y perfumarse, pero eso no fue suficiente para alejar a los pretendientes. Realmente era muy bonita.

Había realizado cursos de enfermería por lo cual consiguió un mejor trabajo en la White Star Line la línea de los grandes trasatlánticos. Se embarcó en el RMS Majestic en septiembre de 1910 y, en junio del año siguiente, en el RMS Olympic, el barco más grande y lujoso de su época.  

El 20 de septiembre de 1911, el RMS Olympic colisionó contra el HMS Hawke, a raíz de esas reparaciones Violet conoció a Thomas Andrew quien era jefe de construcción del astillero, un hombre extraordinario que defendía al personal ante una sociedad que tendía a ignorar los derechos de los trabajadores. Si bien ella se enamoró de ese hombre, él era casado y un marido y padre ejemplar, por lo que  no se animó a un acercamiento más que laboral y a través del sindicato del cual formaba parte.

Desilusionada por ese amor no correspondido en abril de 1912, cuando el RMS Titanic estaba a punto de zarpar de Southampton, a Jessop le ofrecieron uno de los 23 puestos de camarera de ese transatlántico. Pese a que deseaba quedarse en el RMS Olympic, la idea de alejarse de ese amor que podía ser tóxico, una mejor paga, y el lujo de este nuevo barco, la convencieron de que sería una gran experiencia y acepto embarcarse.
Cuatro días después de haber zarpado, a las 23:40 del 14 de abril de 1912, el RMS Titanic chocó contra un iceberg; a Jessop se le ordenó subir a cubierta y hablar con calma a los pasajeros de tercera clase cuya lengua fuera el español. Pero que mejor que su relato:

“Me ordenaron que subiera a cubierta. De manera calmada, los pasajeros caminaban. Me reuní con otras camareras, mirando a las mujeres que abrazaban a sus esposos antes de ingresar a los botes con sus hijos. Un poco después, un oficial del Titanic nos ordenó que abordáramos el bote, en un primer momento, a efecto de mostrar a las mujeres que era seguro. A medida que el bote descendía, un oficial me dijo: "Señorita Jessop, tenga. Cuide a este bebé". Y me arrojó un bulto al regazo.” Era un hermoso bebe que abracé para darle calor en la noche helada del Atlántico norte.

El RMS Titanic se fue a pique en el océano Atlántico, a unas 150 millas de Terranova. De las 2.228 personas a bordo, 1.523 murieron. Jessop fue una de los 705 supervivientes al salvarse en uno de los botes, el n° 16; los sobrevivientes soportaron horas de frío y angustia hasta ser rescatados por el RMS Carpathia.  

El comportamiento de esa camarera fue ejemplar y destacado por los sobrevivientes, siempre creando un ámbito de esperanza a los náufragos. En el mismo bote salvaron a cuatro mujeres que estaban en el mar flotando sobre restos del barco.

Cuidó de ese bebé hasta que a bordo del buque que los había rescatado apareció una mujer desesperada quien dijo ser su madre y se adueñó de la criatura. Violet no supo cómo actuar y prefiero aceptar lo dicho por esa mujer. Ella debía ayudar con los enfermos y la gente con principio de congelación.

Retornada a Inglaterra Jessop continuó en la White Star Line en el mismo cargo y a la espera de barco. El tercer buque de la clase Olympic, el HMHS Britannic, fue lanzado al mar en 1914, pero en ese mismo año había estallado la Primera Guerra Mundial y fue convertido en un barco hospital. Jessop no lo dudó y se unió a la tripulación como enfermera.  

Aquí continúo con el relato de Violet: "El 21 de noviembre de 1916, el HMHS Britannic navegaba en el canal de Kea, en el mar Egeo. Al amanecer de ese día, se escuchó una gran explosión, causada por una mina marina y, momentos después, la proa de la nave comenzó a hundirse a babor. De repente oímos un ruido ensordecedor. Todo el salón se levantó de sus asientos. Me trajo recuerdos no tan distantes de la noche aciaga del Titanic."  

El accidente causó 30 muertos, pero Violet burló, una vez más a la muerte, y logró ser rescatada por un bote salvavidas. Ella atribuyó su salvación a su abundante cabellera castaña “Me lancé al mar, fui succionada por debajo de la quilla, y me golpeé la cabeza. Aún así escapé, izada del pelo por otro náufrago…”.El barco desapareció de la superficie 55 minutos después.

Terminada la guerra decidió dejar los barcos y se empleó en Londres en un Banco como personal administrativo, pero en 1920 y después de varios intentos fallidos por volver al mar logró que la tomaran nuevamente en la White Star Lines donde la reenviaron al Olympic.

En octubre de 1923, a los 35 años, contrajo matrimonio con un marino mercante llamado John James Lewis, de 46 años, pero se divorció poco después. En 1926, comenzó a trabajar para la Red Star Line, y realizó cinco cruceros alrededor del mundo. Regresó a la Royal Mail Line en 1935, se retiró en 1950, tras 42 años de servicio. Vendió su casa de Ealing y se fue a vivir al pueblo de Great Ashfield, en Suffolk que es donde se inicia mi historia.

Epílogo: En esta historia hay dos temas base, como nuestra futuro aunque pareciera escrito y que no podemos modificarlo, la persistencia y la fe lo logran. Para resumir el concepto somos los dueños de nuestro destino. El segundo tema es que la falta de empatía con el prójimo y la ignorancia nos transforman en verdugos de quien más nos necesita.Violet debió lucha contra el destino y contra la fama de perseguida por el infortunio que sus compañeros de trabajo le hicieron. (DANIEL MOLINA CARRANZA)

07/09/2018

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